Cultura

El animal que aprendió a quedarse quieto: Débora Pierpaoli y la pintura como resistencia silenciosa en la galería Linse

Hay obras que exigen ser miradas. Otras, en cambio, saben esperar. La exposición «El animal que aprendió a quedarse quieto», de Débora Pierpaoli, presentada en la galería Linse de Buenos Aires entre abril y julio de 2026, pertenece a esa segunda categoría: un conjunto de pinturas que no busca imponerse, sino sostenerse en el tiempo, como un animal que ha comprendido que la inmovilidad no es debilidad sino una estrategia de supervivencia.

La muestra, curada por Sebastián Vidal Mackinson —curador del Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori y recientemente designado Director de Artes Visuales de ArtHaus—, reúne un corpus de obras realizadas entre 2020 y 2026, con la excepción de «un pequeño roedor que persiste en mirarnos desde el año 2010», según aclara el propio curador en el texto de sala. Esa pieza temprana funciona como un ancla temporal: un testigo silente que contempla cómo la poética de Pierpaoli se ha ido transformando a lo largo de más de una década.

Débora Pierpaoli, nacida en Buenos Aires en 1979, es egresada de la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y participó del Programa para Artistas de la Universidad Torcuato Di Tella. Su trayectoria está marcada por distinciones significativas: el Primer Premio en el Salón Nacional de Artes Visuales (2010), el Gran Premio Dibujo en el Salón Nacional de Artes Visuales (2011), el Premio Klemm (2013) y el XIII Premio Nacional de Pintura Banco Central (2020). Su obra forma parte de colecciones en Argentina, Chile, Brasil, Perú, Francia, Estados Unidos, Japón, Alemania, España y Singapur. Esta exposición, sin embargo, marca un retorno a sus orígenes: después de una muestra anterior centrada en esculturas, Pierpaoli regresa a la pintura, el lenguaje que la formó y que la ha acompañado a lo largo de toda su carrera.

La exhibición se despliega en una de las salas de Linse, galería fundada en 2024 y dirigida por Lincoln Brown, ubicada en Bolívar 1753, en el barrio de San Telmo. Concebida como un espacio con enfoque curatorial, pedagógico y experimental, Linse representa a artistas emergentes y de mediana carrera. En 2025, la galería ganó el premio AFP Integra – Sección Next en Pinta Lima, lo que la posiciona dentro del creciente circuito de arte contemporáneo argentino con proyección internacional.

El recorrido expositivo de Pierpaoli se organiza no de manera cronológica sino por afinidades visuales y conceptuales. «Son como pequeños saltos, donde las obras se relacionan pese al tiempo que las separa», explicó la artista. De este modo, una pintura de 2020 dialoga con otra de 2025, revelando obsesiones persistentes: la fragilidad del cuerpo, la soledad, el cuidado, la relación entre lo humano y lo animal.

Entre las obras más recientes, Pierpaoli aborda el fenómeno de los gimnasios como institución urbana contemporánea. La artista observa cómo estos espacios se han multiplicado hasta volverse invasivos, creando «una nueva promesa cada dos cuadras». En una de las escenas, alguien practica deporte con los ojos apagados, ajeno al entorno. En otra, una figura levanta pesas rusas mientras dos águilas negras le susurran al oído, en una composición que evoca tanto la vulnerabilidad como la fuerza animal. El tinte fantasmagórico de ciertas figuras sentadas en mesas, con el rostro reposando en el regazo, sugiere un agotamiento que trasciende lo físico para volverse existencial.

La maternidad emerge como otro núcleo temático central. Pierpaoli retrata a la madre que amamanta en medio de la noche, la mirada fija en un punto, la mente vacía. No hay idealización ni vírgenes canonizadas: hay cuerpos que se desvanecen, rostros que se diluyen, porque los rasgos ya no son necesarios para reconocerlos. «Es la magia de inmortalizar el valor de cuidar a alguien con el propio cuerpo sin idealizar», señaló la artista. Los animales —aves, felinos, el gato que aparece recurrentemente— acompañan estas escenas como testigos o como extensiones de un mismo espíritu.

La pandemia de COVID-19, que atravesó el período inicial de producción de las obras aquí reunidas, dejó su huella en la iconografía del aislamiento y la soledad. Las pinturas de Pierpaoli no representan el encierro de forma explícita, sino que lo filtran a través de atmósferas contenidas, de interiores donde el espacio se vuelve denso. La quietud como respuesta a un mundo que exige movimiento constante: esa podría ser una de las lecturas políticas de la muestra.

«Aquí no hay calma resignada —escribe Vidal Mackinson en el texto curatorial—. El animal que aprendió a quedarse quieto aprendió a detenerse en el momento preciso, porque sabe que el movimiento a veces es ruido, que la quietud es una forma de fuerza y no de rendición. Mientras posa para que lo miremos con atención, está pergeñando algo más.»

Las implicancias de esta exposición trascienden el plano estético. En un contexto donde la productividad y la velocidad son valores dominantes, la propuesta de Pierpaoli reivindica la pausa como acto de resistencia. La artista no abandona la crítica social: al analizar la relación contemporánea con los gimnasios —espacios de autoexigencia y promesas de transformación—, pone en evidencia las contradicciones de una sociedad que idealiza el cuerpo pero descuida el espíritu. Sus figuras fantasmagóricas, devoradas por águilas mientras levantan pesas, sugieren un sacrificio silencioso que ocurre en la cotidianidad urbana.

La muestra fue incluida dentro de las 30 exhibiciones destacadas del evento NODO en junio de 2026, según reportó Infobae, y recibió atención de medios especializados como Radar Buenos Aires, que señaló la relación entre el lenguaje pictórico y el objetual en cerámica, así como los dos ejes conceptuales que articulan la obra: «el lugar del arte en nuestra sociedad y la muerte, la finitud del cuerpo».

«El animal que aprendió a quedarse quieto» no es una retrospectiva, aunque abarque más de seis años de producción. Es un análisis contemplativo que evidencia las múltiples facetas de una artista que ha sabido moverse entre la pintura, la cerámica y la escultura sin perder coherencia. Pierpaoli demuestra que la pintura íntima, la que ocurre en los márgenes de lo doméstico y lo cotidiano, puede ser también una forma de resistencia. En sus obras, la quietud no es rendición: es alerta máxima. El animal espera. Y mientras espera, nos mira.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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