Cultura

Museo a cielo abierto: las 13 esculturas históricas del Parque 9 de Julio de Tucumán recuperan su esplendor tras una restauración inédita

El Parque 9 de Julio, el principal pulmón verde del norte argentino, no solo es un paseo de más de 180 hectáreas diseñado por el paisajista francés Charles Thays, sino también un museo escultórico a cielo abierto que durante casi un siglo estuvo sumergido en un proceso de deterioro silencioso. En la última semana de junio de 2025, las dos últimas piezas —»Venus y Cupido» y «La Vestal»— fueron recolocadas en sus pedestales originales, completando así la restauración de 13 esculturas que habían sido dañadas por el clima tropical tucumano, el vandalismo recurrente y, sobre todo, por intervenciones no profesionalizadas que dejaron cicatrices profundas en el material original.\n\nEl proyecto, gestionado por la coordinadora del parque Cecilia Albo y ejecutado por la restauradora independiente María Eugenia Fagalde junto a un equipo especializado en metales liderado por Franco Carrizo y otro en mármol, se desarrolló en dos etapas desde 2024. En la primera fase se intervinieron cinco esculturas de mármol —»Venus de Médici», «Galo Moribundo», «Fauno Danzante», «Venus de Milo» y «Apolo de Belvedere»— y dos de hierro fundido: «Laocoonte y sus hijos» y «Venus del Baño». Esas siete piezas fueron inauguradas en septiembre de 2025 durante el 109.° aniversario del parque. La segunda etapa completó la recuperación de «Meditación», «Venus y Cupido», «Vestal», «El Orante», «El Invierno», y «Diana y Endimión».\n\nEl estado en que Fagalde recibió las esculturas era, según sus propias palabras, «de un deterioro muy preocupante». Décadas de repintes sucesivos —capas de pintura superpuestas sobre capas de pintura— habían ocultado fisuras estructurales, reparaciones incorrectas realizadas con materiales no compatibles, procesos avanzados de corrosión en las piezas de hierro fundido, y mutilaciones físicas como dedos robados, fracturas y marcas de rituales nocturnos que incluían restos de ajo. «Duele como ver cuerpos vivos mutilados», describió la restauradora. Cada escultura fue sometida a un exhaustivo relevamiento fotográfico y a una investigación histórica previa a cualquier intervención. La limpieza mecánica especializada, a cargo del equipo de Carrizo, retiró las capas de pintura acumulada, el óxido y los residuos de décadas de abandono.\n\nEl origen de estas piezas se remonta a 1928, cuando Juan Bautista Terán —fundador y primer rector de la Universidad Nacional de Tucumán— viajó a Francia y adquirió un conjunto de calcos y réplicas de esculturas clásicas de la célebre Fundición Val d’Osne, con sede en París, la más importante del siglo XIX en producción de arte en hierro fundido a nivel mundial. La fundición, que llegó a emplear a más de 200 escultores, proveyó mobiliario y ornamentación urbana a ciudades como Nueva York (Central Park), Río de Janeiro, Valencia y Buenos Aires. Las piezas fueron emplazadas en el parque durante la gobernación de Martín Campero, como parte del proyecto de ornato público que acompañó los festejos del Centenario de la Independencia argentina, celebrados en 1916, aunque el parque había sido inaugurado oficialmente el 23 de septiembre de ese mismo año.\n\nEntre las piezas más destacadas del conjunto se encuentra «Laocoonte y sus hijos», una réplica en hierro fundido a escala idéntica de la célebre escultura helenística que se conserva en los Museos Vaticanos. Se trata de una pieza excepcional, ya que reproduce fielmente la composición original del grupo escultórico que representa el castigo del sacerdote troyano Laocoonte y sus hijos, atacados por serpientes marinas. Otra pieza de relevancia es la «Venus de Milo», cuya intervención incluyó la reconstrucción del entorno original basándose en fotografías históricas de 1928, incluyendo las columnas que flanqueaban su pedestal y que habían colapsado con el paso del tiempo.\n\nEl concepto de «Museo Escultórico a Cielo Abierto Parque 9 de Julio» articula el recorrido de las 13 obras restauradas como una experiencia estética y cultural continua. «La idea es que el pueblo de Tucumán circule para llevarse una experiencia estética y cultural», afirmó Fagalde. Sin embargo, el proyecto enfrenta desafíos persistentes: a pocas horas del emplazamiento de «Meditación», alguien apoyó un vaso sobre el pedestal y dejó una marca. El vandalismo y la falta de conciencia patrimonial siguen siendo amenazas reales para un acervo que, además de las 13 restauradas, incluye otras 12 piezas —16 de hierro fundido y 9 de mármol en total en la colección completa—, algunas de las cuales permanecen aún guardadas sin exhibición pública por su estado de deterioro o por razones de seguridad.\n\nLas implicancias de este proyecto trascienden lo meramente estético. En términos patrimoniales, la restauración sistemática de estas esculturas —cada una intervenida con criterios de conservación contemporáneos que respetan el material original, con reintegraciones de partes faltantes realizadas por el escultor Ricardo Sánchez— sienta un precedente para el tratamiento del arte público en el norte argentino. Hasta ahora, las reparaciones realizadas en décadas anteriores no habían sido ejecutadas por profesionales, lo que había acelerado el deterioro en lugar de detenerlo. El trabajo de Fagalde y su equipo invierte esa lógica: primero se investigó la historia de cada pieza, su materialidad y sus intervenciones previas, y luego se procedió con técnicas reversibles y compatibles.\n\nDesde una perspectiva económica y turística, la puesta en valor del parque como museo a cielo abierto refuerza la oferta cultural de San Miguel de Tucumán en un momento en que la provincia busca consolidarse como destino turístico histórico. El Bus Turístico SMT ya incluye paradas en el circuito escultórico, y los recorridos guiados gratuitos de los días viernes —con salida desde la rotonda del parque a la altura de Soldati y Benjamín Aráoz— han registrado una demanda creciente. La intendenta Rossana Chahla impulsó el proyecto como parte de una política de recuperación del espacio público y del patrimonio cultural de la ciudad.\n\nEl contexto geopolítico e histórico de estas piezas también merece atención. Las réplicas de la Fundición Val d’Osne fueron distribuidas por todo el mundo durante la expansión imperial europea del siglo XIX, cuando Francia ejercía una influencia cultural dominante a través de su industria del arte. Que un conjunto de 25 esculturas de esa prestigiosa fundición haya llegado a Tucumán en 1928 habla de las aspiraciones cosmopolitas de la élite tucumana de la época, encabezada por Terán, que veía en el arte clásico europeo un vehículo para la modernización cultural de la provincia. Cien años después, esas mismas piezas —golpeadas por el clima subtropical, la humedad y el abandono— han sido devueltas a su esplendor original por manos argentinas, formadas en España e Italia, en un gesto que cierra un círculo histórico.\n\nEn conclusión, la restauración de las 13 esculturas del Parque 9 de Julio representa un hito en la conservación del patrimonio público argentino. No solo se trata de la recuperación material de obras de valor artístico incuestionable, sino de la reivindicación de una política de Estado que entiende el arte público como un derecho cultural y no como un mobiliario urbano prescindible. Cada pieza recolocada —desde el «Galo Moribundo» en la esquina del Bar Americano hasta «La Vestal» en el cruce de la Avenida Pacará y Tte. Berdina— es una sentencia contra el olvido y un testimonio de que la restauración profesional, cuando se aplica con rigor metodológico, puede revertir incluso el daño de décadas de abandono.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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