En el sur de Cerdeña, una nueva bodega desarrollada por los arquitectos de Spaziozero (Lorenzo Ciccu, Simone Langiu y Nicola Melis) junto a X Architekten ZT GmbH para Tenute Maestrale – Società Agricola Spinarba Srl ha captado la atención del mundo de la arquitectura por su enfoque de integración con el paisaje. La obra, ubicada en un territorio definido por viñedos y olivares, evita la condición icónica y se propone como una prolongación del terreno. Esta estrategia no es un caso aislado: se inscribe en una larga tradición de intervenciones que buscan mimetizarse con el entorno agrícola, desde las casas de piedra seca del Mediterráneo hasta las bodegas contemporáneas que utilizan la topografía para regular la temperatura y minimizar el impacto visual.
La historia de la arquitectura enterrada o semi-enterrada en zonas vitivinícolas se remonta a las antiguas técnicas de conservación del vino, que aprovechaban la inercia térmica del suelo. En Cerdeña, la producción vinícola tiene raíces que se hunden en la época fenicia y romana, cuando ya se cultivaban viñas en las laderas de la isla. La denominación de origen controlada (DOC) más antigua de Cerdeña es la de Vermentino di Gallura, establecida en 1975, pero la tradición se remonta a siglos atrás. En las últimas décadas, la región de Parteolla, donde se emplaza esta bodega, ha visto un resurgimiento de la actividad vitivinícola con la aparición de pequeñas bodegas artesanales que apuestan por variedades autóctonas como el Cannonau, el Vermentino y el Nuragus.
El proyecto de Tenute Maestrale se suma a esta tendencia, pero con una particularidad: la bodega se entierra parcialmente para que solo su fachada sur sea visible. Esta decisión reduce el impacto visual y convierte la cubierta en una terraza panorámica orientada hacia la región de Parteolla y las montañas de Gerrei. La fachada sur está revestida con chapas perforadas de acero, un material que dialoga cromáticamente con los tonos del paisaje y que, con el tiempo, desarrollará una pátina que reforzará su integración. La evolución natural del material incorpora una dimensión temporal que refuerza el vínculo entre la obra y su contexto.
La organización funcional responde a los requerimientos productivos y a la experiencia de los visitantes. Sobre la cubierta emerge un cilindro revestido con lamas de acero galvanizado que concentra los accesos. En torno al núcleo del ascensor se desarrollan escaleras helicoidales que conectan los distintos niveles. Este elemento, que podría recordar a las torres de las antiguas fortificaciones nurágicas, se convierte en un hito visual que organiza el conjunto sin competir con el paisaje.
La arquitectura de bodegas ha experimentado una transformación significativa en las últimas décadas. En el pasado, las bodegas solían ser edificios industriales de gran escala, a menudo ubicados en las afueras de las ciudades. Sin embargo, a partir de los años 90, arquitectos como Santiago Calatrava, Herzog & de Meuron y Zaha Hadid comenzaron a diseñar bodegas que combinaban la función productiva con el atractivo turístico y la integración paisajística. Ejemplos paradigmáticos son la Bodega López de Heredia en Rioja, España, o la Bodega Antinori en Toscana, Italia. En Argentina, la bodega Salentein en Valle de Uco, Mendoza, inaugurada en 1999, marcó un antes y un después al integrar arte, arquitectura y producción vitivinícola.
El proyecto de Spaziozero y X Architekten se distingue por su bajo perfil y su estrategia de sustracción. La gran logia vinculada a la sala de degustación permite el ingreso de luz natural y establece una relación directa entre los visitantes y el entorno. El vacío profundo que señala el acceso al sector productivo transforma la llegada a las áreas técnicas en una secuencia espacial definida por la profundidad y la transición entre exterior e interior. Esta aproximación recuerda a las bodegas subterráneas tradicionales, pero con un lenguaje contemporáneo.
La elección de materiales no es azarosa. El acero perforado y las lamas galvanizadas son materiales industriales que, sin embargo, se mimetizan con los colores de la tierra y la vegetación. La pátina que desarrollarán con el tiempo los integrará aún más al paisaje. Esta idea de materialidad cambiante se alinea con la filosofía del «tiempo» en la arquitectura, donde el edificio envejece y se transforma junto con su entorno.
Desde una perspectiva económica, la inversión en bodegas de diseño se ha convertido en un motor para el enoturismo. Cerdeña, con su creciente industria vitivinícola, busca atraer a visitantes interesados en experiencias auténticas. La región de Parteolla, en particular, está experimentando un auge de pequeñas bodegas que ofrecen degustaciones y recorridos. La nueva bodega de Tenute Maestrale se posiciona como un atractivo adicional, con su terraza panorámica y su arquitectura integrada.
Sin embargo, este tipo de proyectos también plantea desafíos. La construcción semi-enterrada requiere técnicas de ingeniería más complejas y costosas que una bodega convencional. Además, la integración paisajística puede entrar en conflicto con las normativas urbanísticas locales, que a menudo favorecen la visibilidad de las edificaciones. En el caso de Cerdeña, la protección del paisaje es una prioridad, y las autoridades han establecido estrictas regulaciones para las construcciones en zonas rurales.
La comparación con otras regiones vitivinícolas revela que la tendencia hacia la integración paisajística es global. En Mendoza, Argentina, bodegas como Zuccardi Piedra Infinita (2016) se han construido semienterradas para aprovechar la inercia térmica y minimizar el impacto visual. En Napa Valley, Estados Unidos, la bodega Opus One (1991) de Robert Venturi y la bodega Dominus (1997) de Herzog & de Meuron también exploraron la relación entre arquitectura y viñedos. En todos los casos, el objetivo es similar: crear un diálogo entre la producción, el consumo y el paisaje.
El proyecto de Tenute Maestrale aún no tiene fecha de finalización confirmada, pero se espera que esté operativo para la vendimia de 2027. La bodega contará con una capacidad de producción de 150.000 botellas anuales, según fuentes del sector. La inversión estimada ronda los 5 millones de euros, financiados en parte con fondos europeos para el desarrollo rural.
La relevancia de esta obra radica en su capacidad de sintetizar tradición y modernidad. Al enterrarse, la bodega no solo se mimetiza con el paisaje, sino que también establece un vínculo con las antiguas técnicas de vinificación. La cubierta transitable se convierte en un mirador hacia los viñedos, invitando a los visitantes a comprender el origen del vino. En un momento en que la arquitectura busca respuestas sostenibles, este proyecto ofrece una lección: a veces, la mejor manera de destacar es desaparecer.
En conclusión, la bodega de Tenute Maestrale representa un eslabón más en la evolución de la arquitectura vitivinícola, donde la integración con el paisaje y la eficiencia energética son prioridades. Su diseño, que combina la herencia agrícola de Cerdeña con soluciones contemporáneas, podría convertirse en un referente para futuras intervenciones en la región. A medida que la industria del vino continúa globalizándose, proyectos como este demuestran que la identidad local y la innovación pueden coexistir armoniosamente.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
