Arquitectura

Casa FOA 2026 en Barracas: cómo el diseño de cocinas abiertas e integradas se convirtió en el nuevo corazón del hogar

La nueva edición de Casa FOA, que se lleva a cabo en el Palacio Molina, en el barrio porteño de Barracas, y que postergó su cierre hasta el domingo 8 de noviembre, presenta una serie de intervenciones que permiten leer, en clave histórica, la transformación del ambiente doméstico más importante de las últimas décadas: la cocina. Tres espacios firmados por las arquitectas Viviana Melamed, Lucía Quinteros y Ana Paula Ferrua, y por el estudio MM que dirigen Mary Verellen y Megan Dabove, exponen un mismo diagnóstico: la cocina dejó de ser un cuarto de servicio y se convirtió en el centro social, funcional y simbólico de la casa.\n\nPara comprender la magnitud de este cambio, es necesario remontarse a la segunda mitad del siglo XX. En la Argentina de los años 50 y 60, la cocina era un ámbito segregado, asociado al trabajo doméstico y frecuentemente oculto a las visitas. La vivienda burguesa porteña, heredera del modelo de la casa chorizo y del departamento de categoría, reservaba para la cocina un lugar periférico, conectado por un office o pasillo con el comedor. La irrupción de la heladera eléctrica y el auge del gas envasado primero y de la red de gas natural después, durante los gobiernos de Perón y Frondizi, modernizaron la técnica pero no alteraron el carácter de servicio del espacio. Hacia los años 80 y 90, la influencia de la arquitectura internacional, en particular del modelo de la cocina americana con isla, empezó a permear los hogares de clase media alta argentina, aunque el cambio, como suele ocurrir en el país, fue desparejo y dependió mucho del poder adquisitivo y de la geografía urbana. El nuevo siglo trajo la consagración del loft y del ambiente único, y eventos como Casa FOA, que se celebra desde 1985, se convirtieron en observatorios de estos procesos.\n\nEn el Espacio 3, Melamed propone una cocina bajo la premisa de que es el corazón del hogar. Su intervención incorpora textiles, maderas naturales e intervenidas y piedras sintetizadas, y convierte la isla central en una escultura que elimina la división entre la zona técnica de preparación y el área de encuentro. Esta idea de difuminar las fronteras entre el hacer y el compartir tiene un antecedente directo en la arquitectura moderna europea, especialmente en la obra de Margarete Schütte-Lihotzky y su cocina de Frankfurt, que en 1926 buscaba optimizar el trabajo doméstico femenino no liberado. Paradójicamente, hoy la isla escultórica celebra lo contrario: la cocina como escenario de exhibición y sociabilidad.\n\nEn el Espacio 7, Quinteros y Ferrua apelan a una paleta monocromática en tonos claros, con una isla central de mármol que ancla el ambiente y mobiliario en laca mate sin juntas visibles. La iluminación indirecta regula el clima según la hora, y el acero inoxidable en la grifería aporta contemporaneidad. Este enfoque técnico remite a la tradición de la cocina profesional trasladada al hogar, una tendencia que en Argentina se consolidó desde los años 2000 con la difusión de las cocinas abiertas en los nuevos emprendimientos inmobiliarios de Puerto Madero y de los barrios del corredor norte. La muestra se realiza en un contexto económico preciso: según los datos de la Federación Argentina de la Industria de la Construcción y de informes del INDEC, el sector de la construcción y las refacciones sufrió una contracción significativa en 2025, con una caída interanual que osciló entre el 15% y el 20% en el rubro de refacciones, lo que convierte a estas muestras de diseño en vidrieras de tendencias para un mercado de alto poder adquisitivo que todavía invierte en el hogar como refugio.\n\nEl Espacio 24, a cargo del estudio MM que dirigen Verellen y Dabove, propone una cocina de encuentro con una paleta casi monocromática en tonos verdes. Una gran isla escultórica ordena la experiencia, con una bacha doble de fuerte impacto visual, y el recorrido conduce a una cava de piso a techo que se piensa como espacio de reunión. El vino, dicen las autoras, actúa como hilo invisible que conecta los sentidos y el acto de compartir, y la propuesta se completa con obras de arte que dialogan con el verde. Esta integración del arte y la enología en la cocina no tiene precedentes en las primeras ediciones de Casa FOA, cuando la muestra se concentraba en la decoración de interiores y el paisajismo con una lógica más exhibicionista que funcional. La comparación es inevitable: en los años 90, la cocina de FOA se mostraba como un objeto de deseo aislado; hoy se muestra como un sistema de relaciones.\n\nLas implicancias de este cambio son múltiples. En términos sociales, la cocina integrada favorece la reorganización de los roles domésticos y visibiliza el trabajo de cuidados, aunque también puede encubrir una paradoja: cuanto más se abre la cocina al estar, más se exige que permanezca impecable, lo que refuerza ciertas cargas de presentación. En términos económicos, el diseño de cocinas se convirtió en un nicho de alto valor agregado para arquitectos, diseñadores y proveedores de materiales, y muestras como FOA dinamizan un circuito de proveedores que incluye marmolerías, carpinterías, iluminación y domótica. En términos geopolíticos, la tendencia local sigue los lineamientos del mercado global del mueble y del equipamiento, con fuerte influencia de las ferias de Milán y Valencia, aunque con adaptaciones locales ligadas a la disponibilidad de materiales y a la volatilidad del tipo de cambio, que históricamente encarece los insumos importados.\n\nLa conclusión es informativa: la cocina que hoy se exhibe en el Palacio Molina no es una moda aislada, sino el resultado de un proceso de más de medio siglo. La casa chorizo la escondía; el loft la mostró; la pandemia de 2020 la consagró como refugio y oficina; y el diseño actual la eleva a pieza escultórica. En ese recorrido, Cada FOA del futuro será un testigo más de este derrotero.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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