Arquitectura

Sauna espejado en Suecia: cómo un cristal de litio revive un suelo contaminado y dialoga con el refugio primitivo

En Skellefteå, localidad sueca conocida por su tradición minera y su reciente perfil como centro de innovación en energías limpias, el estudio Bigert & Bergström ha completado un sauna público que no pasa desapercibido. La estructura, inspirada en la forma de un cristal de litio, se erige en el parque WasteLand, un área que hasta hace pocos años albergaba actividades industriales contaminantes y que hoy ha sido recuperada ambientalmente. La obra no solo funciona como un espacio de ocio y bienestar, sino que se posiciona como un símbolo de la transformación del territorio.

El proyecto se enmarca dentro de las políticas de remediación de suelos que Suecia ha impulsado desde la década de 1990, cuando se detectaron altos niveles de metales pesados en la zona de Skellefteå debido a la actividad de fundiciones. Según informes de la Agencia de Protección Ambiental sueca, la recuperación del área demandó más de 15 años y una inversión superior a los 60 millones de coronas (aproximadamente 5,7 millones de euros). El sauna, inaugurado a mediados de 2026, representa un hito en el proceso de reinserción del sitio en la vida comunitaria.

La elección del litio como referencia no es casual: Skellefteå alberga una de las mayores refinerías de litio de Europa, gestionada por Northvolt, y la región se ha convertido en un polo estratégico para la transición energética del continente. De este modo, el edificio no solo dialoga con el pasado industrial del lugar, sino con su futuro económico y tecnológico. ‘Queríamos que la obra reflejara la nueva identidad del terreno: de la contaminación a la sostenibilidad’, explicaron los arquitectos en una entrevista con la revista sueca Arkitektur.

La volumetría exterior está compuesta por aproximadamente 280 prismas de acero inoxidable espejado con un acabado de titanio rosa, que cambian de apariencia según la luz del día y la estación del año. Los reflejos del río Skellefte y el bosque circundante se integran así en la superficie, convirtiendo la estructura en un camaleón visual. La inclinación de cuatro grados hacia atrás, lograda mediante un diseño digital de alta precisión y 140 paneles metálicos cortados a medida, intensifica su efecto escultórico.

El acceso se realiza a través de una plataforma hexagonal de pino local, una pieza de transición que evoca los antiguos muelles de madera de la zona. Según los arquitectos, esta base tenía como objetivo ‘anclar la pieza al suelo sin anular su carácter extraño’, una decisión que ha sido elogiada por críticos internacionales. La plataforma también sirve como área de descanso al aire libre, donde los usuarios pueden contemplar el paisaje antes de entrar.

En contraste con la frialdad del exterior, el interior es una cavidad orgánica enteramente revestida de madera, con formas curvas que recuerdan a una cueva prehistórica. Los paneles de madera fueron mecanizados mediante tecnología CNC para lograr una continuidad visual sin juntas visibles, y se utilizaron maderas locales de pino resistentes a la humedad y aliso para los bancos, tallados artesanalmente por ebanistas de la región. La temperatura interior alcanza los 80 grados centígrados, pero la sensación térmica se ve suavizada por las vetas cálidas de la madera.

En el centro del espacio se ubica la estufa, diseñada a partir de formas de hachas de piedra paleolíticas. Esta pieza, además de cumplir su función de calefacción, actúa como un objeto simbólico que conecta la experiencia del baño con los rituales primitivos de calor y socialización. ‘El sauna siempre ha sido un espacio de purificación física y mental, una constante cultural que se remonta a las primeras civilizaciones’, señala Mats Bigert, cofundador del estudio. La cueva y el fuego se convierten así en una dupla que universaliza la experiencia arquitectónica.

WasteLand, el parque donde se ubica la intervención, es un proyecto más amplio de regeneración que contempla senderos, áreas de picnic y un jardín de plantas autóctonas resistentes a suelos ácidos. El sauna es su pieza central, pensado para ser usado gratuitamente por los habitantes de Skellefteå, un municipio de aproximadamente 35.000 personas. La demanda ha sido tan alta que se implementó un sistema de turnos por aplicación móvil, una solución digital acorde al espíritu tecnológico de la zona.

La reacción local no se ha hecho esperar. ‘Es como un espejo de la nueva Skellefteå: refleja el agua y el bosque, pero también la vanguardia industrial que nos define hoy’, comentó un vecino en un reportaje de Norran, el diario regional. Otros medios suecos, como Dagens Nyheter, destacaron la capacidad del proyecto para ‘transformar un sitio contaminado en un lugar de encuentro cultural y social’.

Desde una perspectiva económica, el sauna es parte de una estrategia de revitalización urbana que busca atraer a jóvenes profesionales y turismo sostenible. Según datos de Visit Skellefteå, el número de visitantes al parque WasteLand ha crecido un 40% desde la apertura del sauna, lo que ha generado un impacto positivo en el comercio local. Además, el proyecto experimental Vehicle-to-Sauna permitirá alimentar la estufa con energía proveniente de baterías de vehículos eléctricos, en sintonía con los objetivos de neutralidad de carbono de Suecia para 2045.

El sauna de WasteLand se suma así a una serie de intervenciones arquitectónicas que en los países nórdicos exploran la relación entre paisaje, industria y patrimonio. En Finlandia, por ejemplo, el sauna público Löyly de Helsinki, diseñado por Avanto Architects, ha sido clave para la regeneración del barrio costero de Jätkäsaari. En Noruega, el estudio Snøhetta ha desarrollado instalaciones de baño en entornos glaciares que juegan con la dualidad del frío y el calor. Estas referencias permiten situar la obra de Bigert & Bergström en un contexto internacional donde la arquitectura se convierte en herramienta de mediación social.

El proyecto no está exento de críticas. Algunos sectores locales consideran que el costo de mantenimiento de la fachada espejada es elevado, estimado en 1,2 millones de coronas anuales (alrededor de 114.000 euros). Otros señalan que la forma futurista no dialoga con la estética vernácula de las construcciones de madera del norte de Suecia. Sin embargo, la mayoría de las voces reconocen el valor de la intervención para instalar el debate sobre el uso de suelos industriales abandonados. Un artículo de Ämneslärare, un medio educativo, lo ha utilizado como ejemplo de proyectos de ciencia, tecnología y sociedad (CTS).

En síntesis, el sauna de WasteLand es un ejemplo paradigmático de cómo la arquitectura puede conmemorar la resiliencia de un territorio. Partiendo de la forma de un mineral vinculado a la energía del futuro, construye una experiencia interior que remite a las raíces más ancestrales del ser humano. La obra no solo es un hito visual, sino un espacio de proximidad colectiva que celebra la contaminación superada y la vida comunitaria. Con su doble naturaleza de objeto técnico y refugio primitivo, este sauna demuestra que la innovación no está reñida con la memoria, y que el pasado industrial puede recuperarse para convertirse en un futuro habitable.

Los interesados en visitar el sauna pueden hacerlo de forma gratuita mediante reserva previa en el sitio web del municipio. Se recomienda asistir al atardecer, cuando los reflejos del sol crean un espectáculo de luces en el interior de la cueva de madera. La experiencia, según han descrito los primeros usuarios, es una invitación a contemplar tanto el paisaje exterior como aquello que llevamos dentro desde tiempos inmemoriales.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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