El diseño argentino contemporáneo tiene una nueva plataforma para exhibir su costado más reflexivo y experimental. Trazo Cero, luego de su presentación internacional en la Semana de Diseño de París 2025, inauguró su primera muestra colectiva en Buenos Aires, en las salas vidriadas del emblemático Edificio Cassará. La exposición, que podrá visitarse hasta mediados de agosto, reúne a 10 estudios y diseñadores: Bilu, Delfina Velar, Fiumine, Hache, Iwish, Mantara, María Picci, Oblumo, Orpnimi y Siestes. La dirección general está a cargo de la arquitecta Ana María Carrio, mientras que la curaduría corresponde a Máximo Marino y Vivian Urfeig.
La propuesta se aleja del diseño meramente decorativo o funcional para internarse en un terreno más cercano a la antropología de los objetos: la investigación de la relación entre materiales, oficios y procesos como punto de partida para la creación de piezas contemporáneas. La exhibición presenta luminarias, accesorios, alfombras, objetos y desarrollos realizados mediante impresión 3D, pero el foco no está en el producto final sino en el camino que lleva hasta él. Cada proyecto se explica desde su origen material, poniendo el acento en las decisiones productivas, la trazabilidad y las técnicas que intervienen en cada etapa de fabricación.
Esta mirada no es casual. Responde a una tendencia global del diseño que, en las últimas dos décadas, ha girado hacia la sustentabilidad, la economía circular y la valorización de los saberes locales. En Argentina, este movimiento encontró un terreno fértil a partir de la crisis de 2001, cuando muchos diseñadores comenzaron a trabajar con descartes industriales y materiales de bajo costo como una respuesta a la falta de insumos importados y al colapso económico. Lo que nació como una necesidad se convirtió en una marca de identidad: hoy, la escena local es reconocida internacionalmente por su capacidad de innovar con recursos limitados y por su vínculo estrecho con los oficios artesanales.
La muestra plantea una lectura del diseño argentino vinculada a los recursos disponibles y a los sistemas productivos que les dan forma. Desde descartes industriales hasta fibras naturales, las piezas exhibidas construyen una línea de tiempo que recorre distintas materialidades y evidencia la diversidad de enfoques presentes en la escena local. En diálogo con la arquitectura patrimonial del edificio —un ícono del estilo racionalista porteño construido en la década de 1930—, la exhibición busca visibilizar aquello que habitualmente permanece detrás del objeto terminado: los materiales, los saberes técnicos, los procesos y los oficios se convierten así en protagonistas de una plataforma que entiende el diseño como una herramienta de investigación, exploración y construcción de nuevas miradas sobre el territorio y sus recursos.
Uno de los casos más significativos es el de la diseñadora Delfina Velar, cuya práctica se desarrolla en un territorio híbrido donde conviven arte, tecnología y exploración material. Su obra presentada en Trazo Cero surge a partir de una serie de diálogos con personas ciegas, una investigación que la llevó a reflexionar sobre los modos en que construimos conocimiento a través del cuerpo. Según explica, el proceso le permitió reconocer «cuánto privilegio le damos a la visión y la cantidad de información que el cuerpo es capaz de percibir por otros medios». A partir de esas experiencias, comenzó a pensar la materia como algo que puede descubrirse mediante el tacto, la memoria, la temperatura o el movimiento, desplazando a la vista como sentido dominante. Su búsqueda atraviesa buena parte de su producción y apunta a despertar un estado de curiosidad en el espectador, explorando aquello que existe más allá de lo evidente.
La exposición se inscribe en un contexto más amplio de revalorización de los oficios y las técnicas tradicionales, que en Argentina ha tenido hitos importantes como la creación de la carrera de Diseño Industrial en la Universidad de Buenos Aires en 1984, o la consolidación del Centro Metropolitano de Diseño en el barrio de Barracas. A su vez, la muestra coincide con un momento de auge de las ferias y galerías de diseño autoral en el circuito porteño, que han ganado visibilidad en los últimos años impulsadas por un público cada vez más interesado en la procedencia y el proceso de los objetos que consume.
Desde una perspectiva más amplia, Trazo Cero también dialoga con una tradición del diseño argentino que, desde la posguerra, supo combinar la influencia del racionalismo europeo con los materiales y técnicas locales. En los años 50 y 60, figuras como el arquitecto y diseñador Bonet o la mueblera Criolla sentaron las bases de un lenguaje propio que hoy continúa expandiéndose a través de nuevas generaciones. La muestra en el Edificio Cassará se convierte así en un eslabón más de esa cadena que conecta el pasado industrial del país con las búsquedas contemporáneas.
En definitiva, la exhibición no solo ofrece un panorama del diseño argentino actual, sino que invita a repensar la relación con los objetos que nos rodean, devolviéndoles su complejidad y su historia. Al poner en primer plano los materiales, los oficios y los procesos, Trazo Cero construye un relato donde el diseño deja de ser un resultado para convertirse en un proceso vivo, abierto a la experimentación ya la pregunta constante sobre cómo y por qué se hacen las cosas.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
