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China recupera por primera vez un cohete orbital con un sistema de redes y acorta la brecha con SpaceX en la carrera espacial

El 10 de junio de 2026, la Administración Nacional del Espacio de China (CNSA) logró recuperar por primera vez la primera etapa de un cohete orbital, un hito que la acerca significativamente a Estados Unidos en la carrera por la supremacía espacial. La operación, ejecutada a través de la empresa estatal China Aerospace Science and Technology Corporation (CASC), se llevó a cabo en el sur del país mediante una técnica nunca antes utilizada a nivel global: un sistema de captura con cables tensados montado sobre una plataforma marítima.

SpaceX, liderada por Elon Musk, fue la primera empresa en lograr una hazaña similar en diciembre de 2015, cuando aterrizó la primera etapa de un Falcon 9 en una plataforma flotante. Desde entonces, la compañía estadounidense ha dominado el ranking de regresos controlados de cohetes, acumulando más de 600 recuperaciones de propulsores. Sin embargo, el avance chino introduce una variante técnica que podría redefinir los costos y la eficiencia de las misiones orbitales.

La maniobra clave ocurrió solo 10 minutos después del lanzamiento inaugural del Long March 10B desde la base de Wenchang, ubicada en la isla de Hainan, en el sur de China. Tras la separación de la etapa, el propulsor descendió en posición vertical, utilizando sus motores para frenar la caída y corregir la trayectoria. En los segundos finales, el cohete se posicionó sobre la cubierta del buque Linghang Zhe, estacionado en el mar de la China Meridional. Allí, un sistema de cables tensados formó una estructura de captura, y cuatro ganchos integrados en la etapa se incrustaron en la red, manteniendo el propulsor suspendido en el aire sin tocar el agua.

Esta técnica difiere radicalmente de los métodos empleados por SpaceX. Mientras que la empresa estadounidense aterriza sus propulsores sobre patas desplegables en plataformas marítimas o bases terrestres, y utiliza brazos robóticos (conocidos como ‘chopsticks’) para capturar el Starship en la torre de lanzamiento, el sistema chino elimina el peso de las patas y retrae la estructura de captura a cierta distancia de la base. Esta ingeniería permite ahorrar combustible durante el descenso, ya que no se necesita energía adicional para amortiguar el impacto de las patas, y conserva la capacidad de carga útil del cohete. Según datos de CASC, el Long March 10B puede transportar hasta 27 toneladas métricas a órbita baja terrestre (LEO), un rendimiento comparable al del Falcon 9 Block 5.

China había realizado un ensayo previo en febrero de 2026 con un Long March 10A. En esa prueba, la etapa completó un descenso controlado pero cayó al mar junto a la plataforma preparada para recibirla, sin lograr la captura. El éxito del 10 de junio representa no solo la primera recuperación orbital para China, sino también la validación de un concepto que podría reducir los costos de lanzamiento en un 30-40% según estimaciones de ingenieros de CASC, al permitir la reutilización de los motores y sistemas más costosos de la primera etapa.

SpaceX ha sido el pionero indiscutible en la reutilización de cohetes. Durante décadas, los cohetes fueron vehículos descartables: la primera etapa agotaba su combustible durante el ascenso, se separaba y quedaba destruida al caer al océano o al atravesar la atmósfera. Ese segmento contiene los motores, los tanques de combustible y la mayoría de los sistemas de guía y control utilizados durante el despegue. Recuperarla permite revisar sus componentes, prepararla para otra misión y evitar la fabricación de un propulsor completo para cada vuelo. Desde 2015, SpaceX ha transformado esta maniobra en una operación rutinaria. El Falcon 9 realiza alrededor de 150 vuelos por año y sostiene buena parte del despliegue de la constelación Starlink, además de transportar satélites comerciales y carga para la NASA.

El impacto económico de la reutilización es considerable. Según un análisis de la consultora espacial BryceTech, el costo de lanzamiento de un Falcon 9 reutilizado se estima en 15 millones de dólares por misión, frente a los 62 millones de un lanzamiento con cohete nuevo. China, con su nuevo sistema, podría aspirar a costos similares a mediano plazo, lo que aceleraría su ambicioso programa espacial, que incluye la construcción de una estación orbital permanente (Tiangong), misiones tripuladas a la Luna y la exploración de Marte.

Sin embargo, la técnica china presenta desafíos técnicos únicos. El sistema de captura con cables requiere una precisión milimétrica en la trayectoria de descenso, ya que cualquier desviación podría provocar que los ganchos no se incrusten correctamente en la red. Además, la estructura tensada debe soportar el peso del propulsor (aproximadamente 25 toneladas métricas) y las fuerzas dinámicas del viento y las olas en el mar. Para mitigar estos riesgos, CASC desarrolló un algoritmo de control de vuelo en tiempo real que ajusta el empuje de los motores y la posición de la etapa en los últimos 100 metros de descenso, con una tasa de éxito simulada del 95% según documentos técnicos de la agencia.

La competencia entre China y Estados Unidos en el ámbito espacial se ha intensificado en los últimos años. Mientras que SpaceX lidera en número de lanzamientos y reutilización, China ha avanzado en tecnologías como el cohete Long March 9 (un vehículo superpesado comparable al Starship) y en la exploración lunar con las misiones Chang’e. La recuperación del Long March 10B no solo acorta la brecha técnica, sino que también envía una señal geopolítica: China está dispuesta a desafiar el dominio estadounidense en un sector clave para la defensa, las comunicaciones y la economía global. Con más de 600 recuperaciones de SpaceX y el hito chino de junio de 2026, la carrera espacial entra en una nueva fase donde la eficiencia y la innovación técnica definirán al próximo líder.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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