El ex presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), Julio Schlosser, falleció este domingo en la ciudad de Buenos Aires. Su deceso fue confirmado por fuentes de la comunidad judía argentina, que lo recordaron como un dirigente de fuerte impronta institucional y defensor de los derechos humanos. Schlosser presidió la DAIA entre 2012 y 2015, un período marcado por la compleja relación con el gobierno nacional en torno a la causa AMIA y por su firme postura contra el antisemitismo.
Schlosser, nacido en Argentina, construyó una extensa trayectoria comunitaria. Antes de llegar a la presidencia de la DAIA, fue presidente de la organización Bnei Tikvá y secretario general de la AMIA durante la gestión de Guillermo Borger. Borger, en un mensaje difundido a través de la agencia VIS A VIS, expresó su dolor: “Julio me acompañó durante toda mi gestión, compartimos vivencias y viajes, un gran amigo, un mench, lo voy a extrañar mucho”. El término “mench” refiere a una persona íntegra, un reconocimiento a su calidad humana.
Durante su liderazgo en la DAIA, Schlosser se destacó por su participación activa en el esclarecimiento del atentado contra la AMIA, ocurrido el 18 de julio de 1994, que causó 85 muertos y cientos de heridos. Su gestión coincidió con el período en que el fiscal Alberto Nisman, quien había denunciado al gobierno por presunto encubrimiento en la causa, fue hallado muerto en su departamento de Buenos Aires el 18 de enero de 2015. Schlosser fue intransigente en su reclamo para que se investigaran las circunstancias de ese fallecimiento, que aún permanece sin esclarecer.
Su postura frente al Memorándum de Entendimiento con Irán, firmado en 2013 por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y el entonces canciller Héctor Timerman, fue de abierto rechazo. Schlosser consideraba que ese acuerdo, que buscaba crear una comisión de la verdad con participación iraní, era un mecanismo para eludir la responsabilidad de Teherán en el ataque a la AMIA. La DAIA, bajo su presidencia, presentó recursos judiciales y expresó su oposición en foros internacionales, alineándose con la postura de otras organizaciones judías.
En el plano social, Schlosser mantuvo una posición firme contra el antisemitismo y la discriminación. Durante su gestión, realizó encuentros con representantes políticos, diplomáticos, organizaciones sociales y dirigentes de diversos ámbitos. Estos vínculos buscaron fortalecer el diálogo interreligioso y concientizar sobre la memoria histórica.
La muerte de Schlosser deja un vacío en la dirigencia comunitaria. Su legado incluye una defensa constante de las instituciones y una lucha incansable contra la impunidad. La investigación del atentado a la AMIA sigue abierta, y su reclamo de justicia resuena como parte de su memoria.
A nivel geopolítico, la postura de Schlosser reflejaba la tensión histórica entre Argentina e Irán. Tras su gestión, gobiernos posteriores intentaron recomponer relaciones comerciales, pero la causa sigue condicionada por las alertas internacionales. La comunidad judía argentina, una de las más grandes de América Latina, enfrenta desafíos similares, pero con Schlosser perdió a uno de sus referentes más activos.
El funeral se realizará en los próximos días en Buenos Aires, con la presencia de familiares, amigos y dirigentes. Mientras tanto, las redes sociales se llenaron de condolencias de personalidades políticas y religiosas.
La trayectoria de Schlosser quedará ligada a la memoria de la AMIA y a la defensa de los derechos humanos. Su firmeza ante el memorándum y su compromiso con la justicia marcaron un período clave en la historia reciente argentina. Su fallecimiento ocurre en un contexto donde el antisemitismo mundial muestra cifras alarmantes: según la Liga Antidifamación, los incidentes aumentaron un 20% en 2024. Argentina, con una comunidad judía de más de 200 mil personas, no es ajena a esta tendencia.
En síntesis, Julio Schlosser fue un líder comunitario cuyo accionar trascendió lo institucional, incidiendo en el debate público sobre justicia y memoria. Su muerte es una pérdida para la comunidad judía y para todo el país, que pierde a un defensor de los valores democráticos.
La investigación de la AMIA, que lleva 31 años, sigue siendo una asignatura pendiente. Los familiares de las víctimas, junto a organizaciones como la DAIA, continúan exigiendo que el Estado argentino y la comunidad internacional redoblen esfuerzos. Schlosser contribuyó a mantener viva esa causa, y su legado es un recordatorio de que la justicia no es un acto de un día, sino una lucha constante.
Su paso por la DAIA también fortaleció las relaciones bilaterales con Israel y con organismos internacionales. En 2016, por ejemplo, inauguró un Centro de Documentación sobre antisemitismo, según registros de la institución. Estos aportes institucionales son parte de su herencia.
La desaparición de un dirigente como Schlosser invita a reflexionar sobre el rol de las comunidades en la construcción de una sociedad más justa. En definitiva, su vida dedicada al servicio público comunitario deja un ejemplo que trasciende generaciones. La comunidad judía, y Argentina en su conjunto, le deben un justo homenaje.
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