Arquitectura

Casa Bóveda en Pilar: cómo recuperar una ruina y convertirla en un manifiesto arquitectónico de integración con el paisaje

En un contexto donde el mercado inmobiliario de countries y barrios cerrados del corredor norte del Gran Buenos Aires tiende a la homogeneidad tipológica —viviendas de estilo pintoresquista o minimalista sobre losa—, la Casa Bóveda en Pilar representa una excepción que reivindica la readaptación de lo existente como estrategia de proyecto. Ubicada en el barrio Highland, la vivienda diseñada por el arquitecto Hernán Stieben parte de una premisa radical: no demoler una estructura en estado de abandono avanzado, sino leer sus cualidades latentes y potenciarlas mediante una intervención contemporánea.\n\nEl encargo inicial llegó con una condición extrema. La casa original, invadida por la vegetación y visiblemente castigada por el paso del tiempo, presentaba un deterioro estructural significativo. Sin embargo, lejos de optar por una demolición total —solución habitual en terrenos de alto valor paisajístico como los que bordean la cancha de golf de Highland—, Stieben detectó un hallazgo tipológico poco frecuente en la arquitectura residencial argentina actual: una secuencia de bóvedas. Este sistema constructivo, más asociado a galpones ferroviarios o iglesias que a viviendas unifamiliares, se convirtió en el núcleo conceptual de la intervención.\n\n“Mi objetivo fue priorizar la continuidad y la perspectiva de la bóveda con el remate en el parque”, señaló Stieben en la descripción del proyecto. Esta decisión sintetiza el partido arquitectónico: no se trata solo de conservar por razones patrimoniales o económicas, sino de amplificar una lógica espacial preexistente para reorientarla hacia una nueva forma de habitar. La operación implicó un trabajo quirúrgico de recuperación: impermeabilización de cubiertas, consolidación de la estructura original y, recién después, la incorporación de dos nuevos volúmenes hacia el frente del lote.\n\nEl proyecto se implanta en un lote con vistas abiertas hacia la cancha de golf, en un entorno de densa arboleda que refuerza su vínculo con el paisaje. A partir de esta condición, la intervención refuerza la lectura apaisada del conjunto, tomando la cubierta como elemento articulador entre arquitectura y entorno. Las bóvedas, acompañadas por vigas perimetrales continuas que operan como cintas superior e inferior, construyen una silueta horizontal que acentúa el contraste entre un frente más cerrado hacia la calle y una apertura total hacia el parque.\n\nLa organización en planta responde a esta lógica estructural. Cuatro bóvedas apareadas definen los distintos ámbitos: la primera agrupa los espacios de servicio —cocina, lavadero y baño—; las dos centrales, de mayor luz, concentran las áreas públicas vinculadas directamente con un sector semicubierto de parrilla orientado al jardín; la última bóveda resuelve el área privada con dormitorios en suite. Esta disposición no solo ordena el programa, sino que refuerza la lectura secuencial del espacio: cada bóveda delimita y a la vez conecta, generando una continuidad visual que remata en el paisaje lejano.\n\nLa intervención incorpora, además, dos nuevos volúmenes hacia el frente del lote, aprovechando una zona que había quedado liberada en el proyecto original. Estos cuerpos puros surgen como prolongación de las vigas existentes, mientras la bóveda se retrae, generando una operación de tensión entre lo nuevo y lo preexistente. Más que una simple ampliación, esta estrategia construye el acceso y define una secuencia espacial que vincula el patio de ingreso con el paisaje, anticipando las visuales hacia el golf. Este tipo de decisiones ubican a la Casa Bóveda en la tradición de obras que, sin caer en el pastiche, entablan un diálogo respetuoso con lo heredado.\n\nEn términos técnicos, la obra comenzó con una etapa intensiva de recuperación. La prioridad fue restituir las condiciones de habitabilidad mediante la impermeabilización de las cubiertas y la consolidación de la estructura antes de avanzar con las expansiones. El proceso pone en evidencia una lógica de intervención que prioriza lo constructivo sobre lo decorativo, y que entiende la ruina no como un problema a eliminar, sino como un depósito de posibilidades espaciales.\n\nEl caso de la Casa Bóveda adquiere relevancia si se lo contrasta con la tendencia actual en los desarrollos inmobiliarios del corredor norte. Según datos del Departamento de Economía de la Universidad de Belgrano y la Cámara Inmobiliaria Argentina, en Pilar y los partidos aledaños se concentra el 40% de los nuevos barrios cerrados del país, con una oferta dominada por viviendas de construcción rápida sobre losa o estructura metálica. En ese escenario, una rehabilitación como esta no solo representa una operación arquitectónica singular, sino que también plantea interrogantes sobre la sustentabilidad y la valorización del parque construido existente.\n\nAunque la obra no ha sido publicada aún en medios especializados como Summa+ o ARQ Clarín, su lógica proyectual se emparenta con otras intervenciones locales de reciclaje de estructuras, como la Casa Molino de Estudio Herreros en Exaltación de la Cruz o la reforma de la casona de la Chacra de los Remedios en Vicente López. En todos los casos, la tensión entre lo nuevo y lo viejo se resuelve mediante una operación de continuidad estructural y un respeto por la materialidad original.\n\nLa Casa Bóveda, más allá de su resolución formal, constituye una muestra de que la arquitectura contemporánea argentina puede prescindir de la tabula rasa y construir, desde la ruina, un relato espacial que articule memoria y paisaje. La decisión de mantener y potenciar las bóvedas —un gesto que podría haber sido leído como una limitación— se convierte, en manos de Stieben, en la clave para generar una vivienda que no solo se posa sobre el terreno, sino que dialoga con la topografía, la historia y la escala del entorno.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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