En la previa de la final de la Copa del Mundo de 2026, la ciudad de Rosario se vistió de gala para honrar a su máximo ídolo. El mural «De otra galaxia y de mi ciudad», una obra de 534 metros cuadrados ubicada en la costanera rosarina, fue renovado por un equipo de artistas locales con el apoyo del municipio y una empresa de pinturas. El objetivo era llegar al partido decisivo con los colores encendidos y un mensaje claro para Lionel Messi.
El proyecto, que nació de manera autogestiva en 2021 bajo la dirección de Lisandro «Lichi» Urteaga y Marlene Zuriaga, forma parte del Circuito Messi, un recorrido turístico que incluye otros murales y sitios emblemáticos de la infancia del futbolista. Sin embargo, la renovación de 2026 implicó una escala mayor y un simbolismo más profundo, en un contexto donde la Selección Argentina avanzaba en la competencia y el país entero contenía el aliento.
La intervención no fue sencilla. Los artistas trabajaron suspendidos en un balancín sobre una medianera de Avenida Libertad al 300, expuestos a la intemperie y a los vientos del río Paraná. Con el soporte técnico de Alba Pinturas, aplicaron recubrimientos de alta calidad para optimizar la resistencia cromática del retrato. Al equipo original de Urteaga y Zuriaga se sumaron los artistas locales Betina Rían, Marcos Pascual y Edu Barrios, quienes asumieron el desafío logístico y material de poner a punto la obra en un cronograma ajustado.
La gran apuesta de esta renovación radicó en incorporar las demandas de la historia reciente sin romper la armonía de la pieza original. En la zona superior, el sol actúa como coprotagonista de fondo, replicando el fuego que late en el pecho de Leo justo debajo de la mano apoyada en su corazón. Desde allí, un rayo lumínico que emerge detrás de su cabeza proyecta los colores que terminan por dar forma a las tres estrellas, representando los títulos obtenidos. Sin embargo, con la expectativa del domingo a flor de piel, los autores plantearon un componente evolutivo en el diseño.
«Hay como un desmembramiento de partículas de color que formarían la cuarta o todas las que deseamos. Hay una intención de la venida de las próximas», reveló Lichi Urteaga a los medios presentes. Esas posibles estrellas titilan en la galaxia del fondo como un recordatorio visual de lo que es posible materializar en el próximo paso. Esta libertad compositiva también se trasladó a la indumentaria de la figura. Si en 2021 el contexto institucional obligaba a una aproximación sumamente abstracta de la celeste y blanca para eludir conflictos de marcas, el presente permitió al equipo relajarse e incluir de forma literal los detalles específicos de diseño vigentes.
Además del ajuste conceptual, la puesta a punto significó una victoria física sobre la arquitectura del edificio. El permiso original de 2021 había dejado el remate trunco al llegar al sector del tanque de agua. «Hoy con el envión de la copa ganada se nos dio el OK para abordar la parte superior. El mural pasó de tener una altura máxima de 70 metros a alcanzar los 76 metros actuales», explicó Marlene Zuriaga. En esa nueva franja ganada a las alturas, extendiendo el fondo celeste y blanco, los realizadores estamparon un «gracias» monumental en letras mayúsculas.
La renovación del mural no solo es un gesto artístico, sino también un hito turístico y cultural para Rosario. La obra se ha convertido en un punto de interés para visitantes nacionales e internacionales, y su actualización refuerza el vínculo entre la ciudad y su ídolo. La inclusión del «gracias» y el guiño a la cuarta estrella reflejan la esperanza de los rosarinos en un nuevo éxito de la Selección, en un momento donde la figura de Messi ya es considerada la más grande en la historia del fútbol, incluso antes de esta final.
La elección de los colores y la técnica pictórica también merecen atención. Los artistas optaron por una paleta vibrante que contrasta con el cielo del Paraná, y utilizaron esmaltes sintéticos de alta resistencia para garantizar la durabilidad en un clima variable. La obra, visible desde varios puntos de la costanera, se integra con el paisaje urbano y fluvial, creando un hito visual que busca perdurar en el tiempo.
En conclusión, la renovación del mural de Messi en Rosario no solo actualiza una obra de arte, sino que también canaliza las emociones de una ciudad que vive el fútbol como una religión. El «gracias» pintado a 76 metros de altura es el testimonio de un pueblo que reconoce la grandeza de su hijo, mientras las «partículas de color» que podrían formar la cuarta estrella son la esperanza de que la historia continúe escribiéndose con los pies de Lionel Messi.
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