La Selección de Suiza, uno de los rivales más exigentes que enfrentó Argentina en su camino al subcampeonato del Mundial 2026, se encuentra sumida en una crisis institucional y deportiva tras la confesión de su capitán y figura emblemática, Granit Xhaka, sobre la falsificación de un certificado de vacunación contra el COVID-19. El mediocampista, nacido en Basilea y actualmente en el Sunderland de Inglaterra, fue desafectado de los cuatro partidos de la UEFA Nations League que se disputarán en la fecha FIFA que se extiende hasta el 6 de octubre próximo. La decisión fue adoptada por la Asociación Suiza de Fútbol (ASF) luego de que la Fiscalía de Lucerna confirmara que el jugador se procuró un documento falso y que una médica de esa ciudad está implicada en el caso.
El escándalo estalló este lunes, justo antes de que el combinado helvético inicie una concentración en Belek, Turquía, bajo las órdenes del entrenador Murat Yakin. La ASF emitió un comunicado en el que confirmó que Xhaka no se sumará a la delegación y que «al término de este periodo internacional se volverá a evaluar la situación de Granit y los pasos a dar a continuación». El jugador, por su parte, asumió la responsabilidad en un comunicado: «Asumo la responsabilidad de mi decisión y cooperaré plenamente con las autoridades competentes». Xhaka justificó su accionar por una «profunda desconfianza hacia la vacuna», aunque no precisó en qué utilizó el certificado falso ni durante cuánto tiempo.
La investigación penal está a cargo de la Fiscalía de Lucerna, que en 2023 registró la consulta de una médica de esa ciudad y encontró documentación relacionada con varios certificados de vacunación. Según la legislación suiza, la falsificación de documentos puede acarrear una pena de hasta cinco años de prisión, aunque la condena dependerá de las circunstancias concretas del caso. La implicación de una profesional de la salud agrava la situación, ya que podría configurar un delito de falsedad ideológica y eventualmente de ejercicio ilegal de la medicina si se comprobara que la médica emitió certificados sin haber aplicado las dosis.
El impacto deportivo es inmediato. Suiza, que el año pasado descendió a la segunda categoría de la Liga de Naciones de Europa, se estrena en la nueva temporada de esta competición fuera de casa contra Macedonia del Norte el próximo 26 de septiembre, para luego visitar a Escocia el 29. Los días 3 y 6 de octubre recibirá en Lucerna a Eslovenia y a Macedonia del Norte, respectivamente. La ausencia de Xhaka, pieza clave en el esquema de Yakin y referente del equipo, obliga a reestructurar el mediocampo y a designar un nuevo capitán para estos encuentros. La ASF no ha anunciado si el jugador será suspendido indefinidamente o si podrá reintegrarse una vez que se resuelva su situación judicial.
El caso Xhaka se inscribe en un contexto más amplio de controversias sobre los certificados de vacunación falsos durante la pandemia de COVID-19. En Suiza, como en otros países europeos, se registraron numerosos casos de documentación apócrifa que permitían eludir las restricciones sanitarias. Las autoridades helvéticas han perseguido penalmente estas conductas, especialmente cuando involucran a profesionales de la salud. La legislación suiza, en el artículo 251 del Código Penal, tipifica la falsificación de documentos como un delito castigado con pena privativa de libertad de hasta cinco años o multa. Si el documento es utilizado para obtener un beneficio indebido o para perjudicar a terceros, la pena puede agravarse.
Granit Xhaka, de 33 años, ha tenido una carrera destacada en el fútbol europeo. Formado en las divisiones inferiores del Basilea, pasó por el Borussia Mönchengladbach, el Arsenal y el Bayer Leverkusen antes de recalar en el Sunderland. Con la selección suiza, ha disputado tres Copas del Mundo (2014, 2018 y 2022) y tres Eurocopas (2016, 2020 y 2024). Fue capitán en el Mundial 2026, donde Suiza alcanzó los cuartos de final y cayó eliminada precisamente ante Argentina en un partido que se recuerda por la expulsión de Breel Embolo y el golazo de Julián Álvarez en el alargue. Aquella tarde-noche en Kansas City, Xhaka fue titular y disputó los 120 minutos.
