Cultura

Limo en Recoleta: el arte del Norte argentino cruza la frontera de la geografía para instalarse en Buenos Aires

La pregunta que atraviesa la muestra Limo resulta tan sencilla como incómoda: ¿es posible trasladar el Norte argentino a un local de Buenos Aires? La respuesta, al menos por unas semanas, se despliega en la calle Paraná 1158, en pleno barrio de Recoleta, donde convergen obras de artistas y artesanos provenientes de Jujuy, Tucumán, Baradero, Santiago del Estero y Salta. La exposición, con curaduría de Joaquín Rodríguez —uno de los coleccionistas y curadores más federales del circuito argentino—, reúne textiles, fotografías, dibujos, cerámicas y objetos que establecen puentes inéditos entre territorio, memoria e identidad.

El origen de Limo se remonta a un encuentro fortuito ocurrido durante la Feria de Arte de Salta (FAS) 2025, donde Otto Galería —con base en Tilcara— y Uncu debieron compartir espacio. De esa convivencia circunstancial surgió la decisión de articular un proyecto conjunto que recobrara experiencias de vida, territorios y saberes. La palabra limo evoca esa mezcla fértil de tierra, materia orgánica y agua capaz de transformar el suelo, y es precisamente esa imagen la que Rodrigo Rodríguez utiliza como metáfora curatorial: la exposición como superficie dispuesta a recibir nuevas historias y lenguajes entrelazados.

Uncu, la galería creada por Candelaria Aaset e Itamar Hartavi, se ha posicionado desde sus inicios como un espacio de investigación y producción focalizado en remover la falsa frontera entre arte, diseño y artesanía. Su trabajo prioriza la multidimensionalidad de los objetos, el diseño de pequeñas economías y la interrelación entre vida cotidiana, saberes materiales y experimentación artística, en colaboración permanente con artistas de pueblos originarios. Este enfoque conceptual se materializa en Limo a través de la obra de Fidela Flores, tejedora y maestra del pueblo Wichí, quien trabaja el chaguar, una fibra recolectada en el monte chaqueño.

La producción de Flores actualiza conocimientos ancestrales cargados de iconografías propias de su pueblo mediante nuevas formas de exploración personal. Sus piezas incorporan brillos y simbologías renovadas, donde los colores cambian, las formas dejan de ser estrictamente utilitarias y aparecen combinaciones que testimonian una contemporaneidad viva. Además, impulsa la colectiva Unión Tsufwelej, que agrupa a mujeres artesanas en proyectos productivos y artísticos de base comunitaria. En la misma línea, las Mujeres de la comunidad Wichí 27 de Junio de La Puntana presentan vasijas de chaguar que otrora contenían agua y hoy alojan aire, vacío y memorias, configurando nuevas formas de encuentro comunitario.

El apartado fotográfico de la muestra corre por cuenta de Florencia Blanco, artista que combina su residencia en la ciudad de Salta con viajes al territorio andino que incluye esa provincia, Jujuy y Bolivia. Su vínculo con el legado del Imperio Incaico le ha permitido desplazarse de los estereotipos para generar investigaciones situadas en el cruce entre lo ancestral y la actualidad. En Limo se exhiben algunas de sus grandes fotografías de los cholets de El Alto, Bolivia, ciudad ubicada a más de 4.000 metros de altura. Se trata de construcciones encargadas por comerciantes y empresarios indígenas —muchos de ellos aymaras— que han prosperado y expresan con orgullo sus raíces culturales. Cada piso de estos edificios tiene un uso específico, mientras las fachadas se inspiran tanto en los tejidos tradicionales andinos como en la cultura pop global. Las fotografías documentan, además, el universo de la festividad de Alasita, las miniaturas artesanales que se ofrecen cada enero en La Paz y otras ciudades bolivianas como ofrenda para atraer la abundancia.

En otra escala, las piezas de Lucas Gerónimo producen series de cruces de belleza particular al utilizar materiales para tejer y enlazar textiles de procedencias muy disímiles. El artista emplea los hilos para reconstruir y reparar cuerpos y formas que van desde restos de cerámica antigua hasta cables de conexión de cargadores de teléfono celular, logrando una nueva apariencia que invita a un recorrido de descubrimiento. La muestra incluye también las fotografías de Marcelo Abud, artista nacido en Perico, Jujuy, en 1975, quien recupera espacios domésticos como las ferias al aire libre y registra retratos donde la indumentaria sintetiza lo arcaico del carnaval con los materiales sintéticos que circulan en las vestimentas populares, donde el brillo otorga al atuendo una experiencia necesaria. Su manera de fotografiar remite a las instantáneas de aficionados, aunque detrás de esa aparente simplicidad se despliega una mirada detenida sobre la armonía de los colores pastel y el fuerte contraste de los colores populares, resultado de la mezcla entre cultura andina y cultura popular.

La joven Victoria Pastrana, nacida en Amaicha del Valle, Tucumán, en 1999, conecta en su obra el textil con la performance y la recuperación de su identidad indígena. En 2025 obtuvo el primer premio de Escultura en el Salón Nacional por su obra «A pesar», y desarrolla proyectos de alcance internacional con programas como ONDA y «Textiles Semilla». Su trabajo articula textiles, barro y performance para visibilizar las tensiones entre identidad, racismo y extractivismo, y ha declarado que su práctica «es resistencia», construida desde conocimientos y pensamientos colectivos constantemente amenazados con caer en el olvido.

Cierra el conjunto la obra de Virginia Vitar, nacida en Santiago del Estero en 1979 y formada en Tucumán, quien dialoga con lo que define como «la inefabilidad de la yunga tucumana», trasladando a sus acuarelas y cerámicas las huellas del paisaje vegetal mediante el dibujo y la repetición de la línea. Su práctica parte del trazo repetido y superpuesto, que deja de ser aislado para convertirse en un brote que se expande y evoca formas vegetales. Vitar fue seleccionada para la Beca a la Creación del Fondo Nacional de las Artes en 2022 y ha participado en proyectos latinoamericanos de ilustración contemporánea.

La muestra Limo no se limita a presentar obras; configura un dispositivo que resignifica las prácticas textiles y fotográficas del Norte argentino en el circuito centralizado porteño. La alianza entre Otto Galería y Uncu, ambas con raíces profundas en el territorio jujeño, instala un modelo de circulación que desafía la tradicional centralidad de Buenos Aires en el mercado del arte, al tiempo que incorpora a artistas y artesanos de pueblos originarios en diálogo con las discusiones del arte contemporáneo global.

La exposición puede visitarse de martes a viernes de 15 a 19 horas hasta el 10 de septiembre en Otto Galería, Paraná 1158, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con entrada gratuita.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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