Cultura

Dataland: el primer museo de inteligencia artificial del mundo que lee tus emociones y reconfigura la experiencia estética en tiempo real

El 20 de junio de 2026 abrió sus puertas en el centro de Los Ángeles Dataland, una institución que sus fundadores describen como el primer museo de artes con inteligencia artificial del mundo. Situado en The Grand LA, el complejo arquitectónico de Frank Gehry ubicado en el 100 South Grand Avenue, el museo ocupa aproximadamente 2.300 metros cuadrados distribuidos en cinco galerías que suman 1.500 millones de píxeles proyectados sobre paredes, techos y suelos. La exposición inaugural, titulada Machine Dreams: Rainforest, estará abierta al público hasta el 31 de enero de 2027.

El concepto del museo fue desarrollado por el artista y director artístico Refik Anadol junto a la investigadora cultural Efsun Erkiliç, quienes fundaron Dataland tras más de una década de exploración en el cruce entre arte, ciencia y tecnología. Anadol, conocido por sus instalaciones monumentales en espacios como The Sphere en Las Vegas, la Casa Batlló en Barcelona o el Museo de Arte Moderno de Nueva York, ha descrito el proyecto como un laboratorio de la imaginación: un espacio donde el arte ya no es un objeto estático sino un flujo continuo que emerge en tiempo real a partir de la interacción entre datos, cómputo algorítmico y presencia humana.

El ritual de acceso al museo está diseñado para preparar al visitante antes de sumergirlo en la experiencia sensorial. Tras escanear el boleto de entrada, una caja negra se abre y revela dos dispositivos: un difusor portátil de aromas y un brazalete biosensor de grado médico. Este brazalete registra en tiempo real las reacciones fisiológicas del cuerpo —frecuencia cardíaca, conductancia de la piel y otros biomarcadores— que el sistema interpreta como indicadores emocionales. Esa información alimenta el modelo de inteligencia artificial que gobierna la instalación, modificando las imágenes proyectadas, la composición sonora y las moléculas de aroma que se liberan en el espacio.

«La gente se pregunta: ¿está usando mis emociones? Sí, las usa. ¿Estoy oliendo moléculas de aromas personalizadas? Sí, estás oliendo en tiempo real los sueños de una máquina», explicó Anadol en una entrevista. La afirmación condensa el núcleo técnico y conceptual de la propuesta: el museo no solo exhibe arte generado por inteligencia artificial, sino que la experiencia misma se convierte en un circuito cerrado de retroalimentación entre el espectador y la máquina.

El motor que impulsa todo el ecosistema visual y sensorial de Dataland es el Large Nature Model (LNM), un modelo fundacional de inteligencia artificial entrenado específicamente para representar la naturaleza. Según datos proporcionados por el estudio de Anadol, el LNM fue entrenado con más de 500 millones de imágenes obtenidas de manera ética a través de acuerdos con instituciones como el Smithsonian Institution, el Museo de Historia Natural de Londres, el Cornell Lab of Ornithology, National Geographic, iNaturalist y Getty. El equipo recorrió 16 selvas tropicales del mundo durante aproximadamente dos años para recolectar el material, que incluye 400 horas de grabaciones sonoras, datos tridimensionales capturados con sensores LiDAR y cerca de 500.000 moléculas de aroma. El proceso de clasificación y organización de los datos tomó un año adicional.

Anadol ha señalado que la decisión de crear el Large Nature Model surgió tras constatar que los primeros grandes modelos de lenguaje disponibles en el mercado no representaban adecuadamente la diversidad del mundo natural. «No es solo otro modelo de IA. Es un modelo recopilado con armonía y con la idea de que algún día este museo pudiera soñar», declaró el artista. El LNM funciona sobre servidores de Google Cloud ubicados en Oregón, una zona de baja emisión de carbono, y el museo afirma que cada visita consume el equivalente energético aproximado a la carga completa de un teléfono iPhone.

La exposición Machine Dreams: Rainforest se estructura en cinco galerías que guían al visitante a través de un descenso metafórico hacia una selva digital. En la primera sala, pantallas introductorias explican los sistemas que operarán durante el recorrido. Luego, el público desciende por escaleras hacia un espacio inmersivo donde las imágenes evolucionan constantemente hacia formas orgánicas inspiradas en ecosistemas amazónicos. Una de las salas más destacadas es la Infinity Room, un espacio especular donde las proyecciones generan la ilusión de profundidad infinita y donde los visitantes pueden interactuar con representaciones digitales de fauna, como colibríes virtuales que responden al movimiento.

