En la región de Mariano Roque Alonso, a pocos kilómetros de Asunción, Paraguay, se levanta una vivienda que desafía las convenciones de la arquitectura tradicional en zonas de selva. Bautizada como ‘Casa Mirikina’ por su estudio de arquitectura, la obra fue diseñada por el arquitecto José Cubilla, multipremiado a nivel internacional, y se destaca por su enfoque de bajo impacto ambiental en un entorno de bosque nativo húmedo e inundable.
El nombre proviene de los monos mirikina, primates nocturnos típicos de América Latina que habitan la región y que se encuentran en peligro de extinción. Según explicó el propio Cubilla en declaraciones a medios locales, la elección del nombre no es casual: busca ser una declaración de principios sobre la necesidad de coexistir con la fauna y flora autóctonas.
Antecedentes y contexto de la arquitectura sostenible en Paraguay
La Casa Mirikina no surge en el vacío, sino que se inscribe en una corriente más amplia de arquitectura bioclimática y sostenible que ha ido ganando terreno en Paraguay durante los últimos años. Según un informe del Consejo Paraguayo de Construcción Sostenible, las edificaciones con certificación verde en el país han aumentado un 34% entre 2018 y 2025, aunque todavía representan menos del 10% del total de construcciones nuevas. El proyecto de Cubilla se posiciona como un ejemplo destacado de esta tendencia, al incorporar técnicas ancestrales de construcción con tierra apisonada (tapial) combinadas con tecnologías modernas para reducir el consumo energético.
Desarrollo: Características técnicas y constructivas
La vivienda, de 220 metros cuadrados, se resuelve en vertical como una ‘isla’ dentro del bosque, elevándose sobre una plataforma de roca en bruto. Esta decisión responde a un estudio biofísico del sitio de implantación, que reveló un suelo poco absorbente y propenso a inundaciones estacionales. Al elevar la construcción, se evita el contacto directo con el suelo húmedo y se protege la estructura a largo plazo.
El sistema constructivo principal es el tapial, una técnica de tierra apisonada que utiliza materiales del lugar y mano de obra local. La piedra de la zona se utiliza tanto en la plataforma como en algunos muros interiores, reforzando la conexión visual con el entorno. Según el arquitecto, esta elección no solo reduce la huella ecológica, sino que también aporta una estética cálida y natural.
La casa se organiza en medios niveles alrededor de un núcleo central, lo que permite una conexión vertical entre los espacios. El recorrido interior revela fragmentos del bosque y de la luz filtrada entre los árboles, creando una experiencia sensorial única. El programa incluye un estar, dormitorio principal, sala de yoga y una terraza a cielo abierto con vistas al bosque y a las estrellas, respondiendo a la petición del cliente de espacios para la relajación y la meditación.
A nivel técnico, la casa incorpora un sistema de geotermia superficial para la calefacción, que aprovecha la temperatura constante del subsuelo para climatizar los espacios sin necesidad de combustibles fósiles. Las piscinas naturales recolectan aguas grises y negras, y una laguna adyacente funciona como decantador natural, dado que el suelo no es permeable. Estos sistemas permiten que la vivienda tenga un impacto mínimo en el ecosistema circundante.
Implicancias: Sostenibilidad, identidad y economía local
La Casa Mirikina no solo demuestra que es posible construir en armonía con un bosque nativo, sino que también tiene implicancias económicas y sociales. Al utilizar mano de obra local y materiales de la zona, el proyecto contribuye a la economía regional y fomenta la transmisión de oficios tradicionales, como la construcción en tapial. Esto es especialmente relevante en Paraguay, donde la construcción convencional suele depender de materiales importados y de técnicas foráneas.
Además, la obra se convierte en un referente para futuras construcciones en áreas naturales protegidas. Según expertos consultados por medios como La Nación y ABC Color, proyectos como este podrían servir de modelo para promover un desarrollo turístico sostenible en la zona, que actualmente enfrenta presión por la expansión urbana y la deforestación.
En términos de biodiversidad, la elección de iluminación tenue y la orientación de los ventanales buscan no interferir con los hábitos nocturnos de los mirikina y otras especies locales. Aunque el proyecto no cuenta con una certificación oficial (como LEED o EDGE), cumpliría con muchos de los requisitos según una revisión preliminar realizada por especialistas en construcción sostenible.
Conclusión Informativa
La Casa Mirikina es un ejemplo de cómo la arquitectura puede integrarse a la naturaleza sin destruirla, utilizando recursos locales y tecnologías limpias. Su construcción en tapial y piedra del lugar, su sistema de geotermia y su manejo de aguas residuales la convierten en una vivienda de bajo impacto, aunque su efectividad a largo plazo dependerá del mantenimiento y de la evolución del entorno.
El proyecto no solo resuelve las necesidades habitacionales de un cliente particular, sino que también abre el debate sobre la necesidad de adoptar prácticas constructivas más sostenibles en Paraguay y en la región. En un contexto de crisis climática, la casa se presenta como un aporte concreto a la reducción de la huella de carbono en el sector de la construcción, responsable de aproximadamente el 39% de las emisiones globales de CO2. La obra de Cubilla demuestra que es posible construir con la naturaleza, no contra ella, y se establece como un precedente relevante para futuras intervenciones arquitectónicas en entornos sensibles.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
