En el tejido urbano de Buenos Aires, los PH (propiedad horizontal) constituyen una tipología habitacional con una historia particular. Surgidos a partir de la subdivisión de antiguas casas chorizo durante la primera mitad del siglo XX, estos inmuebles de pasillo y patio trasero representan hoy una porción significativa del stock residencial de barrios como Caballito, Flores, Villa Crespo y Almagro. Muchos de ellos, construidos hace más de setenta años, llegaron al siglo XXI con severos problemas de mantenimiento, distribuciones compartimentadas y una relación deficiente con el exterior. La reforma de uno de estos PH, llevada a cabo por los arquitectos Rodrigo del Castillo y Paula Casado, del estudio CDC Arquitectura, no solo recuperó un inmueble prácticamente inhabitable, sino que propone una relectura de su lógica espacial que dialoga con las transformaciones urbanas y habitacionales de las últimas décadas.
El estado original del PH presentaba un deterioro generalizado: instalaciones obsoletas, humedad, ambientes reducidos y una circulación que forzaba recorridos innecesarios. La cocina y el baño, ubicados en el fondo, bloqueaban el acceso al patio y convertían ese espacio en un ámbito de servicio desvinculado del resto de la vivienda. Este esquema, común en muchas construcciones de mediados del siglo XX, respondía a una organización doméstica jerárquica donde las áreas de servicio se mantenían separadas de las sociales. Sin embargo, los modos de habitar contemporáneos demandan mayor integración, flexibilidad y aprovechamiento de la luz natural.
Para contextualizar la intervención, es útil remontarse a los antecedentes de la vivienda en PH en Buenos Aires. Durante las décadas de 1940 y 1950, el crecimiento demográfico y la expansión de la ciudad impulsaron la construcción de casas de pasillo con patios laterales o traseros. Estos espacios exteriores funcionaban como extensión de las tareas domésticas y, en muchos casos, como únicos pulmones de ventilación e iluminación. Con el correr de los años, el aumento del valor del suelo y la densificación llevaron a que muchos patios fueran techados o subdivididos, perdiendo su función original. No fue sino hasta la década de 1990, y con más fuerza en los 2000, que arquitectos y desarrolladores comenzaron a revalorizar el patio como núcleo de la vida doméstica, siguiendo tendencias internacionales de integración de espacios interiores y exteriores.
La reforma de CDC Arquitectura se inscribe en esa corriente, pero introduce una solución proyectual específica: un gran equipamiento lineal de guatambú que recorre la medianera y concentra múltiples funciones. Esta pieza, más que un mueble, actúa como el organizador central de la vivienda. En su sector central aloja la cocina; hacia el estar, integra el soporte para el televisor; y hacia el comedor, se transforma en la escalera que conduce al entrepiso. Bajo los peldaños se genera un espacio para mascotas, y en el baño, funciones de lavadero y almacenamiento oculto. Esta solución recuerda a las unidades de servicio de las viviendas modernas del movimiento moderno, pero adaptada a un programa doméstico actual y a un presupuesto acotado.
La demolición de la cocina y el baño originales permitió trasladar la circulación hacia el interior y liberar el acceso desde el patio. Esta operación generó una secuencia espacial fluida donde los ambientes se articulan visual y funcionalmente en torno a un espacio común. El entrepiso incorporado, destinado al descanso, balconea sobre el comedor y amplía la percepción espacial del ambiente principal. Debajo de este nivel se ubica un pequeño baño revestido en amarillo claro, cuyo tratamiento cromático enfatiza su condición de núcleo autónomo dentro de una intervención integral.
La materialidad refuerza la búsqueda de unidad. Sobre muros neutros, el guatambú aporta calidez y continuidad; la mesada de acero inoxidable introduce un contrapunto técnico en la cocina, y una alacena laqueada en naranja funciona como acento visual. Los pisos de baldosas rectangulares de terrazo, frecuentes en construcciones antiguas, se conservaron o replicaron para mantener la memoria del lugar. Esta combinación de elementos modernos y preexistentes es una constante en las reformas de PH que buscan preservar la identidad del barrio sin renunciar a la funcionalidad contemporánea.
El impacto de este tipo de intervenciones trasciende lo individual. En un contexto de crisis habitacional y aumento sostenido de los alquileres, la recuperación de inmuebles deteriorados contribuye a ampliar la oferta de vivienda en áreas consolidadas. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la Ciudad de Buenos Aires concentra alrededor del 8% de la población del país, pero enfrenta una demanda creciente de soluciones habitacionales. La Cámara Argentina de la Construcción (CAMARCO) ha señalado en informes recientes que la refacción y ampliación de viviendas representa un segmento dinámico, aunque limitado por la volatilidad económica y la escasez de crédito hipotecario.
Desde la perspectiva urbanística, la reforma de PH también plantea un debate sobre la densificación. Mientras algunos expertos promueven la construcción en altura para aprovechar la infraestructura existente, otros defienden la preservación de tipologías de baja escala que favorecen la cohesión social y la calidad de vida. La intervención de CDC Arquitectura, en este sentido, demuestra que es posible aumentar la superficie útil sin alterar la huella original del inmueble, una estrategia que dialoga con las políticas de desarrollo urbano sostenible.
La relación con el patio es otro aspecto destacado. Al liberar el acceso, el patio recupera su rol de espacio de transición y expansión. Esta decisión se alinea con las enseñanzas de la arquitectura bioclimática, que promueve el uso de patios para ventilación cruzada e iluminación natural, reduciendo el consumo energético. En una ciudad donde los veranos son cada vez más calurosos, estas soluciones resultan cada vez más relevantes.
En conclusión, la reforma de este PH en Buenos Aires ilustra cómo una intervención arquitectónica puede revertir el deterioro y, al mismo tiempo, actualizar la vivienda a los modos de vida actuales. La pieza de guatambú como organizadora espacial, la reubicación de servicios y la puesta en valor del patio son operaciones que sintetizan décadas de evolución en el diseño de interiores y en la planificación urbana. Lejos de ser un caso aislado, refleja una tendencia consolidada en la Ciudad de Buenos Aires y ofrece lecciones aplicables a otros contextos similares en América Latina. La historia de los PH es la historia de la ciudad misma: transformación, adaptación y persistencia de una tipología que, bien intervenida, sigue siendo una respuesta válida para el hábitat contemporáneo.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
