Durante décadas, el modelo BIM fue considerado un entregable más en el ciclo de vida de un edificio: se producía para la fase de diseño y construcción, se utilizaba durante la obra y, finalmente, se archivaba sin darle un uso posterior. La pregunta que siempre quedaba sin respuesta era qué ocurría con toda esa información cuando el edificio comenzaba a operar. Hoy, la respuesta es contundente: ese modelo no debería morir con la entrega de llaves, sino que debería evolucionar y volverse más inteligente a medida que el edificio funciona. Eso es, precisamente, lo que significa un gemelo digital.
El concepto de gemelo digital se origina en la industria aeroespacial, donde la NASA lo utilizó para monitorear y simular sistemas complejos en tiempo real. En la edificación, su adopción implica conectar el modelo BIM con sensores IoT (Internet de las Cosas) que recopilan datos del edificio real, como temperatura, humedad, nivel de CO2, consumo eléctrico, entre otros. Estos datos alimentan el modelo, permitiendo una representación viva y actualizada del edificio en tiempo real.
Un ejemplo notable es el monitoreo remoto de dos centros de datos en Buenos Aires, donde la temperatura y el consumo energético son críticos y no existía una forma eficiente de controlarlos centralizadamente. La solución no fue únicamente tecnológica, sino también metodológica: se requería conectar el mundo físico con el digital en tiempo real, y con contexto. No bastaba con un sensor que midiera temperatura; era necesario saber a qué equipo, en qué sala y con qué umbral de alerta se asociaba. Esta necesidad llevó al desarrollo de metodologías que parten del escaneo láser 3D de la infraestructura real, para luego estructurar esa información en un modelo BIM y, finalmente, integrarla en una plataforma de gestión operativa a través de un Entorno Común de Datos (CDE, por sus siglas en inglés).
Este enfoque se implementa en etapas, que funcionan como un ciclo continuo: realidad, escaneo, modelado y operación. El escaneo láser 3D captura la geometría exacta del edificio tal como fue construido, no como fue proyectado, lo que elimina uno de los problemas más habituales en remodelaciones y retrofits: trabajar con planos desactualizados. El modelo resultante se convierte en un gemelo estructural, que luego se conecta a datos vivos mediante sensores IoT, capaces de generar alertas cuando los parámetros se salen de los rangos establecidos.
Lo que impresiona a los usuarios es la visualización: el modelo 3D presenta un mapa de densidad que muestra el estado de cada activo en tiempo real. Ya no se leen listas interminables de datos, sino que se ve el edificio. Un operador puede detectar un problema en segundos, porque lo ve, no porque lo deduce. Esta visualización intuitiva no solo acelera la toma de decisiones, sino que también reduce los tiempos de respuesta ante fallas, mejorando la eficiencia operativa.
Un aspecto clave de esta tecnología es que no impone una transformación digital total de manera abrupta, sino que establece una escala de madurez que permite avanzar gradualmente. El primer nivel es el gemelo descriptivo, donde los modelos se vinculan en la nube con información estandarizada: activos, sistemas, espacios, inventarios, manuales técnicos. Todo accesible desde un único punto. Este nivel ya representa una mejora significativa respecto a tener la información dispersa en carpetas, correos y PDFs desactualizados.
En Argentina, la adopción de estas tecnologías aún es incipiente si se la compara con países como Estados Unidos, Reino Unido o Singapur, donde los estándares BIM son obligatorios en proyectos públicos. Sin embargo, el país cuenta con profesionales capacitados y empresas que están comenzando a explorar estas herramientas. Según el informe ‘Estado del BIM en Argentina’ de la Cámara Argentina de la Construcción, el uso de BIM ha crecido en los últimos años, especialmente en proyectos de gran escala, impulsado por su potencial para reducir costos y mejorar la coordinación.
Los expertos coinciden en que los gemelos digitales representan el siguiente paso lógico tras la implementación de BIM. Gastón Ocampo, especialista en gestión de activos, señala que ‘el valor de un gemelo digital radica en su capacidad para anticiparse a fallas y optimizar el consumo energético, lo cual es crítico en un contexto de eficiencia energética que se ha vuelto central en las políticas urbanas porteñas’. En este sentido, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ha lanzado iniciativas para que los edificios públicos incorporen sensores inteligentes, pero aún no se exige la implementación de gemelos digitales.
A largo plazo, la evolución hacia gemelos predictivos y prescriptivos, capaces de simular escenarios y sugerir mejoras, podría transformar el mantenimiento y la operación de todo el parque edilicio. Sin embargo, persisten desafíos: la inversión inicial, la capacitación técnica, la interoperabilidad entre plataformas heterogéneas y el aseguramiento de la ciberseguridad de los datos. Por parte de los expertos consultados, la recomendación es avanzar gradualmente, implementando primero gemelos descriptivos en algunos activos clave, para luego ir incorporando funcionalidades más avanzadas. El objetivo final es que todo edificio, no solo los centros de datos, pueda ‘hablar’ y permitir una gestión más inteligente, sostenible y rentable.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
