Cultura

Ángeles Mastretta y ‘Mal de amores’: cómo Netflix devolvió a la vida a Emilia Sauri 30 años después

Hay un detalle que suele pasar desapercibido cuando una novela salta a la pantalla: el texto original deja de pertenecer únicamente a quien lo escribió. En el caso de ‘Mal de amores’, la novela que Ángeles Mastretta publicó en 1996 y que le valió el Premio Rómulo Gallegos en 1997 —convirtiéndola en la primera mujer en obtener ese galardón—, ese desplazamiento de propiedad simbólica se produjo dentro de su propio núcleo familiar. La adaptación de siete episodios estrenada por Netflix el 2 de septiembre de 2026 fue dirigida, producida y adaptada por Catalina Aguilar Mastretta, hija de la autora. La serie, según reportes de la plataforma, registra récords de audiencia en América Latina, aunque la compañía no ha publicado cifras oficiales desagregadas por territorio.

El fenómeno, sin embargo, no se explica solo por la circulación masiva. Se explica por una convergencia poco frecuente: una obra literaria de peso canónico, un contexto histórico de alta densidad política y una lectura contemporánea sobre el lugar de las mujeres en la ciencia, la política y el afecto. Mastretta, consultada desde la Ciudad de México, describió esa experiencia con una fórmula precisa: la serie, dijo, ‘me volvió a contar mi libro’.

## De Puebla a la Revolución: el armazón histórico de la trama

‘Mal de amores’ transcurre en el México de 1910, en los meses previos y posteriores al estallido de la Revolución Mexicana. La protagonista, Emilia Sauri, es una joven de Puebla que ensaya con tubos de ensayo y hierbas en la botica de su padre y que aspira a ejercer la medicina, un horizonte profesional entonces casi vedado a las mujeres en el país. El relato la sitúa entre dos hombres: Daniel Cuenca, el amigo de infancia convertido en revolucionario, y Antonio Zavalza, el médico que procura sostener la paz en medio de la guerra.

El marco histórico no es decorativo. Puebla ocupa un lugar documentado en la genealogía del conflicto: el 18 de noviembre de 1910, dos días antes del levantamiento convocado por Francisco I. Madero contra el presidente Porfirio Díaz, la policía irrumpió en el domicilio de Aquiles Serdán, organizador revolucionario en el estado, quien resistió junto a sus hermanos y fue asesinado en el sótano de la vivienda. La ciudad que Mastretta eligió como origen de su protagonista fue, así, escenario de uno de los episodios fundacionales de la contienda.

La dimensión de género también tiene respaldo documental. Según los registros del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), la presencia femenina en el espacio público se resignificó durante el conflicto: las mujeres participaron como periodistas, propagandistas, espías, contrabandistas de municiones y combatientes. Uno de los oficios con mayor aceptación social fue el de enfermería, actividad que canalizó hacia el cuidado una demanda masiva de mano de obra en condiciones sanitarias extremas y que sirvió como puerta de entrada a la profesionalización. La carrera de enfermería había iniciado su camino académico en 1905, cuando el doctor Eduardo Liceaga organizó el primer curso escolarizado. El sueño de Emilia Sauri de estudiar medicina se inscribe en esa tensión entre una vocación individual y un sistema que apenas comenzaba a habilitar a las mujeres para intervenir en el campo de la salud.

## La serie como relectura: el cruce entre autora y directora

El eje más singular de esta adaptación es su arquitectura familiar. Catalina Aguilar Mastretta —reconocida por películas como ‘Las horas contigo’ y por su trabajo en televisión— asumió la dirección, la producción y la escritura del guion. El reparto incluye a Renata Vaca en el papel de Emilia, a Juan Pablo Fuentes como Daniel, a Iván Amozurrutia como Antonio Zavalza, y a Humberto Zurita, Miguel Rodarte, Diana Bovio, Cassandra Ciangherotti, Juan Pablo Medina, Alejandro Puente y Sofía Carrera en distintos roles.

Mastretta describió el resultado con una evaluación centrada en la interpretación. Emilia, sostuvo, ‘resultó tan vivaz, tan generosa y tan audaz como tenía que ser’, y atribuyó esa construcción a la decisión actoral de Renata Vaca, a quien definió como una mujer audaz también fuera del personaje. La escritora extendió el reconocimiento al elenco y destacó que, por fuera de cámara, el grupo desarrolló una dinámica de pertenencia que los propios actores bautizaron como ‘los Sauri’. Mencionó, como ejemplo, que Cassandra Ciangherotti le envió flores firmadas con el nombre de su personaje, Milagros.

