El 27 de julio de 2026, el barrio porteño de Las Cañitas se convirtió en el escenario de una nueva propuesta gastronómica que trasciende lo culinario. El mediático cocinero Coco Carreño, conocido por su extensa trayectoria de más de veinticinco años y sus participaciones en televisión como chef invitado en La noche de Mirtha, abrió las puertas de Felice, un local que busca rendir homenaje a sus raíces italianas. Nieto de inmigrantes italianos, Carreño creció entre las recetas de su abuela Carmela, nacida en Trivento, una pequeña localidad en la región de Molise. Este trasfondo personal se convirtió en el eje conceptual del restaurante, que no solo ofrece pizza, sino que también narra una historia de identidad y pertenencia a través de su interiorismo.
El diseño del local fue encomendado al estudio Alalu.Ponce, liderado por las arquitectas Marta Alalú y Gabriela Ponce. La consigna inicial fue clara: plasmar en el espacio físico la fusión entre la pizza de Nápoles y la de Buenos Aires, dos tradiciones culinarias que, aunque comparten orígenes, han evolucionado de manera distinta. Según Ponce, el punto de partida fue trasladar ese mismo cruce de identidades al diseño interior, evitando una recreación literal de ninguno de los dos universos. Por el contrario, se buscó trabajar sobre sus puntos de encuentro, creando una atmósfera que combinara elementos característicos de las pizzerías tradicionales porteñas con referencias visuales de la ciudad italiana.
Para lograrlo, se seleccionaron texturas y materiales que evocan la calidez y la familiaridad de las pizzerías clásicas de Buenos Aires: fórmica, madera, cuero y pisos calcáreos. Estos se combinaron con detalles que remiten a Nápoles, como estructuras metálicas inspiradas en las antiguas carpinterías de vidrio repartido de las casas italianas de mediados de siglo. El espacio se organiza en tres sectores principales: una cocina abierta con barra, un primer salón junto al acceso y un segundo salón de mayor tamaño. Estos dos últimos se vinculan a través de un gran arco acompañado por estanterías abiertas, que funcionan como filtros visuales y generan capas que hacen que el espacio amplio se sienta más acogedor.
La cocina abierta es un elemento central, permitiendo a los comensales observar a los cocineros amasando y sacando los productos del horno. Una gran mesada de madera de incienso aporta calidez y funciona como superficie de trabajo hacia el interior y como barra para comer hacia el salón. Sobre esta barra, se diseñó una estructura metálica suspendida que, además de incorporar iluminación, permite guardar y exhibir las cajas de pizza, destacando el color turquesa característico de Felice como parte de la identidad del espacio. Las arquitectas explicaron que esta estructura se inspiró en las antiguas carpinterías de vidrio repartido de las casas italianas de mediados de siglo, un detalle que conecta con la tradición arquitectónica del país europeo.
En el salón principal, se ubicó un gran asiento tapizado sobre el fondo, acompañado por sillas de madera. En el centro, una hilera de sillas amarillas aporta ritmo y colorido, rompiendo la monotonía y añadiendo un toque vibrante. Las estanterías abiertas, que nacieron de la necesidad de generar capas y barreras visuales, contienen objetos, recuerdos y elementos cotidianos, evocando las bibliotecas de las casas de las abuelas. Según Alalú y Ponce, el objetivo era que dentro del restaurante aparecieran gestos propios del universo doméstico, capaces de transmitir familiaridad y calidez.
La inauguración de Felice se enmarca en un contexto donde el interiorismo de restaurantes en Buenos Aires ha evolucionado hacia propuestas que integran la identidad cultural con la funcionalidad. Según datos del sector, en 2025 se registró un aumento del 12% en la apertura de locales gastronómicos en barrios como Las Cañitas, Palermo y Belgrano, impulsado por la recuperación económica y el turismo. Sin embargo, la propuesta de Carreño se destaca por su enfoque en la narrativa personal y la fusión de estilos. A diferencia de otras pizzerías que optan por un diseño minimalista o industrial, Felice apuesta por una estética más cálida y doméstica, que busca crear un vínculo emocional con los comensales.
El barrio de Las Cañitas, conocido por su alta concentración de restaurantes y bares, ha visto en los últimos años una diversificación de su oferta culinaria. Medios como La Nación y Clarín han señalado que la zona se ha consolidado como un polo gastronómico, atrayendo tanto a residentes como a turistas. En este sentido, Felice se suma a una tendencia donde la experiencia del cliente va más allá de la comida, incorporando el diseño como un elemento diferenciador. La elección de materiales y la disposición del espacio reflejan una tendencia global hacia la personalización y la autenticidad, donde los restaurantes buscan contar historias a través de su arquitectura.
El impacto de este tipo de interiorismo no solo se limita a la estética, sino que también tiene implicancias económicas. Un diseño atractivo puede aumentar la afluencia de clientes y las reseñas positivas en plataformas como Google y TripAdvisor, lo que a su vez impulsa las ventas. Además, la combinación de tradición y modernidad puede atraer a un público diverso, desde jóvenes hasta familias. La colaboración entre Carreño y el estudio Alalu.Ponce demuestra cómo la arquitectura puede ser una herramienta para comunicar valores y emociones, en un mercado cada vez más competitivo.
En conclusión, Felice no es solo una pizzería, sino un espacio que materializa la intersección entre dos culturas a través del diseño. La fusión de materiales, colores y referencias históricas crea una atmósfera que invita a la reflexión sobre la identidad y la memoria. Con su apertura en Las Cañitas, Coco Carreño no solo ofrece una experiencia gastronómica, sino también un viaje visual que conecta el pasado con el presente, la tradición napolitana con la cotidianeidad porteña.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
