Espectáculos

Toto Kirzner: entre el teatro independiente y el comercial, el hijo de Adrián Suar y Araceli González redefine su identidad artística y personal

Los seguidores del programa de streaming Olga esperaron bajo la lluvia y las ráfagas de viento. Afuera, el frío cortaba. Pero la cita era importante. Al terminar Mi primo es así, un grupo de fans se acercó a la salida del canal en la calle Humboldt para sacarse fotos o pedirle un video. Él, con una amabilidad que parece natural, no se niega.

Este actor, que podría haberse llamado Toto Suar pero eligió su apellido del documento, conversó sobre todo: religión, humor, cancelaciones, y sus dos nuevos proyectos teatrales.

Toto Kirzner es hijo de Adrián Suar y Araceli González. Su apellido es Kirzner, no Suar. «Me encanta mi apellido. No usar Suar artísticamente no fue un acto de rebeldía. Simplemente fueron las ganas de usar mi apellido», explicó de manera directa.

Pero lo que llama la atención es su historia religiosa. «Estoy bautizado y circuncidado», confesó. Sí: pasó por dos ritos de religiones distintas. No se identifica como católico ni judío. Hoy, el budismo lo sedujo.

Ese eclecticismo de identidades parece trasladarse también a su carrera. Kirzner está en el teatro independiente y en el comercial. Hace equilibrio entre ambos mundos mientras intenta sobrevivir a una agenda de agosto supercargada.

Este martes 11 de agosto estrenó Persona, héroe latino en la sala Caras y Caretas. Allí interpreta a Persona, un hijo de Madre y Padre. La obra narra el camino del héroe a partir de un chico que quiere escribir y emprende un recorrido hacia lo desconocido. «Sale de la casa de sus padres, cruza el charco y llega a Uruguay; después tiene cosas surrealistas», detalló.

En Persona, su personaje dice: «Yo no tengo experiencias que valgan la pena ser escritas porque no viví nada». Pero la realidad de Toto es otra. A pesar de ser joven, lleva una vida atravesada por la exposición, la separación de sus padres, los medios, y una constante reconstrucción identitaria.

A Toto le gustan las historias que recrean el camino del héroe. Desde La Odisea hasta Bob Esponja, pasando por Miles Morales de Spider-Man. Ese relato que saca al protagonista de su lugar de origen para atravesar pruebas y volver renovado lo atraviesa también en lo personal.

Tiene trayectoria en el teatro alternativo. Integró cooperativas, trabajó en La naranja mecánica en El Método Kairós, y participó de Microteatro. Esas experiencias lo formaron como actor de base, lejos de la estructura comercial a la que podría acceder por su apellido familiar. Pero hay otro costado.

A partir del 27 de agosto, de jueves a domingos, subirá a escena en el Paseo La Plaza con una obra titulada Con la nuestra, dirigida por Peto Menahem. La trama: una persona estafó a otras personas. Las víctimas irrumpen en una casa para recuperar el dinero y se genera una disputa. «Tiene algo del 2001», aclaró Kirzner, aunque especifica que no transcurre en esa época y que tampoco tiene que ver con La odisea de los giles.

En esta obra interpreta a un profesor de tenis ruso, aunque después se descubre que es otra cosa. Es la primera vez que modifica su acento en el escenario. «Una vez por semana me reúno con Verónica, una señora rusa», afirmó.

El humor es una herramienta central en su vida pública. Pero también sabe que es un arma de doble filo. En tiempos de cancelaciones y redes sociales, los humoristas deben medir cada palabra. Kirzner reconoce que ese es un terreno delicado. Pregunta sobre las cancelaciones: «Prefiero no opinar directamente. Los límites del humor son un lugar de disputa constante. Uno tiene que hacerse cargo de lo que dice, pero también se necesita contexto.»

Más allá de las obras de teatro, ha trabajado como actor invitado en proyectos más masivos. La comparación con su padre es inevitable en el ambiente. Adrián Suar es uno de los productores y actores más conocidos de la Argentina.

Sin embargo, Toto decidió hacerse un nombre propio. No fue rebeldía, asegura. Fue simplemente el deseo de usar su apellido real.

Vive en un presente que define como «el primer infierno de Dante». Así describe el proceso de ensayar dos obras al mismo tiempo. «Es una alegría total y a la vez un infierno», sostuvo.

Toto es soltero. No tiene novia desde hace un año. Es hincha de Boca Juniors. Se define como divertido. Y pese a que le gustan las historias épicas, no se confiesa un gran lector. «Me disperso fácilmente cuando leo», confesó.

En su circulo íntimo, suelen decirle que es «un alma vieja». Tal vez por eso las obras que elige tengan esa búsqueda de sentido que excede lo comercial.

De la calle Humboldt a la calle Corrientes. Con dos estrenos en el mes, Kirzner marca una agenda intensa para un actor que todavía transita sus veintitantos.

Se muestra amable con el público que lo aborda. No se esconde. Responde las preguntas directas sobre su familia, su religión y su carrera.

El budismo parece ser el espacio donde encuentra cierta calma mental en medio del vértigo que genera coordinar dos obras, ensayos, funciones y entrevistas.

Está a la vez en el circuito under y en la avenida Corrientes. Esta dualidad le permite financiar sus proyectos más personales con las producciones más comerciales.

Toto Kirzner se posiciona como una figura que puede transitar sin problemas entre el público que conoció a sus padres en la pantalla y las nuevas audiencias que lo descubrieron por streaming.

La pregunta sobre si usar el apellido Suar alguna vez le hubiera abierto puertas queda flotando. Su respuesta es clara: eligió su identidad de documento. Y parece no arrepentirse.

Mientras se prepara para seguir con sus funciones, enfrenta el frío de agosto con la misma actitud con la que enfrenta su carrera: con equilibrio, algo de humor y mucha conciencia de que el camino apenas está comenzando.

El teatro independiente le dio las herramientas técnicas. El comercial le da la visibilidad. Entre esas dos aguas, busca el personaje que lo consagre definitivamente.

Esta historia recién empieza. El próximo capítulo se escribirá en las tablas del Caras y Caretas y del Paseo La Plaza. Ahí lo esperan el público y la crítica, con la misma atención que esa vereda de Humboldt que aguardó bajo la lluvia para saludarlo.

En una época de cancelaciones aceleradas, identidades líquidas y viejas instituciones en revisión, la figura de Toto Kirzner aparece como un síntoma: el del artista que se construye a partir de fragmentos, mezclas, idas y vueltas, sin pedir permiso. Su apellido es su documento. Su territorio es el escenario.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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