Arquitectura

Arquitectura bioclimática: Silvia de Schiller y John Martin Evans explican cómo el diseño pasivo es clave ante el cambio climático

La arquitectura bioclimática y sustentable ha ganado relevancia en las últimas décadas como respuesta a la crisis climática y a la necesidad de reducir el impacto ambiental del sector de la construcción, responsable de aproximadamente el 40% de las emisiones globales de carbono. En Argentina, dos referentes indiscutidos en esta disciplina son Silvia de Schiller y John Martin Evans, cuya trayectoria de más de seis décadas ha marcado un camino en la integración del diseño pasivo como estrategia fundamental.

Contexto histórico: la evolución de la arquitectura sustentable en Argentina y el mundo

El interés por la arquitectura bioclimática no es nuevo. Desde la década de 1970, tras la crisis del petróleo, comenzaron a explorarse alternativas que redujeran la dependencia energética de los edificios. En Argentina, la producción de este tipo de arquitectura tuvo hitos importantes como la casa de alta tecnología de Vicente Krause y, más tarde, el edificio del Banco de la Nación Argentina, que incorporó estrategias pasivas. Sin embargo, fue recién en el siglo XXI que la sustentabilidad se consolidó como un eje central en la agenda urbana, con la sanción de la Ley Nacional de Educación Ambiental y la adhesión a acuerdos internacionales como el Acuerdo de París.

De Schiller y Evans, arquitectos por la Universidad de Buenos Aires, fueron pioneros en la investigación y docencia sobre arquitectura bioclimática, a través del Centro de Investigación Hábitat y Energía (CIHE) de la UBA. Su enfoque se basa en comprender las condiciones climáticas, culturales, económicas y territoriales antes de diseñar, para que las soluciones sustentables surjan de las decisiones de diseño y no se resuelvan a posteriori con tecnología mecánica.

Desarrollo: el Aeropuerto Ecológico de Galápagos como caso paradigmático

El ejemplo más emblemático de esta filosofía es el Aeropuerto Ecológico de Galápagos, ubicado en la isla Baltra, un sitio sin acceso a redes de agua potable ni energía eléctrica. Frente a estas restricciones, la premisa fue lograr el confort ambiental a través del diseño arquitectónico, sin depender de sistemas mecánicos.

La orientación del edificio fue modificada respecto de la pista de aterrizaje para captar los vientos predominantes y maximizar el enfriamiento pasivo. Se optimizaron la ventilación cruzada y el efecto chimenea, aprovechando la iluminación natural y la protección solar para evitar ganancias térmicas. La energía solar se incorporó solo para abastecer servicios indispensables, como la iluminación de áreas técnicas y la operación de equipos esenciales.

El edificio, de 7000 m², limita la climatización mecánica a áreas específicas, mientras que los espacios públicos funcionan exclusivamente con iluminación y acondicionamiento natural. Este logro no fue casualidad: se requirieron simulaciones ambientales que demostraron la viabilidad de un edificio naturalmente ventilado, incluso en un clima ecuatorial.

En cuanto a materiales, se reutilizó cerca del 80% de los componentes del edificio preexistente y se incorporaron elementos estructurales provenientes de tuberías recicladas de la industria petrolera, reduciendo la energía incorporada y las emisiones asociadas a la fabricación de nuevos materiales. Esta estrategia no solo reduce la huella de carbono, sino que también minimiza la generación de residuos en un ecosistema frágil como el de Galápagos.

Implicancias para el futuro de la arquitectura y la industria

El enfoque de De Schiller y Evans tiene profundas implicancias para la industria de la construcción en Argentina y la región. La incorporación de estrategias pasivas desde las etapas iniciales del diseño puede reducir el consumo energético de los edificios entre 30% y 60%, según estimaciones del sector. Esto se traduce en menores costos operativos y una mayor resiliencia frente a eventos climáticos extremos, como olas de calor o cortes de energía.

Además, la creciente presión de los inversores y los marcos regulatorios internacionales, como la Taxonomía de Finanzas Sostenibles de la Unión Europea, están impulsando a los desarrolladores a adoptar estándares más altos de eficiencia energética. En Argentina, la falta de una política integral de eficiencia energética en la construcción sigue siendo un desafío, aunque existen proyectos como el Plan de Vivienda Sustentable de la Secretaría de Energía.

La resiliencia climática no es solo una cuestión ambiental, sino también social y económica. Los edificios que dependen de sistemas mecánicos son vulnerables a las interrupciones del suministro eléctrico, un problema recurrente en países como Argentina. Por otro lado, el diseño pasivo, al basarse en recursos naturales como el sol y el viento, ofrece una mayor autonomía y adaptabilidad a las comunidades, especialmente en zonas rurales o aisladas.

Conclusión informativa

Silvia de Schiller y John Martin Evans, con su extensa trayectoria y su enfoque práctico, demuestran que la sustentabilidad arquitectónica es alcanzable mediante decisiones proyectuales inteligentes y no solo con tecnología avanzada. El Aeropuerto Ecológico de Galápagos es un caso de éxito que puede replicarse en otros contextos, adaptando las estrategias a las condiciones específicas de cada sitio.

En un mundo donde se espera que las temperaturas globales aumenten, la integración del diseño pasivo es una obligación ética y técnica. Los arquitectos y desarrolladores tienen la responsabilidad de priorizar la sustentabilidad desde el inicio, considerando el clima, la cultura, la economía y el territorio. Solo así podremos crear entornos construidos que sean resilientes, eficientes y respetuosos con el planeta.

Esta nota se basa en el contenido original del titular de Clarín y en información pública del Centro de Investigación Hábitat y Energía de la UBA y de la organización PLEA, que promueve la arquitectura pasiva y de baja energía a nivel internacional.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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