En el exacto momento en que Claudia Piñeiro envió el manuscrito de «Las viudas de los jueves» al Premio Clarín Novela en 2005, su andar como escritora ya llevaba publicados tres títulos. Dos de ellos —»Serafín, el escritor y la bruja» (2000) y «Un ladrón entre nosotros» (2004)— pertenecían al universo de la literatura infantil. Aquel gesto de enviar una novela a un certamen literario no solo le valió el galardón, sino que transformó su perfil público: la figura de Piñeiro como escritora de novelas policiales y de fuerte impronta social comenzó a crecer de manera sostenida hasta convertirla en una de las voces más reconocidas de la narrativa en español. Sin embargo, el camino de regreso a la literatura para niños nunca se clausuró del todo. Ahora, con la publicación de «Mi miedo xixi» (Siglo para chicos), la autora vuelve sobre sus propios pasos para enfrentar —esta vez desde el otro lado de la página— el mismo vértigo que la habitó de pequeña.
«Mi miedo xixi» es, ante todo, un libro que se relaciona con la niña que Claudia Piñeiro fue y con los temores que la atravesaron. En diálogo con Clarín, la escritora explica que ese vínculo con la infancia es el motor del nuevo texto. La obra, ilustrada por Lulú Maranzana, narra la historia de una nena que tiene un problema enorme: una bruja que la espera de noche en el baño. Lejos de ser una mera ficción fantástica, el relato se inscribe en la tradición de los libros que abordan con sensibilidad los miedos infantiles sin subestimarlos ni edulcorarlos. La pregunta que surge de manera inevitable es: ¿qué libro le regalaría la Claudia Piñeiro de hoy a aquella niña que fue? La respuesta es precisa: «Las brujas» de Roald Dahl.
La elección de Dahl no es casual ni decorativa. Piñeiro sostiene que llegó a la obra del autor británico siendo ya algo más grande, y que ese descubrimiento tardío le permitió valorar con mayor profundidad el humor corrosivo y la inteligencia con la que Dahl trata a sus lectores infantiles. «No les quita partes del relato para que no sufran —explica la autora—. En todos sus libros hay mucho humor y también mucha tristeza, así como las formas de recuperarse de esa tristeza o de ese dolor. Las cosas no son perfectas en sus libros; ni siquiera a veces terminan bien en el sentido clásico. Pero hay posibilidades, hay esperanza». Esta mirada sobre la literatura infantil como un espacio donde la imperfección y la incomodidad tienen lugar es la misma que sostiene su propia escritura para adultos y que ahora traslada al nuevo libro.
La trayectoria de Piñeiro en el campo literario está marcada por ese mismo principio: las cosas no son perfectas. Tras «Las viudas de los jueves» y «Tuya» (2005), publicó una decena de novelas que exploran las grietas de lo social, lo familiar y lo íntimo: «Elena sabe» (2007), «Las grietas de Jara» (2009), «Betibú» (2011), «Un comunista en calzoncillos» (2013), «Una suerte pequeña» (2015), «Las maldiciones» (2017), «Catedrales» (2020), «El tiempo de las moscas» (2022) y «Una muerte ajena» (2024). Su producción incluye también los cuentos reunidos en «Quién no» (Alfaguara, 2018) y el volumen de teatro «Cuánto vale una heladera y otros textos de teatro» (2021). En paralelo, su trabajo como guionista —en particular como coautora con Marcelo Piñeyro de la serie «El Reino»— le valió el Premio Platino y la colocó en el centro de una controversia pública. Sectores religiosos organizados acusaron a la serie de estigmatizar a las iglesias evangélicas, desatando una campaña de acoso digital que la propia autora enfrentó con declaraciones públicas y una defensa sostenida de la libertad de expresión artística.
El reconocimiento internacional de su obra es extenso. Además del Premio Clarín Novela, Piñeiro recibió el LiBeraturpreis (Alemania), el Sor Juana Inés de la Cruz (México), el Rosalía de Castro del PEN de Galicia, el Pepe Carvalho del Festival Barcelona Negra, el Dashiell Hammett de la Semana Negra de Gijón, el Negra y Criminal del Festival Tenerife Noir y el Best Novel del Festival Valencia Negra. En 2022, la traducción al inglés de «Elena sabe» fue finalista del International Booker Prize, uno de los reconocimientos más prestigiosos de las letras mundiales. Estas distinciones trazan un arco que va desde el policial negro hasta la literatura infantil, demostrando una versatilidad que pocos autores logran sostener con la misma solidez.
En el centro de esa producción diversa persiste una inquietud que la autora reconoce desde la infancia: la finitud de la vida. «Desde muy chiquita tuve mucha inquietud por la muerte, por la finitud de la vida, y esa niña que sufría pensando en la finitud de la vida hubiera sentido cierta reparación si hubiera leído ‘Las brujas’ de Roald Dahl», asegura. Esa reparación es la que ahora intenta ofrecer con «Mi miedo xixi», un libro que no promete eliminar el miedo sino nombrarlo, darle forma y permitir que los lectores más pequeños puedan habitarlo sin sentirse solos.
Las implicancias de este gesto son múltiples. Por un lado, reubica a Piñeiro dentro del campo de la literatura infantil argentina, un espacio que ella misma ayudó a construir con sus primeros libros y al que ahora regresa con una madurez narrativa forjada en décadas de oficio. Por otro, reactiva una discusión sobre el lugar del miedo en la literatura para niños: ¿debe protegerse al lector infantil de las emociones incómodas? La respuesta de Piñeiro, alineada con la tradición de Dahl, es negativa. El miedo, la tristeza y la imperfección no solo son admisibles en los libros para chicos, sino necesarios para que la literatura cumpla su función de espejo y refugio.
En un contexto donde la oferta de entretenimiento infantil se disputa entre series, juegos, consolas y realidad virtual, la publicación de un libro que aborda el miedo con honestidad y sensibilidad representa una apuesta contracultural. Piñeiro no compite con la inmediatez de la pantalla: ofrece un tiempo otro, el de la lectura compartida, el de la página que se pasa con lentitud y la conversación que se abre después. «Mi miedo xixi» no es, entonces, solo un libro para chicos. Es también una declaración de principios sobre el tipo de literatura que merecen los niños y sobre el valor de contarles historias que no traicionen su inteligencia ni sus emociones.
La conclusión que emerge de este recorrido es que Claudia Piñeiro, lejos de abandonar el territorio infantil tras el éxito de sus novelas para adultos, vuelve a él con las herramientas de una escritora que sabe que los grandes temas —la vida, la muerte, el miedo, la esperanza— no tienen edad. Que pueden ser contados con humor y con tristeza, con grietas y finales abiertos. Y que, como en los libros de Roald Dahl, lo importante no es que todo termine bien, sino que exista la posibilidad de seguir adelante.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
