La Patagonia argentina atraviesa un fenómeno de expansión urbana e industrial sin precedentes, impulsado por el desarrollo de Vaca Muerta y un creciente interés por establecerse en la región. En este contexto, la construcción modular e industrializada emerge como una alternativa que promete reducir plazos y costos logísticos, en un territorio donde la distancia y las condiciones climáticas históricamente complicaron las obras tradicionales.
El sistema constructivo modular, que consiste en la prefabricación de componentes en plantas controladas y su posterior ensamblaje en el lugar de destino, no es una novedad en Argentina, pero adquirió relevancia en los últimos años gracias a proyectos concretos que demostraron su viabilidad. Según Emilio Munarín, referente de la firma Attila e integrante de la Cámara Argentina de Construcción Modular e Industrializada (CACMI), la difusión inicial fue lenta: «venimos haciendo un trabajo de hormiga hace mucho tiempo para difundir todos los beneficios de este sistema constructivo». Sin embargo, recalca que «ya hace uno o dos años que con varios proyectos concretados que demostraron todo lo que se puede hacer fuimos ganando terreno», lo que evidencia una maduración del mercado.
La ventaja principal del sistema modular radica en la reducción de los tiempos de obra, especialmente en localidades como Añelo, epicentro de la actividad hidrocarburífera, donde la logística y el costo de mantener cuadrillas son elevados. «La principal ventaja es el tiempo de obra: al realizar trabajos en serie dentro de una fábrica, el rasgo más competitivo de la construcción modular está en los tiempos de entrega», enfatiza Munarín. Este argumento es respaldado por Marcos Galian, productor general de Edifica Neuquén, quien afirma que «cada vez hay menos prejuicios respecto de la construcción modular» y que el sistema «se va a desarrollar mucho en zonas turísticas donde en cuestión de pocas semanas se pueden construir casas».
La aceptación de la construcción en seco no es un fenómeno espontáneo. Históricamente, la construcción tradicional con hormigón y mampostería dominó el mercado argentino, pero la crisis habitacional y la necesidad de respuestas rápidas llevaron a explorar alternativas. Según un informe del INDEC de 2022, el déficit habitacional en la Patagonia afecta a más de 40.000 hogares, una cifra que se incrementó con la migración interna hacia zonas petroleras. Esta presión demográfica, sumada a los altos costos de transporte de materiales hacia el sur, posiciona a la modularidad como una solución eficiente.
Desde la CACMI, además, se destaca que la construcción industrializada permite un mayor control de calidad al realizarse en entornos cerrados, lo que evita las demoras climáticas y asegura estándares uniformes. En contraste, la obra tradicional en la Patagonia suele enfrentar interrupciones por viento, nieve o bajas temperaturas, lo que encarece y alarga los proyectos. Esta diferencia es crucial en un contexto donde la demanda de viviendas permanentes, hoteles y estructuras temporales crece exponencialmente.
El debate técnico sobre los límites de la construcción modular encontrará un ámbito de discusión en la tercera edición de Edifica Neuquén, la Exposición de la Construcción e Infraestructura de la Patagonia, que se celebrará del 10 al 12 de septiembre de 2026 en el Centro de Convenciones Domuyo. El evento busca demostrar la complementariedad entre el sistema modular y el tradicional, tal como adelanta Galian: «apuntamos a exhibir a la construcción modular como una alternativa competitiva: ni mejor ni peor que la construcción tradicional». Esta postura conciliadora refleja la madurez alcanzada en la región, donde la mixtura de técnicas se plantea como la vía más pragmática.
Las implicancias de esta tendencia trascienden el ámbito constructivo. En términos económicos, la industrialización podría reactivar polos fabriles en el sur, generar empleo calificado y reducir la dependencia de materiales importados. Socialmente, la velocidad de construcción ofrece una respuesta tangible a la emergencia habitacional, mientras el sector turístico aprovecha la rapidez para ampliar su oferta. No obstante, persisten desafíos: la falta de normativas específicas en algunas provincias, la resistencia de las empresas tradicionales y la necesidad de inversión en plantas modulares.
En conclusión, la construcción modular se consolida como una herramienta clave para atender la demanda patagónica, aunque su adopción plena aún dependa de la articulación público-privada y de la difusión de resultados. La cita de Edifica Neuquén será un termómetro para medir la aceptación de esta técnica, que promete cambiar los plazos y métodos de edificar en el sur del país.
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