La ASF, en su comunicado, agradeció a Xhaka «por estar dispuesto a arrojar toda la luz sobre el asunto» y subrayó que la institución colaborará con la justicia. Sin embargo, el revuelo mediático y la gravedad de la acusación podrían tener consecuencias más allá de lo deportivo. Los patrocinadores del jugador y de la selección podrían evaluar su continuidad, y el propio Xhaka enfrenta un daño reputacional significativo. En Suiza, la opinión pública ha reaccionado con sorpresa y decepción, dado que Xhaka era considerado un ejemplo de liderazgo y compromiso.
El caso también arroja luz sobre las tensiones entre las federaciones deportivas y los requisitos sanitarios en el fútbol profesional. Durante la pandemia, la UEFA y las ligas nacionales implementaron protocolos estrictos que incluían la vacunación obligatoria para viajar y participar en competiciones. La falsificación de certificados no solo constituía un delito, sino que ponía en riesgo la salud de compañeros y rivales. Aunque la pandemia ha quedado atrás, las secuelas legales de aquellas conductas siguen emergiendo.
La Fiscalía de Lucerna continúa con la investigación y no se descartan nuevas imputaciones. La médica implicada, cuya identidad no ha trascendido, podría enfrentar cargos por falsificación documental y posiblemente por poner en peligro la salud pública. Las autoridades suizas han sido rigurosas en estos casos: en 2022, un tribunal de Zúrich condenó a un hombre a 14 meses de prisión condicional por haber falsificado certificados de vacunación para él y su familia.
Mientras tanto, la Selección de Suiza deberá afrontar los partidos de Nations League con un plantel diezmado anímicamente y sin su capitán. El entrenador Murat Yakin ha convocado a jugadores como Remo Freuler, Denis Zakaria y Michel Aebischer para cubrir la ausencia de Xhaka, pero la jerarquía y la experiencia del capitán son difíciles de reemplazar. La afición suiza, que había depositado grandes esperanzas en el equipo tras el buen papel en el Mundial 2026, observa con preocupación cómo un escándalo extradeportivo puede afectar el rendimiento del combinado.
En el plano internacional, el caso Xhaka se suma a otros episodios que han empañado la imagen del fútbol suizo en los últimos años. En 2021, varios jugadores fueron sancionados por infringir los protocolos sanitarios durante una concentración. La ASF ha intentado mantener una política de tolerancia cero frente a estas conductas, pero la confesión de su capitán representa un golpe difícil de digerir.
La posible condena de Xhaka, que podría incluir prisión efectiva, marcaría un precedente en el deporte de élite. Si bien los tribunales suizos suelen aplicar penas condicionales para delitos no violentos, la notoriedad del caso y la implicación de una profesional de la salud podrían influir en la decisión judicial. La defensa del jugador argumentará probablemente su arrepentimiento y su cooperación con la justicia, pero la fiscalía buscará una pena ejemplar.
En resumen, el escándalo en la Selección de Suiza trasciende lo deportivo y se adentra en el terreno legal y ético. La confesión de Granit Xhaka sobre la falsificación de un certificado de vacunación ha desencadenado una investigación penal, su apartamiento de los partidos de Nations League y un debate sobre las consecuencias de las conductas individuales en el ámbito profesional. Mientras la justicia suiza avanza, el fútbol helvético enfrenta una de sus horas más bajas, y el nombre de Xhaka, hasta ahora asociado a liderazgo y excelencia, quedará inevitablemente ligado a este episodio. La ASF deberá gestionar la crisis con transparencia y firmeza para preservar la integridad de la selección y la confianza de los aficionados.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
