Cultura

Jorge Fernández Díaz: el libro de Conan Doyle que lo transformó en escritor y las claves de una trayectoria literaria de altura

Hay libros que no solo se leen: se habitan, se recuerdan con la nitidez de una escena propia y, en el mejor de los casos, modifican el curso de una vida. Jorge Fernández Díaz, uno de los periodistas y escritores más relevantes de la Argentina contemporánea, lo sabe bien. En diálogo con Clarín, y en el marco de una serie de recomendaciones literarias para leer con los chicos, Fernández Díaz confiesa que «La señal de los cuatro» (también conocida como «El signo de los cuatro»), la segunda novela protagonizada por Sherlock Holmes escrita por Arthur Conan Doyle en 1890, fue «el libro que cambió mi vida». La declaración no es menor viniendo de quien viene: un autor que ha sabido transitar con maestría desde la crónica policial hasta la novela negra, pasando por el ensayo político y la literatura íntima, y que en 2025 obtuvo el Premio Nadal, uno de los galardones más prestigiosos de las letras en español.

La recomendación de Fernández Díaz se inscribe en una tradición que él mismo recupera con ironía: la de Jorge Luis Borges, quien solía decir que era imposible recordar del todo las tramas de Conan Doyle. «Yo sin embargo recuerdo vívidamente esa trama tan maravillosa, tan deliciosa, tan misteriosa, tan llena de claroscuros», replica Fernández Díaz, estableciendo un contrapunto entre la memoria literaria del autor de «El Aleph» y la suya propia. Lo que está en juego no es un simple ejercicio de nostalgia, sino la constatación de que ciertas ficciones funcionan como verdaderas experiencias iniciáticas. Publicada originalmente en la revista Lippincott’s Monthly Magazine, «El signo de los cuatro» es la novela que consolida el método deductivo de Holmes y profundiza la relación con el doctor Watson, al tiempo que introduce una trama que combina un tesoro robado en la India colonial, un juramento sellado con sangre y una persecución por el Támesis. Para el niño que fue Fernández Díaz, aquella lectura fue una revelación: «Con esa novela yo sentí por primera vez la idea de que quería ser un escritor. Yo no podía traducirlo así entonces, pero pensé que me gustaría hacerles a los demás lo que Conan Doyle me estaba haciendo a mí en ese momento».

El testimonio del escritor articula una paradoja que todos los lectores intensivos conocen: el deseo de volver a encontrarse con un libro por primera vez. «Cómo me gustaría no haber leído ese libro y poder leerlo ahora mismo de grande, porque volvería a ser un niño», dice Fernández Díaz, y la frase condensa una verdad literaria y existencial. La novela de Conan Doyle no es solo un clásico del género policial, sino un dispositivo capaz de reactivar la inteligencia infantil: esa disposición a dejarse atrapar por el enigma sin la mediación del juicio crítico. Fernández Díaz invita a compartirla con los niños precisamente por eso: «Se lo recomiendo a todos los niños porque también puede cambiarles la vida».

Pero el recorrido de Fernández Díaz no se detiene en Sherlock Holmes. El mismo año en que ganó el Premio Nadal con «El secreto de Marcial» —una novela autobiográfica centrada en la figura de su padre, el emigrante asturiano Marcial Fernández—, el autor regresa a los orígenes de su vocación para trazar un arco que va de la literatura de género a la indagación más personal. «Mamá», publicada en 2002, fue el libro que lo consagró como un fenómeno editorial en la Argentina. Basado en las conversaciones con Carmina, su madre asturiana, el libro fue definido por el escritor y editor español Juan Cruz Ruiz como «uno de los grandes libros argentinos de esta última década. Le cambió la vida a él y nos cambió a nosotros la manera de entrar en las historias ajenas». La obra, que vendió decenas de miles de ejemplares y recibió la Medalla de la Hispanidad, instauró un estilo que Fernández Díaz perfeccionaría después: la fusión de memoria personal, crónica social y respiración literaria.

Esa capacidad de moverse entre registros —del periodismo de investigación a la novela de espías, del retrato familiar al thriller político— es uno de los rasgos distintivos de su obra. Su trilogía protagonizada por Remil, un excombatiente de Malvinas reconvertido en agente de inteligencia, compuesta por «El puñal» (2014), «La herida» (2017) y «La traición» (2020), fue aclamada por la crítica y traducida a varios idiomas. «El puñal» fue finalista en Francia del prestigioso Grand Prix de la Littérature Policière y del Prix Littéraire Violeta Negra Occitanie de Toulouse. En esas novelas, Fernández Díaz explora los pliegues más oscuros del poder político y económico argentino, con una prosa que combina la precisión del periodista con la libertad del novelista. «Remil es un héroe infame, un hombre descreído que se mueve en ese submundo donde se juega, se busca y se desafía el poder», ha dicho el autor.

El reconocimiento a su trayectoria ha sido constante. Además del Premio Nadal 2025 —dotado de 30.000 euros y otorgado por la editorial Destino, con 769 obras presentadas en esta edición—, Fernández Díaz ha recibido el Konex de Platino al mejor redactor de la década, la Medalla del Bicentenario por su obra literaria, el Martín Fierro por su desempeño radiofónico, el premio «Esteban Echeverría» 2016 en Narrativa, la Cruz de la Orden de Isabel la Católica en 2012 y, más recientemente en 2025, el Premio Mariano de Cavia, el galardón periodístico más antiguo de España. También ha sido elegido durante cinco años consecutivos (2018 a 2022) como uno de los cinco periodistas más respetados de la Argentina según encuestas de la consultora Poliarquía.

Las implicancias de esta trayectoria van más allá del reconocimiento individual. Fernández Díaz representa un modelo de escritor que no renuncia al rigor de la información ni a la ambición literaria, y que entiende la lectura como un acto fundacional. La recomendación de «La señal de los cuatro» no es, en ese sentido, un mero gesto amable hacia los lectores jóvenes: es la devolución de un don recibido. «Todo comenzó con aquel libro de Conan Doyle», insiste. Y en esa frase late la comprensión de que la literatura, cuando es genuina, no se limita a contar historias: construye subjetividades, despierta vocaciones, instala preguntas que tardarán décadas en responderse.

En la cocina de su casa del barrio porteño de Palermo, un niño de 10 años lee fascinado las aventuras de Holmes y Watson. Hoy, ese niño es miembro de número de la Academia Argentina de Letras, columnista del diario ABC de España y del suplemento cultural de Zendalibros, y autor de una obra que abarca más de una docena de libros. Pero cuando habla de aquella primera lectura, la voz se le llena de una convicción que ningún premio puede otorgar: «El libro que cambió mi vida».

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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