Agustina Caride tenía entre sus manos una versión adaptada de Alicia en el país de las maravillas, impresa en letras mayúsculas. No lo sabía entonces, pero ese encuentro con la obra de Lewis Carroll —la novela que Charles Lutwidge Dodgson publicó en 1865 bajo el seudónimo que lo inmortalizaría— marcaría el inicio de una relación con la literatura que décadas más tarde la llevaría a ganar el Premio Clarín de Novela 2021 con «Donde retumba el silencio». Hoy, cuando se le pregunta qué libro le regalaría a su yo niña, Caride no duda: «Le volvería a decir que lo lea». La recomendación no es caprichosa. La escritora, nacida en Buenos Aires en 1970 y formada en Letras en la Universidad de Buenos Aires, ha construido una carrera que transita tanto la narrativa para adultos como la literatura juvenil, con títulos publicados como «Cuando ella supo quién era Goldambeck» (Editorial Salim, 2014), «Última Generación» (Ediciones B, 2016) y «Los sueños también flotan», ganadora del II Concurso Internacional de Narrativa Young Adults. Pero su vínculo con Alicia no se detuvo en la infancia. «Leí de grande la versión completa y original, y la di en mis talleres de lectura», confiesa. Y agrega: «Cuando analizamos Alicia en el país de las maravillas en los talleres, salieron tantas cosas, casi como un país maravilloso».
Esa experiencia de lectura compartida es, precisamente, uno de los ejes del trabajo que Caride desarrolla como tallerista y gestora cultural. Además de escribir, coordina junto a Agustina Bazterrica el círculo literario Bazterrica-Caride, organiza espacios de formación para escritores y lectores, y promueve la Maratón Epistolar, un concurso que busca recuperar el género de las cartas postales en su formato analógico: esas que viajan desde la oficina del correo hasta la puerta de la casa de su destinatario. También coordinó el proyecto LiterAr, una iniciativa de difusión de la literatura argentina en articulación con editoriales como Planeta, Sudamericana, Adriana Hidalgo, Norma y Alfaguara. Su labor como crítica literaria en Ámbito Financiero y como lectora para la editorial Tusquets completa un perfil que abarca casi todos los rincones del ecosistema del libro.
Pero Caride también piensa en los lectores del futuro. Cuando se le propone un ejercicio de imaginación —regalarle a su yo niña un libro contemporáneo, en un viaje de ida y vuelta en el tiempo—, menciona dos títulos: «Lindo día para volar», de Verónica Sukaczer, una novela infantil que sigue las aventuras de Yaco, un loro gris africano, y Camacho, un camachuelo, en su tránsito hacia la libertad; y su propia novela «Cuando ella supo quién era Goldambeck». La elección no es aleatoria: ambas obras comparten una mirada que interpela a los lectores jóvenes desde la imaginación y la construcción de mundos propios.
En un contexto donde la lectura infantil y juvenil compite con series, juegos, consolas y realidad virtual, la pregunta sobre la vigencia del libro impreso se vuelve inevitable. Caride responde con un argumento que apela a la diferencia fundamental entre la imagen y la palabra: «Porque el libro tiene más interacción aunque no lo parezca. La imagen te lo ofrece todo, la palabra te hace volar y te obliga a ser quien debe construir en la cabeza ese universo. Leyendo imaginamos, damos forma a los personajes, dialogamos con ellos, nos anticipamos al argumento, vamos buscando un final. Leer también es jugar con una cabeza mucho más activa. Menos alienada».
La defensa de la lectura que propone Caride cobra especial relevancia a la luz de los datos disponibles sobre comprensión lectora en la región. Según las pruebas nacionales APRENDER realizadas en Argentina durante 2024, apenas el 45% de los estudiantes de 3º grado alcanza los niveles esperados de lectura. La desigualdad es aún más pronunciada cuando se desagrega por nivel socioeconómico: mientras que a nivel país uno de cada diez estudiantes no puede leer un texto simple, en zonas vulnerables la proporción asciende a uno de cada cinco. A nivel internacional, el estudio PIRLS evidencia que el 69% de los estudiantes latinoamericanos evaluados se encuentra por debajo de los niveles mínimos de comprensión lectora. La pandemia de COVID-19 agravó un rezago que ya existía, y los cambios en los hábitos de consumo cultural —con una migración masiva hacia soportes digitales— han modificado la manera en que niños y jóvenes se relacionan con los textos.
En este escenario, la recomendación de Caride adquiere un valor que trasciende lo anecdótico. Alicia en el país de las maravillas no es solo un clásico de la literatura infantil: es una obra que, desde su publicación en 1865, ha sido reconocida por su profunda influencia en la cultura popular y el género fantástico. La novela de Carroll —que inspira personajes como el Sombrerero Loco, la Reina de Corazones y el Gato de Cheshire— ha sido adaptada al cine, el teatro, la ópera, los videojuegos y, más recientemente, al ballet. Precisamente esta semana, el Teatro Colón de Buenos Aires presenta el estreno argentino de «Alice’s Adventures in Wonderland», con coreografía de Christopher Wheeldon y música de Joby Talbot, en una producción que previamente pasó por la Scala de Milán y que cuenta con la dirección musical de David Briskin. La función, que se extenderá del 16 al 26 de julio, representa un cruce entre la literatura del siglo XIX y la danza del siglo XXI, y demuestra que la historia de la niña que cayó por la madriguera del conejo sigue vigente.
Caride, mientras tanto, continúa su trabajo como escritora y gestora. «Donde retumba el silencio», la novela ganadora del Premio Clarín 2021 que se impuso entre 976 originales, narra la historia de dos amigas que se distancian por cuestiones políticas durante la pandemia, con la dictadura argentina como telón de fondo. Martín Caparrós, miembro del jurado, definió la obra como «una novela que no lo dice todo», donde «todo retumba, no solo el silencio». La obra fue publicada y presentada en la Feria del Libro de Buenos Aires. Caride también obtuvo una beca del Fondo Nacional de las Artes en 2008, fue finalista del Concurso de Novela Juvenil Aldea Literaria en 2017, y ganó el Premio Novela Young Adult en 2020.
En un contexto donde la alfabetización enfrenta desafíos estructurales en Argentina y América Latina, la propuesta de Caride —leer con los chicos, compartir los libros, analizarlos en taller— se inscribe en una tradición que entiende la lectura como un acto colectivo. Desde la Maratón Epistolar, que busca rescatar el intercambio de cartas postales como género en extinción, hasta sus recomendaciones literarias, la autora apuesta por la palabra escrita como un espacio de resistencia frente a la inmediatez de la imagen. «Leer también es jugar», dice. Y quizás esa sea la clave: entender que la lectura, lejos de ser una actividad pasiva, es un juego en el que el lector construye activamente el mundo que habita.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
