Mientras la Selección Argentina avanzaba hacia la final de la Copa del Mundo y el país entero contenía el aliento, un grupo de artistas rosarinos libraba su propia final cronometrada. Colgados en un balancín sobre una medianera de Avenida Libertad al 300, en el barrio Puerto, el objetivo era claro: poner a punto el mural “De otra galaxia y de mi ciudad”, la imponente obra de 534 metros cuadrados que domina la costanera rosarina, para llegar al partido de este domingo con los colores encendidos, las tres estrellas consolidadas y un mensaje directo para Lionel Messi en esta previa. La intervención, autorizada y financiada por la Municipalidad de Rosario, no solo implicó un retoque estético sino una expansión física y conceptual del homenaje.
La obra, que forma parte del Circuito Messi y nació de manera autogestiva en 2021 bajo la dirección de Lisandro “Lichi” Urteaga y Marlene Zuriaga, mutó de escala para esta cita histórica. Convocados por la Municipalidad de Rosario y con el soporte tecnológico de Alba Pinturas a través de su programa “Vení al Color”, el dúo original abrió la experiencia a los artistas locales Betina Rían, Marcos Pascual y Edu Barrios. Juntos asumieron el desafío logístico y material de intervenir una superficie expuesta a la intemperie y a los vientos del Paraná, enfocándose en aplicar recubrimientos de alta calidad para optimizar la resistencia cromática del retrato. Según confirmaron fuentes municipales a medios locales como La Capital, la restauración demandó cerca de 15 días de trabajo continuo, con un equipo que operó en turnos para evitar los picos de calor del verano rosarino.
La gran apuesta de esta renovación radicó en incorporar las demandas de la historia reciente sin romper la sutil armonía de la pieza original. En la zona superior, el sol actúa como coprotagonista de fondo, replicando el fuego que late en el pecho de Leo, justo debajo de la mano apoyada en su corazón. Desde allí, un rayo lumínico que emerge detrás de su cabeza proyecta los colores que terminan por dar forma a las tres estrellas. Sin embargo, con la expectativa del domingo a flor de piel, los autores plantaron un componente evolutivo en el diseño. «Hay como un desmembramiento de partículas de color que formarían la cuarta o todas las que deseamos. Hay una intención de la venida de las próximas», reveló Lichi Urteaga en diálogo con Clarín. Esas posibles estrellas titilan en la galaxia del fondo como un recordatorio visual de lo que es posible materializar en el próximo paso.
Esta libertad compositiva también se trasladó a la indumentaria de la figura. Si en 2021 el contexto institucional obligaba a una aproximación sumamente abstracta de la celeste y blanca para eludir conflictos de marcas (la versión original evitaba detalles precisos del diseño de la camiseta oficial), el presente permitió al equipo relajarse e incluir de forma literal los detalles específicos del diseño vigente. De esta manera, el mural ahora replica con fidelidad los trazos de la casaca actual, incluyendo los detalles de las tres estrellas bordadas en el pecho, un cambio que no pasó desapercibido para los transeúntes que siguieron la obra desde la vereda.
Además del ajuste conceptual, la puesta a punto significó una victoria física sobre la arquitectura del edificio. El permiso original de 2021 había dejado el remate trunco al llegar al sector del tanque de agua. “Hoy, con el envión de la copa ganada, se nos dio el OK para abordar la parte superior. El mural pasó de tener una altura máxima de 70 metros a alcanzar los 76 metros actuales”, explicó Marlene Zuriaga, co-directora del proyecto, en declaraciones replicadas por Infobae y El Ciudadano. En esa nueva franja ganada a las alturas, extendiendo el fondo celeste y blanco, los realizadores estamparon un «gracias» monumental en letras mayúsculas, visible desde la costanera y desde los barcos que navegan el Paraná. La ampliación no solo modificó la silueta del mural, sino que requirió un replanteo estructural del andamio colgante para alcanzar los 6 metros adicionales, un trabajo que los artistas describieron como «peligroso pero necesario» para completar la narrativa visual.
La intervención, que se enmarca en un contexto de fuerte movilización popular en Rosario —ciudad que vivió la previa de la final con una caravana de autos y banderas en el Monumento a la Bandera—, refuerza el vínculo entre el arte callejero y la identidad deportiva local. «Es un homenaje que trasciende lo estético; es un acto de fe colectiva», resumió Urteaga. Con la cuarta estrella insinuada en el cielo del mural y el agradecimiento grabado en lo alto, la obra de la costanera rosarina se convierte en un espejo de la ansiedad y la esperanza de millones de argentinos, mientras el país entero se prepara para el pitido inicial.
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