En Parque Chas las calles se curvan sin orden. En una esquina aparece Café Chas, con mesas de madera, luz natural y un piano apoyado contra la pared. Ahí llega Joaco Burgos, vestido con campera de cuero negra, jeans gastados y una revista Rolling Stone con Prince en la tapa. Pide tres chipás y un café negro.
Joaco Burgos tiene 22 años y hoy es uno de los nombres que más suena dentro del recambio de la música argentina. Señalado como una de las promesas del rock nacional, también aparece en algunos círculos como un posible heredero de la canción de autor.
Viene de una seguidilla de shows con entradas agotadas. Se presentó en el Teatro Astros, el Teatro Vórterix y el Bebop Club. Compartió escenario con Leo García, Cachorro López, Lito Vitale, Kevin Johansen, Fabiana Cantilo, Rosario Ortega y Diego Frenkel, entre otros.
También actuó en un show multitudinario en el Obelisco porteño. Hizo un dueto con Fito Páez en el ciclo Muy rico todo. Pasó por los Premios Gardel 2026. Se presentó junto a León Gieco en Cosquín Rock. Actuó en el festival SXSW en formato piano y voz. Dio shows en Estados Unidos y España.
«Haber cantado con Fito fue un momento soñado para mí», confiesa. «Fue el momento en que el póster se volvió real».
En ese presente aparece Desde lo profundo, su tercer álbum de estudio. Tiene 12 canciones, grabadas en el mítico Estudio Panda. La presentación oficial será el 4 de agosto en el Teatro Coliseo en un show que busca condensar el momento que vive el proyecto.
«Es lindo que la gente te valore, pero lo más importante es generar algo con una canción», dice para intentar correrse de la etiqueta de promesa. «Eso es lo que más me importa, más que un título».
Joaquín lleva la música en la sangre. Su mamá salteña cantaba y tocaba el piano. Su papá marplatense también es músico. Sin embargo, aclara que en su casa en Chacarita no se vivía un clima de «familia rockera», sino de «familia musical». Se escuchaba de todo de fondo.
Estudió piano clásico desde los 4 hasta los 15 años. El corsé de las partituras le terminó apretando. «Fui conociendo a Elton John, Freddie Mercury, Charly o Fito y vi un mundo mucho más libre que la música clásica, donde no tenés que hacer lo que está escrito», recuerda.
Cuando cumplió 6 años descubrió videoclips de Thriller y Remember The Time de Michael Jackson. A los 12 se flechó con el álbum Filosofía barata y zapatos de goma (1990) de Charly García. Esa «rebeldía» que él mismo dice que lo caracteriza también la llevaba a la escuela. Llegaba a su casa y sin sacarse el uniforme se ponía a sacar canciones en el piano.
La pandemia de COVID-19 fue un punto de inflexión. Con el tiempo libre y la introspección obligada, empezó a escribir sus primeras canciones. Una combinación de desamor adolescente y la necesidad de expresar lo que sentía en un momento de aislamiento global.
Esa producción inicial llamó la atención de figuras establecidas. Fito Páez lo apadrinó y le abrió puertas. Los músicos de Charly García lo rodearon. El respaldo de estas figuras le dio credibilidad en un circuito que suele ser cerrado con los nuevos talentos.
El contexto actual del rock argentino muestra una renovación generacional. Bandas y solistas emergentes ganan espacios que antes ocupaban figuras consagradas. Joaco Burgos se inscribe en esa ola, con un estilo que mezcla el piano rock, la canción de autor y toques de pop.
Las implicancias de su ascenso son múltiples. Por un lado, confirma que el circuito de teatros porteños sigue siendo un semillero para nuevos artistas. Por otro, muestra que la presencia en festivales internacionales como SXSW puede catapultar carreras. Además, la colaboración con músicos consagrados legitima el proyecto ante el público y la crítica.
La presentación del 4 de agosto en el Teatro Coliseo será una prueba de fuego. Con 12 canciones nuevas y un show diseñado para condensar su momento actual, Burgos buscará demostrar que la etiqueta de promesa ya queda chica.
Hasta ahora, los números lo respaldan: entradas agotadas, giras internacionales, duetos con referentes. El dato concreto es que un joven de 22 años logró lo que muchos buscan durante décadas. El resto lo dirá el tiempo y las canciones.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
