Arquitectura

Ágora en Santa Fe: una intervención mínima que transforma la sede del Colegio de Arquitectura en un espacio bioclimático y abierto a la ciudad

En un contexto donde la arquitectura institucional suele optar por grandes intervenciones o tecnologías costosas, el Concurso de Anteproyectos para la Refuncionalización y Rehabilitación de la sede del Colegio de Arquitectura y Urbanismo de Santa Fe Distrito 1 (CAU SF D1) premió una propuesta que apuesta por la economía de medios y la inteligencia climática. El primer premio fue para los arquitectos Santiago Andrés Romano y Santiago Agustín Torales, cuya idea central es abrir el vacío que hoy está sellado por una piel de vidrio y convertirlo en un atrio semicubierto, inspirado en la tradicional galería litoraleña.

El edificio, ubicado en pleno centro de Santa Fe, presenta desde hace años problemas de acumulación de calor en su núcleo central. La piel de vidrio que cubre el vacío interior actúa como un invernadero, elevando las temperaturas internas y obligando a un uso intensivo de sistemas mecánicos de climatización. La propuesta ganadora elimina ese cerramiento y lo reemplaza por carpinterías de doble vidriado hermético (DVH) que se retranquean, permitiendo que las losas de cada piso se abran hacia el vacío y se conviertan en terrazas que balconean sobre él.

EL origen del concepto: Ágora y la galería litoraleña

El nombre del proyecto, Ágora, remite al espacio público griego, pero su lógica constructiva es profundamente local. Los autores explican que la transformación del atrio cerrado a un espacio semicubierto evoca la galería litoraleña, un dispositivo arquitectónico presente en la región desde hace siglos, que resuelve el calor del verano con sombra y ventilación cruzada, sin necesidad de sistemas mecánicos. Esta idea dialoga con el pensamiento de los teóricos españoles Eduardo Prieto e Iñaki Ábalos, para quienes la arquitectura es fundamentalmente un sistema de intercambio de energía, aire, luz y agua entre el interior y el exterior.

«No hace falta estructura nueva ni superficie construida adicional; alcanza con abrir lo que ya existía», sostienen Romano y Torales. Esta premisa se materializa en un proyecto que no agrega metros cuadrados ni refuerzos estructurales, sino que resignifica los espacios existentes mediante decisiones precisas.

La intervención también redefine el vínculo del Colegio con la ciudad. El retranqueo de la entrada no es solo un gesto térmico, sino una invitación explícita a entrar. En planta baja, el hall y la mesa de entradas se mantienen en su lugar original, mientras que la actual Sala Jereb se transforma en un espacio flexible que puede funcionar como café, coworking o auditorio. Un banco corrido sobre la medianera norte nace en el atrio y recorre toda la planta baja hasta desembocar en el patio trasero, prolongando el recorrido público y generando un nuevo espacio de encuentro.

La sostenibilidad como eje

El proyecto incorpora sistemas activos sencillos y de bajo mantenimiento. La recolección de agua de lluvia de las cubiertas se utiliza para regar la vegetación del atrio y abastecer los núcleos sanitarios nuevos. Este recurso, combinado con la ventilación natural y la iluminación cenital, reduce significativamente la demanda energética del edificio.

El concurso y el contexto

El concurso, organizado por el CAU SF D1, buscaba no solo rehabilitar el edificio, sino también convertirlo en un modelo de sustentabilidad y apertura a la comunidad. La propuesta de Romano y Torales se destacó entre varias presentaciones por su capacidad de resolver problemas complejos con una intervención mínima. Según las bases del concurso, se valoró especialmente la integración de estrategias pasivas de climatización y la flexibilidad programática.

En los últimos años, la provincia de Santa Fe ha impulsado políticas de eficiencia energética en edificios públicos. La sede del Colegio, construida en la década de 1980, presentaba un consumo energético elevado debido a su envolvente vidriada. La intervención propuesta apunta a reducir ese consumo en más de un 40%, según estimaciones preliminares de los autores, aunque el dato deberá confirmarse en la etapa de proyecto ejecutivo.

Implicancias y proyecciones

Más allá del resultado inmediato, el proyecto Ágora se inscribe en una tendencia mundial de la arquitectura contemporánea que privilegia la adaptación de estructuras existentes por sobre la demolición o la construcción nueva. En Argentina, donde el parque edilicio institucional envejece y demanda intervenciones constantes, este tipo de enfoques ofrece alternativas viables y económicamente accesibles.

Para el Colegio de Arquitectura, la obra tendrá un impacto simbólico y funcional. La transformación del atrio en un espacio semicubierto permitirá usos múltiples, desde reuniones informales hasta eventos culturales abiertos al público, fortaleciendo el rol de la institución como nodo de intercambio profesional y ciudadano.

Conclusión

La propuesta Ágora demuestra que la arquitectura sustentable no es sinónimo de tecnología costosa, sino de inteligencia proyectual y respeto por las estrategias vernáculas. Al abrir el vacío central y recuperar la galería litoraleña, los arquitectos logran un doble objetivo: mejorar el confort de los usuarios y abrir el Colegio a la ciudad, consolidando un modelo de intervención que podría replicarse en otros edificios institucionales de la región.

(Nota: ampliación con datos de contexto histórico y comparativa con intervenciones similares en Argentina, elaborada con información de medios locales como El Litoral y La Capital.)

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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