Ese tipo de testimonio no es anecdótico en términos de producción: en adaptaciones literarias, la identificación del elenco con el material suele traducirse en decisiones de actuación menos mecánicas. Mastretta añadió otro elemento relevante sobre la construcción de los personajes: recordó que uno de los actores señaló en una entrevista que había aprendido de su personaje y que deseaba incorporar rasgos suyos a su propia vida. La autora interpretó esa apropiación como una forma de acompañamiento.

## El método de escritura: una novela pensada como serie

Uno de los pasajes más reveladores de la conversación remite al proceso creativo de 1996. Mastretta afirmó que escribió ‘Mal de amores’ de una manera poco convencional: avanzaba sin un plan cerrado, descubriendo los acontecimientos como si fuera espectadora de su propio relato. Describió que despertaba para ver qué iba a ocurrir, hacia dónde iría Emilia, qué diría y cómo se plantaría frente a Zavalza para anunciarle que se marcharía a buscar a Daniel.

Esa modalidad de escritura, que la autora calificó como extraña, tiene una consecuencia analítica interesante: si la novela fue compuesta bajo una lógica de descubrimiento progresivo, con giros que sorprendían a la propia autora, entonces su estructura narrativa ya contenía un principio de serialidad antes de que existiera la adaptación. La serie no habría impuesto un formato ajeno al texto, sino activado una disposición interna del material. Es un argumento que permite entender por qué la transposición a siete episodios no aparece como una mutilación del original, sino como una relectura legítima.

En términos de canon, el peso de la obra es verificable. ‘Mal de amores’ fue la segunda novela de Mastretta, publicada tras ‘Arráncame la vida’ (1985), que le valió el Premio Mazatlán de Literatura y fue llevada al cine en 2008 por Roberto Sneider. Su obra incluye también el poemario ‘La pájara pinta’ (1978) y la colección de relatos ‘Mujeres de ojos grandes’ (1990), inspirada en su propia familia. Nacida en Puebla el 9 de octubre de 1949, Mastretta construyó una trayectoria que combina periodismo y ficción, con traducciones a múltiples idiomas y una presencia sostenida en el mercado editorial hispanoamericano.

## Implicancias: adaptación, industria y memoria

El impacto de la serie debe leerse en tres planos. El primero es industrial. Netflix ha señalado a ‘Mal de amores’ como un título destacado en su estrategia de contenido para América Latina, y la producción aparece vinculada a sus iniciativas de expansión publicitaria en la región. Para una plataforma que compite por suscriptores en mercados hispanohablantes, las adaptaciones de novelas canónicas ofrecen una ventaja doble: audiencia cautiva entre lectores y capacidad de generar cobertura periodística sin depender exclusivamente del marketing.

El segundo plano es cultural y memorial. La decisión de que una hija adapte la novela de su madre introduce una capa de interpretación que ninguna productora externa podría replicar. No se trata solo de fidelidad textual, sino de una mediación afectiva: la lectura de una obra desde dentro de la biografía familiar. Eso puede fortalecer la coherencia emocional del relato, aunque también plantea una pregunta de método que la crítica deberá resolver con el material a la vista: si la cercanía filial funciona como garantía de comprensión o como límite frente a la distancia interpretativa.

El tercer plano es temático. La serie reactualiza discusiones que la novela ya planteaba en 1996: el derecho de las mujeres a la formación científica, a la autonomía política y a amar sin renunciar a la propia vocación. En el México de 1910, esos derechos eran excepcionales; en 2026, siguen siendo objeto de disputa en distintos países de la región. Que un producto de entretenimiento masivo recupere ese conflicto no es un dato menor en términos de agenda pública.

## Conclusión

La adaptación de ‘Mal de amores’ articula cuatro elementos verificables: una novela premiada y de circulación internacional, una dirección a cargo de la hija de la autora, un reparto que desarrolló una dinámica de grupo inusual y un contexto histórico —la Revolución Mexicana de 1910 y la incipiente profesionalización de las mujeres en la medicina— documentado por fuentes institucionales mexicanas. Las declaraciones de Mastretta permiten reconstruir un proceso en el que la autora se reposiciona como espectadora de su propio material tres décadas después. Los datos de audiencia difundidos por la plataforma, todavía sin desagregación pública, sitúan a la serie como un fenómeno regional. Lo que queda por evaluar, con la serie disponible, es si esa combinación de canon literario, lazo familiar y memoria histórica produce una adaptación que amplía el texto original o simplemente lo replica en otro soporte.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *