El 8 de mayo de 2025, cuando la fumata blanca se elevó sobre la Capilla Sixtina y el cardenal Robert Francis Prevost se asomó a la logia de la Basílica de San Pedro, un detalle pasó desapercibido para los observadores internacionales, pero no para los millones de fieles católicos del Perú: el nuevo pontífice, que adoptó el nombre de León XIV, saludó en español a su diócesis de Chiclayo. Ese gesto, cargado de simbolismo, fue la chispa que encendió la investigación del escritor Santiago Roncagliolo, cuyo nuevo libro titulado ‘El pastor y los lobos’ (Planeta, 2026) reconstruye la trayectoria del hombre que pasó de ser misionero agustino en el norte del Perú a convertirse en el papa número 267 de la historia de la Iglesia católica.
El volumen, que se presenta en la trigésima edición de la Feria Internacional del Libro de Lima (FIL), inaugurada el 22 de julio y vigente hasta el 6 de agosto de 2026, no solo documenta el itinerario eclesiástico de Prevost, sino que se adentra en el episodio más oscuro que la Iglesia peruana ha enfrentado en las últimas décadas: los abusos sexuales, psicológicos, económicos y de conciencia cometidos por el Sodalicio de Vida Cristiana (SVC), una congregación fundada por Luis Fernando Figari en 1971 y finalmente suprimida por decreto del Vaticano el 14 de abril de 2025, apenas semanas antes de la muerte del papa Francisco.
Según relata Roncagliolo en declaraciones difundidas desde Lima al momento de presentar la obra, Prevost, quien nació en Chicago en 1955 de padre francés y madre italiana, llegó al Perú en 1988 con 33 años como misionero de la Orden de San Agustín, tras haber sido ordenado sacerdote en Roma en 1982 y completado un doctorado en derecho canónico en el Angelicum. Su primera misión lo llevó a la prelatura territorial de Chulucanas, una de las jurisdicciones eclesiásticas más pobres y remotas del país, donde ejerció como canciller. Posteriormente, en Trujillo, dirigió el seminario agustino durante una década, además de desempeñarse como párroco, juez eclesiástico, prefecto de estudios y docente, roles que forjarían su profundo conocimiento de la realidad social y pastoral peruana.
El punto de inflexión en su carrera eclesiástica llegó en noviembre de 2014, cuando el papa Francisco lo nombró administrador apostólico de la diócesis de Chiclayo y luego obispo titular en 2015, reemplazando a Jesús Moliné. Durante los ocho años y cinco meses que permaneció al frente de esta diócesis del norte del Perú, Prevost se enfrentó a un desafío que definió su posterior reputación dentro de la jerarquía católica: las denuncias acumuladas contra el Sodalicio, un influyente movimiento que contaba con miembros en las más altas esferas del poder eclesiástico y político peruano.
El libro de Roncagliolo documenta cómo Prevost, desde un perfil deliberadamente bajo, apoyó a periodistas de investigación como Pedro Salinas y Paolo Ugaz, quienes habían destapado décadas de abusos cometidos por los miembros del SVC. Según el propio Roncagliolo, Prevost comprendió tempranamente que «la Iglesia hacía mal en ocultar las cosas y en atacar a los periodistas», convencido de que ocultar los abusos constituía «el suicidio de la Iglesia». Esta convicción lo llevó a facilitar que Ugaz se reuniera con el papa Francisco en el Vaticano el 10 de noviembre de 2022, un encuentro que resultó determinante: el pontífice ordenó una investigación vaticana sobre el Sodalicio, cuyos resultados, divulgados en 2023, confirmaron abusos sexuales, físicos con sadismo y violencia, abusos de conciencia de tipo sectario, malversación económica y una campaña de desprestigio organizada contra los críticos del grupo.
La trayectoria de Prevost en el Perú no estuvo exenta de controversia. La Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual por Sacerdotes (SNAP) lo acusó de haber encubierto casos de pederastia durante su gestión como provincial de los agustinos. Sin embargo, estas acusaciones fueron rebatidas por el propio Pedro Salinas, autor de cinco libros sobre los casos del Sodalicio, quien las calificó como una represalia de sectores vinculados a la congregación, destinada a desacreditar al entonces obispo en el momento en que comenzaban a visibilizarse los hechos. Salinas sostuvo que Prevost siempre se solidarizó con las víctimas, las puso en el centro de sus acciones y fue uno de sus principales defensores.
