Cultura

Arturo Pérez-Reverte y ‘Línea de fuego’: la guerra como memoria olfativa y la batalla del Ebro revisitada a 90 años del conflicto

«La guerra tiene su olor particular, no se olvida nunca». Con esa contundente afirmación, el escritor español Arturo Pérez-Reverte, de 74 años y nacido en Cartagena en 1951, condensó en una entrevista realizada en la sede de la prestigiosa editorial Gallimard en París la impronta indeleble que dejaron en su biografía dos décadas de reporterismo bélico. «Es una especie de olor a carne podrida, a plástico quemado», precisó ante la prensa internacional, en el marco de la promoción de la edición francesa su novela «Línea de fuego», que la casa Gallimard publicará a finales de agosto.

La trayectoria profesional de Pérez-Reverte como corresponsal de guerra comenzó en la década de 1970 y se extendió durante 21 años, hasta 1994. Tras licenciarse en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, inició su carrera en el diario Pueblo, donde permaneció doce años, y posteriormente ejerció como corresponsal de Televisión Española (TVE) durante nueve años más. En ese período cubrió una veintena de conflictos armados en tres continentes: la guerra de Chipre en 1974, la guerra de Eritrea en 1977 —que lo marcó de manera particular y en la cual permaneció desaparecido durante varios meses—, el Líbano, el Sáhara, las Malvinas en 1982, El Salvador, Nicaragua, Chad, Libia, Sudán, Mozambique, Angola, el golfo Pérsico, Croacia y la guerra de Bosnia, entre otros escenarios de confrontación.

Durante esos años, su experiencia de primera línea fue configurando lo que él define como una «mochila de vida» y una «mochila de imágenes» que después devendría materia prima de su narrativa. «Un escritor es lo que ha leído, más lo que ha vivido, más lo que imagina. Tengo la ventaja de que yo tengo una mochila de vida importante para mí», sostiene. Y añade: «Cuando cuento el dolor, el fracaso, la muerte, no me lo estoy inventando… me basta recordar». Esa memoria sensorial —ese «olor particular» que identifica categóricamente— se constituyó en el fundamento documental de su producción literaria, junto con los 35.000 volúmenes que conforman su biblioteca personal.

Precisamente en «Línea de fuego», publicada originalmente en español en 2020 por Alfaguara y reeditada en 2026 en edición conmemorativa por el 90º aniversario del estallido de la Guerra Civil española, Pérez-Reverte volcó esa acumulación de reminiscencias para construir un fresco histórico centrado en diez días de combate durante la batalla del Ebro, conflicto que tuvo lugar entre el 25 de julio y el 16 de noviembre de 1938. Se trata de la confrontación más sangrienta de la contienda española, en la que se estima que participaron alrededor de 250.000 combatientes —aproximadamente 100.000 efectivos del Ejército del Ebro republicano frente a las fuerzas sublevadas— y que causó entre 20.000 y 30.000 muertos, más de 50.000 heridos en ambos bandos y cerca de 20.000 prisioneros.

La novela, galardonada con el Premio de la Crítica 2020 en su edición española, narra el asalto de la XI Brigada Mixta del ejército de la República —unidad ficticia compuesta por 2.890 hombres y 14 mujeres— que cruza el río en la noche del 24 al 25 de julio de 1938 para establecer una cabeza de puente en Castellets del Segre. La obra se estructura como una novela coral en la que conviven combatientes de ambos bandos enfrentados: el franquista y el republicano. Pérez-Reverte describe con minuciosidad los avances de unos y otros, los heridos en el frente, el cansancio, la sed y la angustia de quienes buscan huir, en un escenario de 800 kilómetros cuadrados de terreno que se convirtió en el espacio bélico más concentrado de toda la historia militar española.

La decisión de presentar a los dos bandos al mismo nivel ha suscitado críticas, ante las cuales el escritor responde con una formulación que intenta desmontar las dicotomías ideológicas: para él, quienes ocupaban las trincheras eran en todos los casos «seres humanos». «Chiquillos asustados, padres de familia preocupados por sus hijos, por su mujer, mujeres que sufren, hombres que matan, que sufren», enumera. «Son por la mañana héroes y por la tarde villanos». Esta mirada, que rehúye los esquemas de buenos y malos, se deriva directamente de su observación periodística en múltiples guerras: «Cubrí varias de ellas como reportero, y hay un momento en que descubres que una guerra civil no es la lucha del bien contra el mal… Sólo el horror enfrentado a otro horror».

El escritor, miembro de número de la Real Academia Española desde 2003 y autor de más de medio centenar de libros traducidos a más de 40 idiomas —entre ellos superventas como «El maestro de esgrima», «La tabla de Flandes» y la saga del capitán Alatriste—, nunca antes había centrado una de sus obras exclusivamente en la guerra civil española. Su pregunta retórica al referirse a su motivación es reveladora: «Los políticos españoles, tanto de derecha, de extrema derecha como de extrema izquierda, que no conocen ya la guerra civil ni saben nada de ella, la han recuperado como una herramienta política». A ello agrega: «Están contando la guerra civil gente de una generación que ni la vivió, ni la leyó, ni se la han contado», en alusión directa a quienes utilizan el recuerdo de un conflicto que terminó en 1939 como arma retórica contemporánea.

El contexto de la reedición reviste relevancia. Además del 90º aniversario del inicio de la contienda, el momento político español se caracteriza por una intensa disputa en torno a la memoria histórica. La batalla del Ebro, en particular, ha sido objeto de permanente revisión en los debates públicos: sus consecuencias sellaron el destino de la República, provocaron la caída de Cataluña en enero de 1939 y facilitaron el final de la guerra tres meses después. El ejército republicano quedó diezmado y perdió su mejor contingente, mientras que el ejército franquista, pese a sufrir también grandes pérdidas —incluidos unos 6.500 muertos según registros históricos—, conservó la iniciativa estratégica que condujo a la victoria definitiva.

Pérez-Reverte entiende que su función no es la de historiador, sino la de narrador que «recupera la memoria de nuestros padres y abuelos» a través de la ficción. «La guerra se ha convertido no en un recuerdo, ni una memoria, ni siquiera en una reivindicación dolorosa de las víctimas o sus descendientes, sino en una herramienta política de uso bastardo y partidista», declaró en entrevistas previas. La obra pretende ser, según su autor, un contraargumento literario a esa instrumentalización: una novela de hombres y mujeres en guerra, más que una novela sobre la Guerra Civil.

El alcance de su figura trasciende el ámbito estrictamente literario. Con 2,5 millones de seguidores en la red social X, Pérez-Reverte se mantiene como una de las voces más influyentes de la cultura española, aunque se define como «analfabeto digital» y afirma que «mi IA son los libros». Su próxima novela, «La hipótesis más peligrosa», verá la luz en octubre, mientras Netflix prepara la miniserie basada en «El problema final», sumándose a adaptaciones previas como «La novena puerta» con Johnny Depp o «Alatriste» con Viggo Mortensen.

En síntesis, la reedición de «Línea de fuego» en el año del 90º aniversario de la Guerra Civil española no solo conmemora un acontecimiento histórico, sino que reactualiza un debate sobre el uso del pasado con fines partidistas. La apuesta literaria de Pérez-Reverte consiste en reemplazar la narrativa maniquea por una descripción pormenorizada y casi documental del frente, alimentada por la experiencia de quien comprobó sobre el terreno que el olor de la guerra, como la memoria, no se borra.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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