Marcelo «Pingüino» Del Grosso no se quita las gafas negras ni para las entrevistas. Esas gafas son parte del personaje, tanto como su risa franca que emerge al repasar anécdotas de una carrera que ya se acerca a los 40 años. Fundador y voz de Los Calzones, habla desde Bariloche, una ciudad que ocupa un lugar central en la historia de la banda.
La historia comenzó en 1988. En ese entonces, el grupo se llamaba Los Calzones Rotos y estaba integrado por jóvenes de Lomas de Zamora que pasaban horas ensayando en el altillo de la casa de Pingüino. Los primeros shows llegaron en bares y centros culturales, donde combinaban temas propios con covers de Madness, Bad Manners y The Specials. Esas canciones las aprendían de casetes grabados que circulaban entre amigos, porque comprar un original resultaba costoso.
De ese intercambio de casetes nació una banda que abrazó el ska cuando en Argentina el género recién comenzaba a emerger, con Los Fabulosos Cadillacs como referentes iniciales. Sin compañías discográficas, sin padrinos y con más entusiasmo que recursos, Los Calzones crecieron de manera independiente. Editaron sus propios discos, recorrieron el país y forjaron una identidad que combinaba el espíritu festivo del ska británico con una impronta barrial y bonaerense.
A comienzos de la década de 1990, la banda llegó a Bariloche para tareas de promoción. Pero cada vez que sonaba «Porrompompero» en los boliches, la reacción del público era inmediata y masiva. Lo mismo ocurría en los recitales. Los estudiantes que viajaban a la nieve para celebrar su viaje de egresados adoptaron las canciones con rapidez. Poco después, una empresa de turismo estudiantil propuso al grupo tocar en vivo para dar la bienvenida a los jóvenes que llegaban a la ciudad.
Durante meses, Los Calzones tocaron todas las noches para miles de estudiantes de distintas provincias. La experiencia se expandió hasta que la banda decidió instalarse en Bariloche por largas temporadas, viviendo prácticamente allí. Así, casi sin buscarlo, se convirtieron en la banda oficial de los viajes de egresados y en parte del recuerdo de varias generaciones de argentinos.
Hoy, a casi cuarenta años de aquellos ensayos en Lomas de Zamora, Los Calzones presentan «Huella», su décimo disco. En una charla con Clarín, Pingüino repasa la historia de una banda que hizo de la independencia su sello distintivo.
-¿Qué representa hoy Bariloche para Los Calzones después de tantos años?
Bariloche representa una etapa de la banda en la que compusimos menos música. Era tanto el trabajo que terminamos olvidándonos de la carrera. Es una parte muy importante de nosotros. Fueron muchos años y además millones de personas que nos escucharon. Pero es una etapa terminada, al menos artísticamente.
-¿Y qué los llevó a tomar la decisión de dejar de ser «la banda de Bariloche»?
Unos meses antes de la pandemia volvimos a México después de muchos años y volvimos a vivir la experiencia de tocar en vivo. Eso nos reconfiguró. Nos dimos cuenta de que necesitábamos retomar el control de nuestra carrera y volver a componer. Bariloche fue un capítulo enorme, pero no podíamos quedarnos en el mismo lugar para siempre. La banda necesitaba respirar otros aires y retomar la creación musical.
El vínculo con el público egresado es un fenómeno que pocas bandas pueden exhibir. Los Calzones lograron que generaciones enteras de estudiantes argentinos compartieran un mismo soundtrack. La canción «Porrompompero» se convirtió en un himno no oficial de los viajes de fin de curso, y la banda entendió desde el inicio que ese vínculo era un pacto tácito con su audiencia.
La decisión de mantener una carrera independiente también marcó su trayectoria. En un mercado dominado por grandes sellos, Los Calzones demostraron que es posible sostenerse con autogestión. Esto implicó, en varios momentos, priorizar el trabajo constante sobre la composición. El costo fue claro: durante los años de mayor actividad en Bariloche, la banda produjo menos material propio. Sin embargo, esa misma independencia les permitió tomar decisiones como la de volver a México o la de replantearse su rumbo artístico antes de la pandemia.
«Huella» llega como un balance de una trayectoria extensa. El disco condensa la sonoridad clásica de la banda, pero con una mirada puesta en el presente. Las letras abordan temas cotidianos y también reflexiones sobre el paso del tiempo y la permanencia en el imaginario colectivo. La producción mantiene el espíritu original: grabación cuidada, sonido nítido y una mezcla precisa que respeta la esencia del ska.
La relación entre Los Calzones y Bariloche no se limita a lo musical. La banda fue un actor clave en la consolidación del turismo estudiantil en la ciudad. Su presencia regular durante temporadas altas generó un circuito de recitales que atraía a miles de jóvenes. Este fenómeno tuvo un impacto económico directo en la región: los shows no solo beneficiaban a los organizadores, sino también a bares, hoteles y comercios locales que operaban en función de la agenda de la banda.
A nivel cultural, Los Calzones lograron un efecto simbólico: convirtieron a Bariloche en una ciudad con identidad sonora propia durante los meses de temporada. Esa identidad se repitió durante años y se instaló en el imaginario de los estudiantes, que hoy asocian el viaje de egresados con las canciones del grupo.
El legado de Los Calzones trasciende el éxito comercial. La banda es un ejemplo de cómo la música independiente puede sostener un proyecto de largo plazo sin depender de estructuras corporativas. Su historia es también la historia de un género que encontró en Argentina un terreno fértil para desarrollarse y evolucionar. El ska, con su ritmo enérgico y su actitud festiva, se convirtió en un vehículo para conectar con audiencias masivas, especialmente jóvenes.
La decisión de distanciarse de Bariloche, lejos de implicar un abandono, fue un movimiento estratégico para preservar la creatividad. La banda entendió que el éxito repetitivo podía convertirse en una trampa. Por eso, cuando decidieron retomar la composición, lo hicieron con plena conciencia de lo que significaba ese cambio. «Huella» es la evidencia concreta de esa transición.
Con cuatro décadas de historia, Los Calzones se presentan como una banda que supo leer los tiempos y también adaptarse a ellos. Su música sigue sonando en las plataformas digitales, en las radios y, sobre todo, en los recuerdos de quienes crecieron escuchándolos. La banda ya no es «la banda de Bariloche», pero Bariloche sigue siendo parte de su historia. Y esa historia, escrita con independencia y constancia, sigue vigente en cada nota de «Huella».
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
