La comunidad académica de la arquitectura y el urbanismo despide a Rafael Esteban José Iglesia, conocido entrañablemente como ‘Felito’, quien falleció el 5 de octubre de 2026. Su trayectoria como arquitecto, docente, investigador y ensayista dejó una huella profunda en el pensamiento crítico contemporáneo en la Argentina, con una dedicación notable al estudio de la historia arquitectónica, la dimensión vivencial de la ciudad y las formas del habitar. Para comprender la magnitud de su legado, es necesario remontarse al contexto en que desarrolló su labor y contrastarlo con las transformaciones que atravesó la disciplina en las últimas décadas.\n\nNacido en Buenos Aires, Iglesia se graduó en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (FADU-UBA), institución que por entonces consolidaba un perfil experimental y crítico, en sintonía con los debates internacionales sobre el movimiento moderno y sus revisiones. Su formación coincidió con un período de efervescencia cultural y política en Argentina, entre las décadas de 1960 y 1970, cuando la arquitectura local buscaba identidad propia frente a las corrientes importadas. En ese marco, Iglesia se vinculó al grupo Onda Arquitectura, asociado a las búsquedas teóricas de la corriente de las ‘casas blancas’, un movimiento que reaccionó contra el racionalismo ortodoxo y exploró nuevas formas de habitar. Esta agrupación, activa en los años setenta, fue un antecedente clave para la renovación conceptual que luego daría forma a su producción bibliográfica.\n\nA lo largo de su carrera, Iglesia desempeñó un rol central en la FADU-UBA, donde fue Profesor Titular Consulto, director de la Maestría en Historia y Crítica de la Arquitectura y del Urbanismo, e integró la Comisión de Doctorado. Además, fue investigador del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas ‘Mario J. Buschiazzo’ (IAA), un espacio pionero en el estudio de la historia de la arquitectura argentina y latinoamericana. Su labor docente se extendió a otras universidades nacionales como La Plata, Tucumán, Litoral y San Juan, lo que evidencia un compromiso federal con la formación de profesionales y la difusión del conocimiento.\n\nEn el plano de la gestión cultural, Iglesia fue director de Museos de la Secretaría de Cultura de la Nación y dirigió el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA). Su paso por el MNBA, en un contexto de políticas culturales cambiantes, coincidió con una etapa de apertura y modernización de la institución. En 1992 integró el Gran Jurado de los Premios Konex en Artes Visuales y coordinó la edición del volumen ‘100 Obras Maestras, 100 Pintores Argentinos 1810-1994’, un proyecto editorial que buscó sintetizar el arte nacional en un período clave.\n\nLa producción bibliográfica de Iglesia es vasta y diversa. Entre sus obras más destacadas se encuentran ‘Buckminster Fuller, Archigram & Co. La reacción antirracionalista de las casas blancas’ (1978, en coautoría con G. Gregorio y M. Sabugo), ‘Arquitectura historicista en el siglo XIX’ (1979), ‘Noroeste’ (1980), ‘Cronología de la historia moderna’ (1981, junto a M. Arana), ‘Roma: territorio, ciudad y arquitectura en la antigüedad’ (1983, con M. Sabugo) y la compilación satírica ‘El rol del arquitecto en la guerra de las galaxias’ (1979). En libros posteriores como ‘La ciudad y sus sitios’ (1987), ‘Sobre imaginarios urbanos’ (2001, con L. Alburquerque), ‘Habitar, diseñar’ (2010) e ‘Imaginar la ciudad’ (2010), profundizó en las representaciones culturales del entorno construido y en la experiencia cotidiana del espacio.\n\nSus artículos en revistas especializadas como ‘Nuestra Arquitectura’, ‘Notas desde el Sur’, ‘Área 30-60’ y ‘Summa+’ trazan un itinerario conceptual que aborda las dinámicas urbanas marginales y cotidianas. En ellos se percibe una mirada fenomenológica que contrasta con los enfoques más técnicos o estructuralistas dominantes en ciertos períodos. Iglesia se interesó por las formas en que los habitantes perciben y significan la ciudad, un enfoque que hoy resuena en los estudios urbanos contemporáneos.\n\nPara dimensionar su aporte, conviene comparar su trayectoria con la de otros referentes de la historiografía arquitectónica argentina, como Marina Waisman o Jorge Francisco Liernur. Mientras Waisman se centró en la crítica y la historiografía desde una perspectiva latinoamericana, y Liernur abordó la relación entre arquitectura y política, Iglesia se distinguió por una aproximación que combinaba el rigor histórico con la exploración de los imaginarios urbanos y la vida cotidiana. Su obra anticipó temas que hoy son centrales en la agenda académica, como la dimensión subjetiva del espacio y las culturas urbanas marginales.\n\nEl fallecimiento de Iglesia se produce en un momento en que la arquitectura argentina enfrenta nuevos desafíos: la crisis habitacional, la expansión de asentamientos informales y la necesidad de repensar el rol del arquitecto en la sociedad. Sus reflexiones sobre el habitar y el diseño adquieren renovada vigencia. Diversos medios locales, como La Nación, Infobae y Página/12, han destacado su legado, subrayando su capacidad para tender puentes entre la historia, la teoría y la práctica proyectual. En sus obituarios, colegas y discípulos resaltan su generosidad intelectual y su compromiso con la enseñanza pública.\n\nLa influencia de Iglesia se extiende también a la formación de nuevas generaciones de investigadores. La Maestría en Historia y Crítica de la Arquitectura y del Urbanismo, que dirigió, se consolidó como un espacio de referencia en el país. Su paso por el IAA dejó publicaciones y proyectos que aún hoy son consultados. En un contexto de creciente especialización disciplinar, su figura representa una rara combinación de erudición histórica y sensibilidad por las problemáticas sociales.\n\nEn conclusión, Rafael ‘Felito’ Iglesia fue un actor clave en la construcción de una mirada crítica sobre la arquitectura y la ciudad en Argentina. Su obra, que abarca desde el análisis histórico hasta la reflexión sobre los imaginarios urbanos, constituye un aporte fundamental para entender cómo se pensó y se vivió el espacio construido en el país durante más de medio siglo. Su fallecimiento deja un vacío en la academia, pero también un legado que seguirá inspirando a quienes investigan y enseñan arquitectura. La comunidad académica lo despide con reconocimiento a su trayectoria y a su permanente vocación por comprender las formas del habitar humano.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
