Arquitectura

Casa FOA 2026: arte y plantas nativas en la exfábrica Alpargatas, un recorrido por la reconversión patrimonial

La Ciudad de Buenos Aires alberga una nueva edición de Casa FOA, el evento de diseño, arquitectura y paisajismo más importante de América Latina. En esta oportunidad, la 42° edición se desarrolla en el Palacio Molina, un edificio que supo ser la exfábrica Alpargatas y que fue reconvertido para la ocasión. La muestra, que se inauguró el 29 de octubre de 2026 y permanecerá abierta hasta el 8 de noviembre, invita a reflexionar sobre la reconversión y la preservación del patrimonio a través de espacios que combinan arte, plantas nativas y diseño contemporáneo.

La historia de Casa FOA se remonta a 1985, cuando un grupo de arquitectos y diseñadores liderados por Mercedes Malbrán de Estrada creó la Fundación Oftalmológica Argentina (FOA) con el objetivo de recaudar fondos para la construcción de un hospital oftalmológico. Desde entonces, la muestra se ha realizado en diversos edificios emblemáticos de Buenos Aires, muchos de ellos en desuso o en proceso de reconversión, como el ex Mercado de Abasto, la ex Cárcel de Caseros, el Palacio de Correos y la Usina del Arte, entre otros. A lo largo de sus más de cuatro décadas, Casa FOA se ha consolidado como una plataforma de difusión del diseño argentino y un motor de revitalización de áreas urbanas degradadas. La edición 2026 no es la excepción: la elección del Palacio Molina, ubicado en el barrio de Barracas, se inscribe en un proceso de transformación urbana que lleva más de dos décadas.

El Palacio Molina, también conocido como la exfábrica Alpargatas, es un edificio de estilo neoclásico construido a fines del siglo XIX. Originalmente funcionó como fábrica textil y luego como depósito, hasta que en 2015 fue adquirido por el Grupo Molina, que lo sometió a una profunda restauración para convertirlo en un espacio de oficinas, locales comerciales y eventos. La reconversión de este tipo de edificios industriales en desuso es una tendencia que se afianzó en Buenos Aires a partir de la década de 1990, con la recuperación de antiguas fábricas y talleres en barrios como San Telmo, La Boca y Barracas. Este fenómeno, conocido como «reciclaje arquitectónico», busca preservar el valor histórico y simbólico de las construcciones, al tiempo que las adapta a nuevos usos. En el caso del Palacio Molina, la intervención respetó la estructura original y puso en valor sus detalles arquitectónicos, como los techos altos, las columnas de hierro y los grandes ventanales.

En cuanto a la propuesta paisajística de esta edición, se destaca el espacio «Tramas del tiempo», diseñado por el paisajista Tomás Nadares. Este espacio entrelaza arquitectura, vegetación, agua, arte y diseño contemporáneo, y tiene como protagonista el color naranja, elegido para generar impacto y contrastar con el verde de las plantas. Entre las especies seleccionadas se encuentran el rayito de sol, la lantana cámara, la asclepia curassavica, el ojo de poeta y la zinnia, combinadas con enredaderas como el sauce eléctrico y el vetiver. La elección de plantas nativas y de bajo mantenimiento es una tendencia que se ha fortalecido en los últimos años en el paisajismo argentino, en sintonía con una mayor conciencia ambiental y la necesidad de adaptarse al cambio climático. Según datos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el uso de especies autóctonas en jardines y espacios públicos reduce el consumo de agua y la necesidad de pesticidas, además de favorecer la biodiversidad local.

Otro de los espacios destacados es el 18, a cargo de la diseñadora Guadalupe Diez, quien buscó crear «un lugar mágico» lleno de rincones y secretos. Para ello, recuperó plantas existentes en el predio, como totoras, musgos y gramíneas, y las combinó con macetas y otras especies para lograr un toque sofisticado. El espacio incluye un balcón con piso deck, una rampa de descenso, una plataforma con barra y livings, y alfombras de exterior que aportan elegancia y calidez. Además, se destacan estructuras doradas de acero inoxidable que trepan por las paredes. Este tipo de intervenciones refleja la importancia de integrar el paisajismo con la arquitectura y el diseño de interiores, una característica que ha estado presente en Casa FOA desde sus inicios.

En el Espacio 29, presentado por Grupo Nisen, se puede ver la expansión de una heladería con un deck y mesas al aire libre. El paisajista Eduardo Stafforini armó un espacio con bambúes, especies aromáticas y frutales, y se incorporaron esculturas de aves de los artistas Carlos Uruzola y Gerardo Pochettino, siguiendo la premisa de sumar arte como elemento clave. La inclusión de obras de arte en los jardines es una práctica que se remonta a los jardines históricos y que Casa FOA ha retomado en varias ediciones, consolidando un diálogo entre naturaleza y creación artística.

La 42° edición de Casa FOA no solo ofrece un recorrido por el diseño y el paisajismo, sino que también invita a reflexionar sobre la importancia de preservar el patrimonio arquitectónico y de integrar la naturaleza en los espacios urbanos. En un contexto de creciente densificación y pérdida de espacios verdes, propuestas como esta resaltan el valor de la reconversión y la sostenibilidad. La muestra se puede visitar hasta el 8 de noviembre en Avenida Regimiento de Patricios 1053, en el barrio de Barracas, con entradas que pueden adquirirse en la web oficial. Como en cada edición, lo recaudado se destina a financiar proyectos de la Fundación Oftalmológica Argentina, que este año cumple 41 años de labor ininterrumpida.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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