Arquitectura

Costa Rica y la Universidad de Costa Rica serán sede del PLEA 2026: el congreso mundial de arquitectura sostenible llega a Centroamérica por primera vez

Entre el 27 y el 31 de julio de 2026, la Universidad de Costa Rica (UCR) en San José se convertirá en el epicentro mundial de la arquitectura sostenible al albergar la edición número 32 del congreso PLEA (Passive and Low Energy Architecture). Se trata de uno de los foros académicos más relevantes a nivel global en materia de diseño pasivo, eficiencia energética y resiliencia climática. Por primera vez en sus casi cuatro décadas de historia, el congreso se realizará en Centroamérica, tras haber pasado por ciudades como Londres, Tokio, Dublín, Edimburgo, Melbourne, Bolonia, Los Ángeles, Hong Kong y Ginebra, entre otras. La elección de la UCR como sede no es casual: la universidad pública costarricense ha sido un actor central en la promoción de políticas ambientales en el país, que desde 2015 genera más del 98 % de su electricidad a partir de fuentes renovables, según datos del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE). Sin embargo, el desafío del país no está en la matriz energética, sino en la huella de carbono del sector construcción, que representa cerca del 30 % de las emisiones totales de CO2 a nivel nacional, de acuerdo con el Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE). En ese contexto, la llegada de PLEA 2026 ofrece una plataforma para debatir soluciones técnicas y vernáculas adaptadas al trópico.

Organizado por la Escuela de Arquitectura y la Facultad de Ingeniería de la UCR, el congreso operará bajo el lema “Arquitectura de sentido común: Aprovechando la sabiduría local para un futuro sostenible”. El programa incluirá más de 200 investigaciones internacionales seleccionadas mediante revisión por pares, conferencias magistrales, paneles especializados, talleres prácticos, exposiciones de proyectos y visitas técnicas a obras emblemáticas de arquitectura bioclimática en el Valle Central. Entre los invitados confirmados figuran la arquitecta alemana Anna Heringer, conocida por su trabajo con materiales locales en Bangladesh; la mexicana Gabriela Carrillo, ganadora de la Medalla de Oro de la Academia de Arquitectura de Francia; el chileno costarricense Bruno Stagno, pionero en adaptación tropical; los argentinos Silvia de Schiller y John Martin Evans, referentes latinoamericanos en diseño climático; la británica Susan Roaf, autora de obras fundamentales sobre confort térmico adaptativo; y la brasileña Joana Carla Soares Gonçalves, quien presentará su libro “La arquitectura ambiental del Modernismo Brasileño: cultura, historia y desempeño en San Pablo”.

El congreso PLEA (Passive and Low Energy Architecture) fue fundado en 1982 por el profesor Arthur Bowen, de la Universidad de Miami, y desde entonces se ha consolidado como la red académica más importante del mundo en arquitectura pasiva y diseño ambientalmente consciente. La elección de Costa Rica como sede para la edición 2026 responde, según los organizadores, a la necesidad de descentralizar el debate global sobre sostenibilidad y dar voz a regiones que, como Centroamérica, enfrentan una alta vulnerabilidad climática pero poseen un rico acervo de soluciones vernáculas. De hecho, la arquitectura tradicional costarricense —con sus techos de teja de barro, aleros amplios, paredes de bahareque y ventilación cruzada— ha sido redescubierta por los expertos como un modelo de diseño pasivo que antecede en décadas a las normativas modernas de eficiencia energética. Según datos del Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos de Costa Rica (CFIA), más del 60 % del parque edificado en el país no cumple con criterios básicos de eficiencia energética, lo que subraya la urgencia de actualizar la formación profesional y las políticas públicas.

El programa técnico se organiza en torno a ejes como: estrategias de diseño pasivo para climas tropicales y subtropicales, integración de energías renovables en el entorno construido, resiliencia urbana frente a eventos climáticos extremos, materiales locales y de bajo impacto ambiental, y participación comunitaria en procesos de diseño. Además, se realizarán talleres de construcción con tierra, bambú y madera certificada, así como visitas a proyectos como la Ciudad de la Investigación de la UCR y el Edificio de la Cooperativa de Productores de Leche Dos Pinos, que incorpora sistemas de enfriamiento pasivo y paneles fotovoltaicos. La representación argentina estará encabezada por Silvia de Schiller y John Martin Evans, del Centro de Investigación Hábitat y Energía de la Universidad de Buenos Aires (FADU-UBA), quienes han trabajado durante más de tres décadas en la aplicación de estrategias bioclimáticas en viviendas y escuelas de la región.

Las implicancias de albergar un evento de esta magnitud van más allá del intercambio académico. Para Costa Rica, ser sede del PLEA 2026 representa una oportunidad para posicionarse como hub de conocimiento en arquitectura sostenible en América Latina, un sector que, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), podría movilizar inversiones por hasta 180.000 millones de dólares en la región durante la próxima década, en concepto de edificación verde y rehabilitación energética. Además, el congreso podría incidir en la actualización de los planes de estudio de las carreras de arquitectura e ingeniería en el país, así como en la elaboración de una futura norma nacional de construcción sostenible, que actualmente se encuentra en fase de consulta pública en el Ministerio de Vivienda y Asentamientos Humanos (MIVAH). Desde el punto de vista turístico, la llegada de más de 1.000 especialistas internacionales durante una semana repercute directamente en la economía local, con un impacto estimado en hoteles, restaurantes y servicios de transporte, similar al que genera la cumbre de la World Travel Market en Centroamérica, según estimaciones de la Cámara de Turismo de Costa Rica (CANTUR).

Sin embargo, el contexto local presenta desafíos: la UCR enfrenta recortes presupuestarios desde 2023, cuando el gobierno del presidente Rodrigo Chaves redujo en un 12 % la transferencia del Fondo Especial para la Educación Superior (FEES), lo que obligó a la universidad a reestructurar partidas para financiar parte del congreso. A esto se suma que Costa Rica arrastra una deuda histórica en materia de planificación urbana: más del 65 % de la población vive en la Gran Área Metropolitana (GAM), donde la expansión descontrolada ha generado altos niveles de contaminación y fragmentación del paisaje, según el Atlas de Crecimiento Urbano del Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat). En este marco, la apuesta por la arquitectura pasiva y el diseño bioclimático no es solo una cuestión técnica, sino una necesidad de adaptación al cambio climático, cuyos impactos ya se sienten en el país: en los últimos 20 años, la frecuencia de eventos hidrometeorológicos extremos ha aumentado un 37 %, según el Instituto Meteorológico Nacional (IMN), y se proyecta que la temperatura media en la GAM ascienda hasta 2,5 °C para 2050.

La conclusión informativa del evento es clara: PLEA 2026 en la Universidad de Costa Rica no solo celebra el saber técnico global, sino que pone sobre la mesa la urgencia de adoptar soluciones locales y de sentido común frente a la crisis climática. La conferencia demuestra que, en regiones como Centroamérica, el conocimiento vernáculo y la innovación tecnológica pueden converger para generar respuestas efectivas, siempre que existan voluntad política e inversión sostenida en investigación. Los resultados de las investigaciones presentadas durante esas cinco jornadas, así como las redes que se tejan entre los asistentes, determinarán en buena medida el rumbo de las políticas de edificación sostenible en la próxima década, tanto en Costa Rica como en el resto del hemisferio.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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