En 2023, el papa Francisco llamó a Prevost a Roma y lo nombró prefecto del Dicasterio para los Obispos, uno de los cargos de mayor poder dentro de la Curia Romana, además de presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Desde esa posición, Prevost presionó para forzar la renuncia del obispo emérito de Piura, José Antonio Eguren, vinculado al Sodalicio, y aceleró los procedimientos que culminaron con la supresión canónica de la congregación en abril de 2025, apenas días antes de la muerte de Francisco. Solo semanas después, el 8 de mayo de 2025, el cónclave reunido en la Capilla Sixtina lo eligió papa en la segunda jornada de votaciones, con los votos necesarios de dos tercios de los cardenales.
Roncagliolo, ganador del Premio Alfaguara en 2006 por su novela ‘Abril rojo’ y autor de una trilogía de no ficción sobre América Latina del siglo XX, confiesa que este proyecto editorial surgió de una confluencia personal y profesional. Su familia estaba afín al movimiento de la Teología de la Liberación, lo que moldeó su infancia y marcó un punto de contacto con Prevost, quien ha manifestado en múltiples ocasiones su convicción en una Iglesia cercana a los pobres. «Ahí había algo que yo podía contar no solamente sobre quién es el papa, sino sobre cómo se entiende a Dios en un lugar del mundo y cómo se entiende América Latina», declaró el autor.
El proceso de investigación implicó una extensa red de entrevistas con sacerdotes, periodistas y teólogos, así como el trabajo de un equipo de colaboradores que, según el autor, no tuvo en sus textos anteriores. Durante la elaboración, Roncagliolo reveló haber confrontado su propia experiencia con la violencia y el abuso al interior de la Iglesia: «Lloré mucho. Muchas veces. Fue muy doloroso», confesó en una entrevista reciente. Para él, el libro es «una historia sobre el bien y el mal», porque en su investigación encontró «lo mejor y lo peor de los seres humanos, en conflicto dentro de la Iglesia como lo están en el mundo».
Las implicancias de este trabajo editorial trascienden el ámbito literario. En un contexto donde la confianza en las instituciones religiosas ha sufrido un deterioro global debido a los escándalos de abuso, la figura de León XIV representa un caso de estudio sobre cómo una gestión pastoral en un país periférico puede redirigir el curso de la administración eclesiástica central. Prevost, el primer papa estadounidense de la historia y el primero cuya biografía pastoral se forjó en América Latina, encarna una nueva configuración del liderazgo católico, en la cual la experiencia en la periferia geográfica se traduce en autoridad moral en el centro.
Los sobrevivientes del Sodalicio, como José Rey de Castro, quien pasó 18 años como cocinero personal de Figari, describen a Prevost como alguien que «me escuchó», un gesto que consideran excepcional en una institución donde el poder ha sido históricamente opaco. «Parece una cuestión evidente en un cura, en un sacerdote, pero no es así. Más aún porque el Sodalicio tenía muchísimo poder», señaló Rey de Castro.
El libro ‘El pastor y los lobos’ se inscribe dentro de un género de periodismo narrativo que ha cobrado relevancia en América Latina, donde la crónica se combina con la investigación profunda. La elección de Roncagliolo de estructurar la obra como una investigación que «se lee como un thriller sobre el poder y las luchas internas de la Iglesia católica», según la descripción editorial, responde a una tradición que el propio autor consolidó con ‘La cuarta espada’, dedicada a Abimael Guzmán y Sendero Luminoso. La obra, de 336 páginas, se publica simultáneamente en Perú y España, con una edición en castellano distribuida por Planeta.
La conclusión que emerge del trabajo de Roncagliolo es que la elección de León XIV no fue un accidente de la historia, sino la culminación de un proceso de reforma interna largamente gestado. Prevost no solo manejó los temas más delicados de la Iglesia peruana sin provocar una guerra interna, como destacó el autor, sino que estableció un precedente: la posibilidad de que la rendición de cuentas y la transparencia sean compatibles con el ejercicio del poder eclesiástico. Sin embargo, como advierte el propio Roncagliolo, la separación entre el bien y el mal puede ser más difusa de lo que la retórica institucional sugiere. La figura de León XIV permanece atravesada por tensiones que el libro no resuelve, sino que documenta con precisión, dejando al lector ante la complejidad de una institución milenaria que aún negocia su propia transformación.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
