Arquitectura

De galpón industrial a museo de fotografía: la transformación de la Fundación Larivière en La Boca

La transformación de un galpón industrial en un museo de fotografía de nivel internacional no es un desafío menor. Requiere resolver conflictos técnicos, ambientales y simbólicos que van más allá de la estética. En el barrio porteño de La Boca, la Fundación Larivière, dedicada a la preservación y exhibición de un patrimonio fotográfico de más de 3.000 obras, emprendió esa misión. El proyecto, desarrollado por los estudios Clusellas + Ades y Machado & Silvetti, se presentó oficialmente el sábado 25 de julio en una visita técnica y curatorial organizada por el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU), en el marco del Mes de la Arquitectura.

El edificio, ubicado sobre la calle Caboto, a pocos metros de la Usina del Arte, se inserta en el Distrito de las Artes, una zona que en las últimas dos décadas experimentó una notable reconversión cultural. Sin embargo, la intervención no intenta negar el pasado industrial del barrio, sino reinterpretarlo. La fachada, compuesta por chapas plegadas de aluminio anodizado, dialoga con la tipología tradicional de los galpones portuarios, pero con una geometría rigurosa que anticipa la delicadeza del programa museístico.

Según explicó el arquitecto Mariano Clusellas durante el recorrido, la memoria del lugar fue guía fundamental de la intervención. «La Boca es un barrio multifuncional, históricamente vinculado al puerto y a la actividad naval, pero también un sector de habitación», señaló. Esta dualidad se refleja en el proyecto: un edificio que respeta la escala del entorno fabril, pero que internamente alberga un equipamiento de alta precisión técnica.

La clave del éxito, según el equipo, reside en la resolución del «tesoro»: el depósito principal de las fotografías. Este espacio, concebido como un prisma de hormigón armado, no toma contacto con las medianeras, el suelo ni la cubierta exterior. Esta decisión estructural, explicada por Clusellas, garantiza condiciones estrictas de humedad y temperatura, esenciales para la conservación de las obras. «El depósito está exactamente en el medio, está separado de las dos medianeras, del suelo y del techo. Está suelto», detalló. Esta independencia física es lo que permite mantener un ambiente estable, aislado de las variaciones del exterior.

Desde el punto de vista funcional, el «tesoro» se apoya en dos columnas, y alrededor de él se organiza una circulación doble: una escalera y un montacargas que conectan los distintos niveles con gran libertad de movimiento. Esta distribución vertical resuelve la ubicación de la librería especializada, el hall de acceso y las salas de exposición, optimizando el flujo de visitantes y el manejo de las obras.

El proyecto no solo es relevante por su solución arquitectónica, sino también por el contexto en el que se inscribe. La Boca es un barrio que ha visto nacer iniciativas culturales como la propia Usina del Arte y el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (MAMBA), que tiene una sede en la zona. La llegada de la Fundación Larivière refuerza la oferta cultural del Distrito de las Artes, un polo que busca atraer tanto a turistas como a vecinos. Fuentes locales, como el diario La Nación, han destacado el impacto de este tipo de proyectos en la revalorización de la zona, que combina tradición fabril con vanguardia artística.

La visita, que contó con la recepción de la directora ejecutiva de la fundación, Clarisa Rueda, y las palabras de su presidenta, Felisa Larivière, subrayó la importancia de la articulación entre la infraestructura técnica y la dinámica cultural contemporánea. Este proyecto demuestra que es posible transformar un galpón industrial en un espacio de nivel internacional, siempre que se respete la esencia del lugar y se resuelvan con precisión los desafíos técnicos que demanda la conservación del patrimonio.

En conclusión, la Fundación Larivière se presenta como un modelo de intervención arquitectónica que equilibra identidad, técnica y función. Su éxito radica en la capacidad de los arquitectos para leer el territorio y proyectar sobre él una solución que, a la vez, protege un valioso acervo y enriquece el tejido cultural de La Boca.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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