Cultura

La Fiesta del Libro Usado se consolida en el Recoleta: más de 13.000 visitantes y ventas récord en su quinta edición

Entre el sábado 5 y el domingo 6 de septiembre, el Centro Cultural Recoleta, sito en Junín 1930 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, fue escenario de la quinta edición de la Fiesta del Libro Usado (FLU). La convocatoria cerró con una asistencia estimada de más de 13.000 personas, una cifra que la posiciona como una de las citas literarias de mayor convocatoria en el calendario cultural porteño del año. La novedad estructural de esta edición radicó en el cambio de sede: tras cuatro temporadas a cielo abierto en la Plaza del Lector Rayuela, detrás de la Biblioteca Nacional, la feria se trasladó a un espacio cerrado aunque con aprovechamiento de sus terrazas, donde el púbíco pudo circular entre puestos, charlas y presentaciones musicales en un clima invernal que promedió temperaturas bajas para la época.

El evento, organizado de forma autogestiva por Patricio Rago, librero de Aristipo Libros y autor de Homo ludens y Ejemplares únicos, junto a la productora y gestora cultural Paz Marenco, nació en 2021 con una premisa concreta: Buenos Aires, una ciudad con tradición histórica en el comercio de libros usados y con una alta densidad de librerías de ocasión, carecía de un festival dedicado específicamente a ese segmento. Mientras la Feria Internacional del Libro y la Feria de Editores (FED) se enfocan en títulos nuevos, la FLU vino a cubrir un vacío logístico y simbólico para el circuito de librerías de segunda mano. La primera edición se desarrolló en el Centro Cultural Plataforma Nave, en los Bosques de Palermo, con un formato al aire libre que se mantuvo hasta 2025.

El perfil demográfico de los asistentes, de acuerdo a los organizadores, se concentra en un rango etario de 20 a 50 años. Se trata, en su mayoría, de lectores con criterios de búsqueda definidos: saben qué autor o título desean, y cuando no lo hallan en los puestos, terminan adquiriendo volúmenes complementarios. Esta conducta de compra se tradujo en un comportamiento comercial inusualmente favorable para los expositores. Las 43 librerías participantes coincidieron en que las ventas superaron las registradas en la edición anterior. Rago resumió el patrón de consumo señalando que la mayoría de los compradores llevó entre uno y tres ejemplares, con un grupo menor que superó los cinco, siempre dentro de un rango de precios accesibles.

Los datos financieros que emergieron de los puestos permiten dimensionar el fenómeno. Una librera consultada reportó haber dispuesto de 500 ejemplares para la venta y comercializado 350 en el transcurso del fin de semana. En su stand, la literatura argentina constituyó el rubro de mayor demanda, con precios medios que oscilaron entre los 10.000 y 20.000 pesos argentinos por volumen. Otro expositor, Alejandro Larre, de la Librería La Grande (con sede en Martínez), que asistió con presencia perfecta a las cinco ediciones de la FLU, contextualizó la estructura de precios del sector: los libreros denominan «libro normal» a los ejemplares de entre 8.000 y 20.000 pesos, mientras que las ediciones especiales o de coleccionismo pueden alcanzar rangos superiores, desde los 30.000 hasta los 100.000 o incluso 300.000 pesos, según su rareza y condición.

Un caso ilustrativo del poder adquisitivo presente en la feria fue el de una visitante que adquirió cinco títulos —Poeta Ciego de Mario Bellatin, Eisejuaz de Sara Gallardo, Cuando me muera quiero que me toquen cumbia de Cristian Alarcón, El vizconde demediado de Italo Calvino y Sangre de amor correspondido de Manuel Puig— pagando entre 10.000 y 12.000 pesos por cada volumen. La compradora señaló que con el total desembolsado apenas alcanzaría para adquirir un solo título nuevo, lo que evidencia la ventaja de precio estructural del libro usado, que suele costar alrededor de la mitad de un ejemplar de novedad editorial.

La programación del domingo incluyó la participación de la escritora Liliana Heker, autora de libros de cuentos como Los que vieron la zarza, del ensayo Las hermanas de Shakespeare y de las novelas Zona de clivaje y El fin de la historia, quien dialogó sobre literatura con el periodista Juan Mattio. Heker, conocida por su pertenencia al grupo literario de la revista El Ornitorrinco y por una obra marcada por una mirada crítica y reflexiva, manifestó su adhesión al circuito del libro usado: «Amo los libros usados. Me parece maravilloso que se haga esta feria. Lo fundamental es tener acceso a los libros y que circulen». Su presencia confirma una tendencia creciente a que autores consagrados se vinculen con un evento que reconfigura los canales tradicionales de circulación literaria.

El traslado al Centro Cultural Recoleta adquiere además una significación institucional. El edificio que lo alberga posee un valor patrimonial ligado a la historia virreinal porteña, y desde 1980, cuando fue inaugurado como centro cultural, ha sido descrito por las autoridades locales como la «sede de lo nuevo» y el espacio que alojó las vanguardias artísticas y las expresiones emergentes, así como las ediciones de arteBA entre 1991 y 1997. Según datos de su propia administración, es visitado por aproximadamente un millón de personas al año. Que la FLU, un festival de libros usados con curaduría de librerías independientes, se instale en ese espacio representa una articulación entre la tradición literaria de ocasión y el circuito cultural institucionalizado.

En términos de fundamento comercial, la FLU se desarrolla en un contexto adverso para la industria editorial argentina. La Cámara Argentina del Libro reportó una caída del 34 por ciento en las ventas de libros físicos acumulada en dos años, aunque las proyecciones para 2026 sugieren una incipiente recuperación del consumo cultural. En ese escenario, Rago ha sostenido públicamente que «a pesar de la tremenda crisis que estamos atravesando, la FLU sigue siendo un éxito», subrayando que el encuentro persigue el fin de que el precio no se constituya en un impedimento para el acceso a la lectura. Los datos de esta edición, con más de 13.000 asistentes y ventas superiores a las del año previo, refuerzan la hipótesis de que el mercado del libro usado se ha transformado en un refugio para el lector argentino frente a la escalada de precios del libro nuevo.

Rago, por su parte, remarcó el alcance territorial que ya había alcanzado el evento en ediciones anteriores, con visitantes provenientes de distintas provincias argentinas y también de Uruguay, Chile y Brasil. La mudanza al Recoleta, en este sentido, no ha implicado una restricción de ese alcance sino más bien su consolidación en un espacio con mayor capacidad e infraestructura. La ambición declarada por el organizador es que la FLU continúe funcionando como aquella fiesta que él mismo soñó como lector: un espacio con las mejores librerías, títulos seleccionados, buena convivencia al aire libre y una programación que combine literatura y música. Los datos de esta quinta edición, tanto en asistencia como en desempeño comercial, sugieren que esa visión se ha materializado en un formato sostenible y replicable, que combina la accesibilidad económica con la preservación de un patrimonio editorial que de otro modo quedaría fuera del circuito comercial y del alcance de muchos lectores.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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