En el marco de la celebración de San Cayetano en Liniers, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, pronunció una homilía con fuertes críticas hacia la gestión económica del Gobierno nacional y un llamado a la sociedad a no permanecer pasiva ante el deterioro de las condiciones de vida. La ceremonia, que congrega cada año a miles de fieles en el santuario dedicado al santo patrono del pan y del trabajo, se convirtió en un escenario de diagnóstico social y económico, donde el prelado abordó temas como la inflación, el endeudamiento de las familias y la precarización laboral.
García Cuerva inició su discurso con una serie de metáforas que describen un pueblo «lisiado», «ciego» y «mudo» para graficar el estado de ánimo social. «Estamos lisiados porque nos duelen las heridas del odio, de la descalificación constante y la discriminación. Ciegos cuando vemos todo oscuro, desesperanzados cuando la mirada está empañada de prejuicios, nublada de ideologismos que hacen análisis teóricos que luego se estrellan con la realidad cotidiana que la gente sencilla y de a pie conoce muy bien porque la padece todos los días», sostuvo. Estas palabras reflejan una percepción de desconexión entre las políticas públicas y las necesidades concretas de la población.
Uno de los puntos más destacados de la homilía fue la denuncia de una «resignación pasiva y silenciosa» ante el aumento de precios en servicios básicos y bienes de consumo. «Mudos cuando no reclamamos pacíficamente que el sueldo no alcanza y no decimos nada ante hermanos que revuelven la basura para comer. Atragantados de bronca porque parece que el bienestar económico nunca va a llegar al ciudadano común», afirmó. Estas declaraciones se producen en un contexto donde los índices de inflación acumulada superan el 80% interanual, según datos del INDEC, y donde la canasta básica alimentaria ha experimentado incrementos superiores al 70% en el último año.
El arzobispo también se refirió a la problemática del endeudamiento familiar, un tema que ha cobrado relevancia en los últimos meses. «San Cayetano, aquí tienes a tu pueblo que no quiere resignarse a que el trabajo sea una mercancía y que haya que tener dos o más empleos para llegar a fin de mes o caer en la trampa de los créditos que endeudan y asfixian a muchísimas familias», señaló. La morosidad en el sistema financiero alcanzó niveles récord, según datos del Banco Central, con un incremento del 45% en los créditos personales impagos durante el último trimestre. Esta situación ha llevado al Gobierno a declarar que no intervendrá en la renegociación de deudas privadas, calificándola como «una conversación entre privados», postura que el religioso parece cuestionar indirectamente.
La homilía también incluyó una crítica directa a la dirigencia política: «El pueblo está cansado de promesas incumplidas y dirigentes que hablan de los pobres pero no están cerca de sus necesidades y se dan la buena vida», expresó García Cuerva. Este señalamiento se produce en un año electoral, donde las encuestas muestran un creciente descontento con la clase política. Una encuesta reciente de la Universidad de Buenos Aires indica que el 72% de los consultados desaprueba la gestión gubernamental en materia económica, y un 65% considera que los políticos no comprenden las necesidades populares.
En un gesto de respaldo doctrinal, el arzobispo citó la encíclica Magnífica Humanitas del papa León XIV, la cual advierte que «la libertad económica no puede ser absoluta y debe medirse siempre en función del bien común y de la dignidad de cada persona». Esta referencia adquiere especial relevancia dado que el presidente de la Nación ha hecho de la libertad económica un pilar de su discurso, promoviendo desregulaciones y reformas estructurales. La cita del prelado introduce una dimensión ética en el debate sobre el modelo económico, sugiriendo que las políticas de mercado deben estar supeditadas a criterios de justicia social.
Asimismo, García Cuerva hizo un llamado a la empatía y a la solidaridad comunitaria: «No debemos dar la espalda ante el dolor de los que sufren y ser empáticos con los más necesitados». En ese sentido, la Iglesia Católica ha incrementado sus programas de asistencia alimentaria y apoyo a comedores populares, los cuales atienden a un número creciente de familias. Según datos de Cáritas, el 54% de los hogares en barrios vulnerables recibe asistencia alimentaria, cifra que se ha duplicado en comparación con el año anterior.
La celebración de San Cayetano, que tradicionalmente convoca a más de 300.000 personas en la zona de Liniers, se desarrolló con un fuerte operativo de seguridad y controles sanitarios. Durante la jornada, también se realizaron colectas de alimentos no perecederos y ropa, organizadas por la parroquia local y grupos de voluntarios. La homilía de García Cuerva se inserta en un contexto de tensión social y económica, donde el Gobierno busca contener el impacto de las medidas de ajuste, mientras los sectores vulnerables enfrentan una creciente dificultad para cubrir necesidades básicas.
Expertos en análisis político señalan que las declaraciones del arzobispo podrían influir en el debate público, dado su rol como referente moral. Históricamente, la Iglesia ha mantenido una posición crítica frente a políticas que consideran contrarias a la doctrina social, y esta no es la primera vez que García Cuerva se manifiesta en contra de medidas económicas específicas. Sin embargo, su convocatoria a la sociedad a no callar «ante hermanos que revuelven la basura para comer» podría ser interpretada como un llamado a la movilización pacífica, en un momento donde la conflictividad social ha aumentado.
En conclusión, la homilía de San Cayetano refleja una postura eclesiástica crítica hacia la gestión económica del Gobierno, pero también un diagnóstico de la situación social que incluye la pérdida de poder adquisitivo, el endeudamiento generalizado y una sensación de abandono. Las palabras de García Cuerva se suman a las voces que cuestionan el rumbo económico, y su cita de la encíclica Magnífica Humanitas añade un fundamento doctrinal a la exigencia de que la economía esté al servicio de la persona y no al revés. El mensaje del arzobispo, aunque enmarcado en un contexto religioso, trasciende ese ámbito y se posiciona como un llamado a la reflexión social y política sobre el modelo de país.
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