El museo también incluye una galería interactiva equipada con pantallas táctiles transparentes donde los asistentes pueden crear su propio arte en tiempo real utilizando lo que Anadol denomina un «pincel pensante»: una herramienta que combina la entrada del usuario con las predicciones del modelo de IA para generar composiciones visuales únicas. Hacia el final del recorrido, los visitantes tienen la oportunidad de degustar chocolates elaborados a partir de datos genéticos del cacao y la selva amazónica, y recibir un «souvenir» generado con la información recopilada durante su visita.

La instalación de Dataland en The Grand LA no es fortuita. El complejo, inaugurado en 2022, forma parte del Grand Avenue Project, un esfuerzo de revitalización urbana administrado por la Autoridad de Grand Avenue —un organismo conjunto del condado y la ciudad de Los Ángeles— que buscaba transformar el vecindario de Bunker Hill. El edificio de Gehry, ubicado frente al Walt Disney Concert Hall —también obra del mismo arquitecto—, se integra en un corredor cultural que incluye el Music Center, el Museo de Arte Contemporáneo (MOCA) y The Broad. Dataland se suma así a este ecosistema institucional como el primer espacio permanente dedicado exclusivamente a la intersección entre inteligencia artificial y artes visuales.

Sin embargo, la apertura del museo también plantea preguntas que trascienden la esfera artística. El uso de un brazalete biosensor que registra reacciones fisiológicas y las interpreta como datos emocionales abre un debate sobre privacidad y consentimiento en el contexto de la llamada inteligencia artificial emocional. La literatura académica sobre reconocimiento de emociones mediante dispositivos wearables ha señalado riesgos significativos: los datos biométricos, al ser potencialmente identificables de manera única, podrían equipararse jurídicamente a datos sensibles como la información genética o biométrica bajo regulaciones como el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) europeo. La pregunta sobre cómo se almacenan, procesan y eventualmente eliminan los datos recolectados durante cada visita no ha sido respondida con detalle en los materiales promocionales del museo.

Anadol ha declarado que «nunca usamos datos humanos personales en nuestras creaciones» y que todo el material utilizado para entrenar el LNM proviene de fuentes abiertas con permiso explícito. La distinción es relevante: el modelo no se entrenó con rostros ni datos personales de los visitantes, pero el brazalete sí recoge información biométrica individual durante la experiencia. El museo afirma que los datos se procesan en tiempo real y no se almacenan de forma permanente, aunque el souvenir personalizado que se entrega al final del recorrido sugiere que al menos una parte de esa información persiste más allá de la sesión.

El financiamiento y la escala del proyecto también merecen atención. Aunque el estudio de Anadol no ha divulgado públicamente el costo total de construcción y operación de Dataland, el espacio incluye un área de aproximadamente 930 metros cuadrados dedicada exclusivamente a los servidores y equipos que soportan el Large Nature Model. La sostenibilidad energética del proyecto ha sido un punto de énfasis en la comunicación del museo: el uso de energía renovable solar en el centro de datos de Oregón y la afirmación de que cada visita equivale a la carga de un teléfono intentan contrarrestar las críticas habituales sobre el alto consumo energético de los modelos de inteligencia artificial generativa.

La propuesta de Dataland representa un punto de inflexión en la historia de los museos como instituciones. Tradicionalmente concebidos como espacios de conservación y exhibición de objetos estáticos, los museos han evolucionado hacia formatos participativos e inmersivos en las últimas décadas. Sin embargo, la incorporación de inteligencia artificial que modifica la experiencia en función de las reacciones fisiológicas del espectador introduce una variable cualitativamente distinta: el visitante ya no es solo un observador activo, sino una fuente de datos que realimenta el sistema en un bucle continuo. La curaduría, en este contexto, deja de ser una selección previa de obras para convertirse en la definición de las reglas algorítmicas que determinarán cómo se genera el contenido en cada momento.

El éxito o fracaso de Dataland como modelo institucional dependerá de múltiples factores: la respuesta del público —que hasta enero de 2027 tendrá la oportunidad de evaluar la experiencia—, la capacidad del museo para sostener técnicamente su infraestructura computacional, y la transparencia con que maneje los datos biométricos de sus visitantes en un entorno regulatorio cada vez más atento a la privacidad digital. Por ahora, Dataland se presenta como un experimento a gran escala que fusiona arte, ciencia de datos e inteligencia artificial en un mismo espacio arquitectónico, y cuya principal ambición, en palabras de su fundador, es que las máquinas puedan soñar con la naturaleza.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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