Arquitectura

Conde 1113: Cómo un patio vegetal redefine la vivienda colectiva en Colegiales

En el barrio porteño de Colegiales, sobre un lote de forma irregular —apenas 8 metros de ancho en el frente, 4 en el fondo y 50 metros de largo—, se alza un edificio que desafía la lógica tradicional de los departamentos apilados. Se trata de Conde 1113, una obra proyectada por los arquitectos Leonardo Rietti, Daniel Zelcer y Liliana Schraier, que obtuvo un reconocimiento en la 19° Bienal SCA + CPAU en la categoría Vivienda. El núcleo del proyecto no es un hall de entrada ni un amenities de lujo, sino un amplio patio central que organiza toda la obra.\n\nEste vacío arquitectónico separa dos bloques construidos sobre una planta baja libre, otorga cuatro fachadas de calidad similar y garantiza iluminación y ventilación natural a todos los ambientes. Según explicaron los arquitectos en diálogo con medios especializados como ARQ de Clarín, la decisión de priorizar el vacío frente a la densidad máxima permitida fue deliberada: se buscaba romper con la tipología clásica del pasillo oscuro y la puerta cerrada, generando un ámbito que desdibuja los límites convencionales entre lo público y lo privado.\n\nLa materialidad del edificio apela a una síntesis de elementos nobles y austeros: hormigón visto y hierro como estructura esencial, cielorrasos expuestos, pisos de madera natural y superficies de hormigón alisado para las terminaciones interiores. Las mallas electrosoldadas que delimitan las fachadas sostienen una vegetación densa que genera una segunda piel vegetal, evocando la experiencia de habitar una casa en medio de la ciudad. Esta fachada verde no solo cumple un rol estético sino también funcional: regula la temperatura interior, reduce el ruido y aporta privacidad a las unidades. Informes técnicos citados por el estudio de arquitectura señalan que el sistema de mallas permite un 30% de ahorro energético en climatización respecto a una fachada convencional.\n\nEl proyecto se inscribe en una tendencia creciente en Buenos Aires: la búsqueda de modelos de vivienda colectiva que prioricen la calidad espacial por sobre la cantidad de metros cuadrados. A diferencia de los edificios de pozo tradicionales, donde el interés económico suele imponer unidades minimizadas y espacios comunes reducidos, Conde 1113 propone un esquema donde el espacio compartido —el patio— es el corazón del conjunto. Los accesos a las viviendas se resuelven mediante pequeños patios intermedios entre la circulación común y las unidades, lo que aporta privacidad y transforma la experiencia cotidiana de llegar a casa.\n\nCada unidad fue diseñada conjuntamente con sus futuros habitantes, definiendo programas, terminaciones y mobiliario fijo. A pesar de la diversidad programática, todas comparten una condición espacial común: salas de estar apaisadas que se expanden hacia terrazas de dos metros de ancho. Pasarelas metálicas y escaleras laterales completan la definición del patio, reforzando la condición de espacio colectivo. La fachada hacia la calle Conde se recompone con una malla de acero inoxidable que asegura privacidad y seguridad a las plantas inferiores, al tiempo que articula la relación con el espacio urbano.\n\nLas implicancias de este modelo van más allá de la arquitectura. En un contexto donde el mercado inmobiliario argentino ha estado marcado por la especulación y la construcción en altura sin criterio de integración barrial, Conde 1113 representa un contrapunto. Organizaciones de arquitectos y urbanistas consultados por medios como Página/12 señalan que esta obra podría servir de referencia para futuros desarrollos en lotes difíciles, promoviendo una densificación más humana y sustentable. El reconocimiento obtenido en la Bienal SCA + CPAU refuerza su valor como caso de estudio para repensar la vivienda colectiva en la Ciudad de Buenos Aires.\n\nEl patio central de Conde 1113 no es un simple jardín decorativo. Es un mecanismo arquitectónico que reorganiza las relaciones entre los vecinos, la luz, el aire y la ciudad. La obra demuestra que aun en un lote de apenas 8 metros de frente es posible construir un edificio que no renuncie al espacio común, la materialidad noble y la integración con la vegetación. La austeridad material se traduce en riqueza espacial, y la privacidad se conquista no con muros ciegos sino con una distribución inteligente de los vacíos.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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