La jefa del bloque de senadores de La Libertad Avanza (LLA), Patricia Bullrich, reconoció este martes que el Poder Ejecutivo enfrenta resistencias en el Parlamento debido a la profundidad de su agenda de cambios, aunque defendió la estrategia oficialista de avanzar sin demoras. «Un gobierno que reforma y que va para adelante en algunos momentos choca», sostuvo la funcionaria durante su participación en el segundo encuentro de la séptima edición del ciclo Democracia y Desarrollo (DyD), organizado por Clarín en el Museo Malba. Las declaraciones de Bullrich se produjeron en el marco del panel titulado «La construcción de la agenda legislativa», donde compartió espacio con la senadora Flavia Royón y los diputados Cristian Ritondo y Miguel Ángel Pichetto.
La senadora oficialista realizó un balance positivo del desempeño del Gobierno en el Congreso durante el primer semestre del año, pero introdujo una advertencia significativa respecto a los próximos pasos en materia tributaria. «Sin decisión de transformación, los grandes títulos se convierten en un título frustrado», afirmó, y agregó: «No vamos a mandar una reforma impositiva hasta no saber quién está dispuesto a acompañar una reforma impositiva pro-producción». En ese sentido, Bullrich precisó que el objetivo central de una eventual modificación del sistema tributario sería «bajar impuestos para darle más poder al ciudadano y a las empresas, y menos a un Estado que hasta triplica las estructuras en todo el país». La declaración sugiere que el Ejecutivo Nacional condiciona el envío de un proyecto de esta naturaleza a la existencia de un mapa claro de apoyos legislativos, en un contexto donde la coalición gobernante no cuenta con mayoría propia en ninguna de las dos cámaras.
En relación con la dinámica de construcción de mayorías, Bullrich explicó los límites estructurales que enfrenta el oficialismo. «Nosotros somos el 30% del Parlamento y para llegar al 50 necesitamos aportes», detalló, y subrayó que «somos minoría, todo lo tenemos que negociar y poner sobre la mesa». La senadora reivindicó esa condición como parte del funcionamiento democrático: «Esa es la democracia, no nos quejamos». No obstante, marcó un límite claro respecto a la disposición negociadora del Gobierno. «Si hay que poner un poco más de orden en la agenda, estamos dispuestos a poner más orden en la agenda, pero lo que no estamos dispuestos es a dejar de reformar una Argentina corrupta, burocrática, llena de recovecos», sentenció.
El panel también abordó uno de los temas más sensibles de la agenda legislativa de los próximos meses: la posible eliminación de las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). En ese punto, las posiciones entre los aliados del oficialismo mostraron diferencias no resueltas. El jefe de la bancada del PRO en Diputados, Cristian Ritondo, admitió que su espacio político todavía no definió una postura oficial. «Es un debate que todavía no tenemos saldado dentro del PRO. Todavía no estamos para acompañar la transformación de la ley», aseguró. Ritondo defendió la utilidad histórica del instrumento electoral al recordar que «tanto en la elección que ganó Javier Milei (2023) como la que ganó Mauricio Macri (2015), permitió encontrar una alternativa al gobierno del kirchnerismo». Sin embargo, el diputado reconoció los costos asociados al sistema: «Lógicamente tiene sus cosas en contra y tiene que ver con el costo, el tiempo, el cansancio de la gente de ir a votar tantas veces».
El primer cruce de la jornada se produjo cuando Pichetto cuestionó la intención del Gobierno de impulsar la eliminación de las PASO en el corto plazo. El diputado advirtió que «tienen que mantenerse las reglas del juego electorales» y que «no se pueden cambiar en el último año», argumentando que una modificación de esa naturaleza podría afectar la previsibilidad del proceso democrático. Esta intervención refleja la complejidad que enfrenta la Casa Rosada para articular consensos en torno a una reforma electoral, incluso dentro de los espacios que integran o acompañan la coalición de gobierno.
Las declaraciones de Bullrich se dan en un contexto donde el Ejecutivo Nacional busca consolidar una agenda de transformaciones estructurales. La combinación de una base parlamentaria minoritaria —estimada en torno al 30% de las bancas— con la necesidad de incorporar apoyos de otros bloques aparece como la variable central para destrabar iniciativas clave como la reforma impositiva y la modificación del sistema electoral. La referencia de la senadora a que el Gobierno «choca» en algunos momentos podría interpretarse como una admisión de las dificultades de gestión legislativa, aunque al mismo tiempo reafirma la intención oficialista de no moderar el rumbo de las reformas planteadas.
En el plano institucional, el debate sobre las PASO adquiere relevancia creciente debido al calendario electoral, ya que una eventual modificación requeriría tiempos legislativos que se acortan a medida que se aproximan los comicios de medio término. La posición de Pichetto, quien enfatizó la necesidad de preservar las reglas vigentes, se constituye como un obstáculo objetivo para la iniciativa. Por el contrario, la postura de Ritondo refleja una etapa de deliberación interna en el PRO, donde conviven sectores que reivindican el rol histórico de las primarias abiertas con otros que cuestionan sus costos logísticos y financieros.
La reforma del sistema tributario, por su parte, permanece como una promesa de campaña aún sin concreción legislativa. El condicionamiento planteado por Bullrich implica que el Poder Ejecutivo esperará señales claras de los bloques dialoguistas antes de formalizar un proyecto. Esta estrategia contrasta con la aplicación de decretos y vetos utilizados en la primera etapa de gestión, pero podría interpretarse como una adecuación a la realidad parlamentaria actual. La mención a un Estado que «triplica las estructuras» anticipa el eje argumental de una futura iniciativa centrada en la reducción del gasto público y la simplificación administrativa.
El encuentro en el Malba también dejó en evidencia los matices existentes dentro del arco político que apoya al Gobierno. Mientras Bullrich plantea una lógica de reforma continua basada en la negociación permanente, los referentes del PRO aparecen más cautos al momento de comprometer respaldos a cambios que consideran aún no suficientemente debatidos. La dinámica de la coalición gobernante, compuesta por LLA y aliados del PRO y otros sectores, deberá resolver estas diferencias para garantizar la gobernabilidad legislativa durante el próximo período de sesiones ordinarias.
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