Una nueva escalada en la interna del peronismo bonaerense expone las profundas grietas que atraviesan al principal espacio opositor al gobierno de Javier Milei. Según información obtenida por este medio, el líder de La Cámpora, Máximo Kirchner, ha impulsado la especulación sobre una eventual candidatura presidencial de Cristina Fernández de Kirchner en 2027. Esta movida, lejos de representar una estrategia electoral consolidada, sería un instrumento de presión política destinado a debilitar la posición del gobernador Axel Kicillof y a arrancarle el control del estratégico distrito de La Matanza al Partido Justicialista (PJ) tradicional.
La maniobra se produce en un contexto de máxima tensión dentro del kirchnerismo. Fuentes de alta dirigencia bonaerense, consultadas por Clarín, describen una relación fracturada entre el líder camporista y el gobernador. “Máximo y los suyos se refieren a Kicillof como ‘alto boludo’. El gobernador cree que el líder camporista es ‘un chanta tóxico’”, sintetizó un dirigente con acceso a ambas partes. Esta animosidad personal se traduce en una puja por el control de los recursos y los aparatos territoriales de cara a las elecciones legislativas de 2025 y la presidencial de 2027.
La estrategia de La Cámpora consiste en utilizar el capital político de Cristina Fernández como una amenaza creíble. Desde el entorno del ex presidente, se afirma que “los votos y la tracción al menos en el Conurbano es de ella. Es la única conductora”. Esta percepción, sin embargo, es cuestionada por sectores del PJ tradicional, que consideran que la agrupación de Máximo Kirchner no ha exhibido capacidad electoral propia en las últimas décadas. “¿Qué le devolvió La Cámpora a los argentinos en 20 años tras haber sido por lejos la agrupación política con mayor cantidad de recursos económicos a pesar de no exhibir casi ningún logró electoral significativo?”, se preguntó un alto dirigente bonaerense.
El objetivo concreto de esta presión sería arrancarle al PJ el control del Partido de La Matanza, el distrito más populoso de la provincia de Buenos Aires, históricamente gobernado por el peronismo tradicional identificado con Fernando Espinoza. La Cámpora busca instalar a un candidato propio en la intendencia, lo que implicaría un duro golpe al poder territorial del aparato justicialista. “Máximo tensiona y raspa el fondo de la olla para intentar monetizar el apoyo que le terminará dando a Axel aunque le estalle el caracú”, resumió un cacique de la Primera Sección electoral.
El debate sobre el rol de La Cámpora trasciende la interna partidaria. Dirigentes del PJ bonaerense critican abiertamente la gestión de la agrupación en los municipios donde ha tenido influencia. “Nos matan y con razón por la desprolijidades de Martín (por Insaurralde). Pero ustedes vieron cómo viven y la cantidad de propiedades que acumularon después de sus cargos públicos los Recalde, Wado, Ottavis, las operaciones y viajes de Mayra, el country de su ex marido después de haber manejado las cuentas públicas de Quilmes, las maniobras financieras del Gordo Mena”, se quejó un jefe peronista de la Tercera Sección electoral.
El riesgo de una fractura total es real. Si bien la mayoría de los analistas coinciden en que Cristina Fernández de Kirchner no sería candidata, la simple posibilidad de que la ex presidenta encabece una lista propia genera una tensión máxima en el oficialismo provincial. Kicillof, que busca consolidarse como el candidato natural del peronismo para 2027, ve en esta movida un intento de condicionar su liderazgo. Mientras tanto, los intendentes del Conurbano observan con cautela, evaluando sus propias lealtades y los costos de alinearse con uno u otro sector.
En conclusión, la pulseada entre Máximo Kirchner y Axel Kicillof por el control del aparato peronista bonaerense se intensifica. La utilización del nombre de Cristina Fernández como instrumento de presión revela la falta de liderazgos orgánicos dentro del espacio y la dependencia de figuras del pasado para sostener la cohesión interna. El resultado de esta disputa no solo definirá el futuro de La Cámpora y del PJ bonaerense, sino que también impactará en la capacidad del peronismo para articular una oposición efectiva al gobierno de Javier Milei de cara a las próximas elecciones.
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