Cultura

El redescubrimiento de Elvira Orphée: dos novelas inéditas salen de los archivos y reordenan su legado literario

La literatura argentina atraviesa una operación de rescate editorial sin precedentes en torno a una de sus voces más enigmáticas. Elvira Orphée, nacida en San Miguel de Tucumán en 1922 y fallecida en Buenos Aires en 2018, dejó tras de sí un archivo de manuscritos que sus hijas comenzaron a desclasificar desde 2018. De ese fondo documental emergen ahora dos novelas que permanecieron inéditas durante décadas: Amada Lesbia y Basura y luna. Su publicación simultánea no solo amplía el corpus de una autora considerada menor durante gran parte de su vida, sino que obliga a revisar los criterios con los que se construyó el canon literario nacional.

El fenómeno editorial se duplica en dos frentes independientes. Amada Lesbia aparece como primer sello de la editorial Sur y después, mientras que Basura y luna llega de la mano de la Editorial de la Universidad Nacional de Tucumán (Edunt). En el primer caso, se trata de una novela que fue finalista del prestigioso premio La sonrisa vertical, convocado históricamente por la editorial Tusquets, especializada en literatura erótica. En el segundo, la edición corrió por cuenta de la doctora en Letras e investigadora del Conicet Soledad Martínez Zuccardi, junto con la escritora Flaminia Ocampo, hija y albacea de Orphée, quienes trabajaron sobre las versiones manuscritas que la autora dejó sin publicar.

Amada Lesbia resulta, a primera vista, un acontecimiento que se desvía de la trayectoria conocida de Orphée. La novela se sumerge en la Roma antigua y reconstruye la pasión del poeta latino Cayo Valerio Catulo por Clodia, la dama de la nobleza a la que el autor inmortalizó bajo el seudónimo de Lesbia. Catulo, nacido en Verona y activo entre los años 84 y 54 o 55 antes de Cristo, pertenecía a una familia de buena posición económica pero sin linaje. Clodia, en cambio, provenía de la aristocracia: era hermana del tribuno Publio Clodio Pulcro y esposa del pretor y cónsul Quinto Metelo Céler. En su casa se congregaban quienes manejaban la urbe, entre ellos Julio César, figura central de la novela por decisión explícita de la autora.

La elección temática no es casual y se inscribe en intereses intelectuales que Orphée cultivó durante toda su vida. En una entrevista registrada por la Audiovideoteca de Escritores de Buenos Aires, la escritora confesó su fascinación por la historia del Imperio romano y su admiración particular por Julio César: me gustan todos los libros sobre César que tengo, afirmó mientras recorría su biblioteca. Esa pasión se traslada al texto con una decisión estilística notable: Orphée convierte a Catulo en narrador de la novela e incorpora los poemas de la saga de Lesbia, de los cuales ofrece sus propias traducciones. También introduce discursos de Cicerón, que tenía a mano en su biblioteca personal. Según anota Silvina Friera en el prólogo, la autora quiso que todos los nombres de los personajes estuvieran en latín, empezando por Catullus, convencida de que el latín era la lengua que definía y evocaba la Antigua Roma. Amada Lesbia transcurre en la época en que César dominó la política de la República y concluye con la guerra de las Galias.

El segundo título, Basura y luna, representa una vuelta a los escenarios provincianos de la infancia y cierra el círculo de una relación conflictiva que Orphée mantuvo con su provincia natal. La novela fue anunciada por la propia autora en 1977, en una entrevista con Alicia Dujovne Ortiz, en la que declaró: la provincia sí que es ambigua: por un lado los jazmines; por otra el mal de Chagas. Mi próxima novela estará basada en ese juego de aparentes opuestos y se llamará Basura y luna. Un error propagado por la web durante años la citaba como publicada, cuando en realidad se trataba de un proyecto en preparación. Escrita durante décadas, ya era anunciada como novela en preparación desde 1970, y regresa a un universo explorado en obras previas como Aire tan dulce (1966) y Dos veranos (1956), su primer libro, con el que realizó una audaz entrada en la escritura al elegir el punto de vista de un mestizo pobre, feo y humillado.

El contexto editorial que rodea estas publicaciones es igualmente significativo. En 2024, el Fondo de Cultura Económica incluyó en su célebre colección Tierra Firme el volumen Dos novelas, que reúne Aire tan dulce y La última conquista de El Ángel, en una edición trabajada junto a Guadalupe Valdez Fénik. El mismo sello prepara la publicación de los cuentos reunidos de la autora. Esta secuencia de reediciones confirma un proceso de recuperación que comenzó tímidamente en la última etapa de vida de Orphée y que hoy ha alcanzado plena madurez. El interés ha sido avalado por escritores como Leopoldo Brizuela y María Teresa Andruetto, quienes reivindicaron la singularidad de una obra que escapó a los criterios dominantes de su época. Andruetto señaló que lo interesante es el cruce que ella hace, la forma de mostrar la realidad en el cruce con la fantasía, con el realismo mágico o con el más puro realismo.

Las implicancias de esta doble publicación trascienden el plano meramente bibliográfico. La aparición de Amada Lesbia confirma que Orphée no solo incursionó en el territorio de la erótica, sino que lo hizo con una ambición histórica y lingüística poco común en la literatura argentina. El trabajo con el latín, la reconstrucción del contexto político de la República romana y la traducción de los poemas catulianos configuran un proyecto estético de altísima complejidad. Por su parte, Basura y luna permite cerrar la lectura del ciclo tucumano de su obra y observar de qué manera la autora procesó décadas de distancia geográfica y afectiva con su origen. La novela se convierte así en un testimonio de la lenta maduración de una escritora que entendía su provincia como un territorio de contradicciones irreconciliables.

En términos más amplios, el caso Orphée interpela los mecanismos de legitimación del campo literario argentino. Una autora elogiada por Cortázar y Pizarnik, becaria Guggenheim en 1989 y ganadora del Primer y Segundo Premio Municipal de novela con apenas dos años de diferencia, permaneció durante décadas al margen del circuito de lectores masivos. La secuencia de reediciones iniciada en el siglo XXI y coronada por estas dos publicaciones póstumas invita a reflexionar sobre cuántas obras fundamentales siguen aún ocultas en archivos personales esperando condiciones editoriales y críticas favorables.

El caso Orphée no se agota con estas dos novelas. Sus hijas desarchivaron borradores, originales, manuscritos, artículos periodísticos, reseñas, entrevistas y cartas personales que involucran a figuras como César Aira, Marosa di Giorgio y Wilcock. El material aún no ha sido explorado en su totalidad, lo que sugiere que podrían surgir nuevos hallazgos en los próximos años. Lo que queda claro es que la autora tucumana, extraña a los cánones de su tiempo, encontró en el siglo XXI las condiciones que en vida le fueron sistemáticamente negadas. La publicación simultánea de Amada Lesbia y Basura y luna no es un punto de llegada sino el inicio de una etapa de consolidación crítica que recién comienza a delinear el verdadero lugar de Orphée en la historia de la literatura en español.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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