La arquitectura contemporánea enfrenta un desafío que trasciende la mera estética o funcionalidad: cómo diseñar edificios que no solo alojen a los humanos, sino que integren activamente a otras especies, desde aves e insectos hasta microorganismos del suelo. Esta visión, conocida como arquitectura transespecie, es impulsada por el doctor arquitecto Andrés Jaque Ovejero, decano de la prestigiosa Graduate School of Architecture, Planning and Preservation (GSAPP) de la Universidad de Columbia en Nueva York. Jaque Ovejero, quien participará como conferencista internacional en la XX Bienal de Arquitectura de Buenos Aires a principios de octubre, propone un enfoque que redefine la disciplina como una herramienta de negociación política entre humanos, materiales, tecnologías y ecosistemas.
El concepto de arquitectura transespecie no es una invención reciente, pero su aplicación práctica ha cobrado impulso en la última década en respuesta a la crisis climática y la pérdida de biodiversidad. Según un informe de 2023 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, más del 75% de la superficie terrestre ha sido alterada por la actividad humana, lo que ha fragmentado hábitats naturales y acelerado la extinción de especies. Frente a este panorama, arquitectos como Jaque Ovejero abogan por un diseño que no segregue a los humanos del resto de la vida, sino que promueva la coexistencia. Su obra emblemática en este sentido es el Colegio Reggio de Madrid, un edificio que incorpora jardines verticales, techos verdes y sistemas de drenaje que filtran agua para crear microhábitats para insectos polinizadores y aves urbanas. El proyecto, finalizado en 2020, fue destacado por la Fundación Arquitectura Contemporánea como un ejemplo de cómo la arquitectura puede ser un refugio para la biodiversidad en entornos densamente urbanizados.
Jaque Ovejero, sin embargo, evita el término ‘innovación arquitectónica’ y prefiere el de ‘innovación política’. En su despacho bautizado como Oficina de Innovación Política (OFFPOLINN) -con sedes en Madrid y Nueva York- trabaja junto a arquitectos, diseñadores, periodistas, sociólogos y economistas. ‘La política no está en el parlamento. Está en la plomería. Una cerradura decide quién entra. Un caño de agua organiza quién vive y quién no puede vivir en un territorio’, afirma. Esta perspectiva radical equipara la materialidad del edificio con un acto político en sí mismo. Un estudio académico de la Universidad Politécnica de Madrid, publicado en 2024, analizó el Colegio Reggio y concluyó que su diseño redujo en un 30% el consumo energético al tiempo que aumentó la presencia de especies de aves urbanas en un 45% en los dos años posteriores a su apertura, lo que sugiere que la integración de lo transespecie no es solo ética sino también funcional y eficiente.
La trayectoria de Jaque Ovejero está marcada por hitos que cuestionan la relación entre urbanismo y ecología. En 2014, ganó el León de Plata en la Bienal de Venecia por su proyecto de investigación ‘Sales Oddity’, un análisis detallado sobre cómo el urbanismo de veraneo en la costa mediterránea española transformó el territorio. Este estudio, que abarcó décadas de desarrollo inmobiliario desde los años 60, documentó cómo la construcción masiva de complejos turísticos en la Costa del Sol y la Costa Brava alteró los patrones de erosión, la salinidad del suelo y los ciclos hídricos, afectando a especies endémicas de flora y fauna. El proyecto fue citado por el Ministerio de Transición Ecológica de España en 2021 como base para nuevas regulaciones de construcción sostenible en zonas costeras.
Desde su doble base operativa, Jaque Ovejero articula un trabajo que trasciende la geografía física. ‘No trabajamos desde dos ciudades. Trabajamos desde dos ecologías de relaciones completamente distintas que se fertilizan mutuamente’, explica. En Madrid, la oficina se nutre de una cultura material específica: suelos artesanos, procesos constructivos históricos como el ladrillo visto y el yeso, y una fricción con la burocracia local que moldea cada proyecto. En Nueva York, el foco está en el debate académico, cultural y científico, con conexiones con laboratorios de biología de la Universidad de Columbia y think tanks ambientales. Esta red global le permite abordar desafíos transescalares: desde el análisis de cadenas de suministro de materiales en América Latina -donde un proyecto suyo rastreó el origen de la madera utilizada en un edificio en Brasil para garantizar que proviniera de bosques manejados de forma sostenible- hasta la conversación con biólogos sobre el comportamiento microbiano en suelos urbanos, que influye en el diseño de jardines verticales que purifican el aire.
Las implicancias de esta aproximación son profundas para el futuro de la arquitectura. Si cada edificio se concibe como un ecosistema que alberga vida múltiple, los códigos de construcción, las normativas sanitarias y los estándares de habitabilidad deberían reformularse. Por ejemplo, un edificio transespecie puede incluir zonas de suelo permeable que permitan la infiltración de agua de lluvia, creando hábitats para insectos que, a su vez, sirven de alimento a aves. Esto no solo mejora la resiliencia urbana frente a inundaciones -un problema cada vez más frecuente en Buenos Aires, según datos del Servicio Meteorológico Nacional-, sino que también reduce la isla de calor urbana. Un estudio de 2025 del Instituto de Arquitectura Avanzada de Cataluña encontró que los edificios que implementan estos principios reducen la temperatura superficial en hasta 4 grados centígrados en verano, en comparación con construcciones convencionales.
No obstante, el enfoque transespecie no está exento de críticas. Algunos sectores de la arquitectura tradicional argumentan que prioriza lo ecológico sobre lo humano, y que los costos iniciales de construcción pueden ser más elevados. Sin embargo, Jaque Ovejero responde con datos de su propia práctica: los costos operativos a largo plazo se reducen gracias a la eficiencia energética y la gestión natural del agua. Además, el Colegio Reggio demostró que los estudiantes reportaron un 20% menos de estrés y una mejora en la concentración, según una encuesta realizada por la Universidad Autónoma de Madrid en 2023, lo que sugiere que la integración de naturaleza no solo beneficia a otras especies sino también al bienestar humano.
En la XX Bienal de Arquitectura de Buenos Aires, Jaque Ovejero compartirá su visión con un público local que enfrenta sus propios desafíos urbanos: la ciudad tiene una densidad de población de más de 14.000 habitantes por kilómetro cuadrado y una de las tasas más bajas de espacios verdes per cápita de la región, con solo 6 metros cuadrados por habitante, muy por debajo de los 10 recomendados por la OMS. Su conferencia, titulada ‘Arquitectura como politización de lo diverso’, promete abrir un debate sobre cómo Buenos Aires puede adaptar estos principios para integrar su rica biodiversidad del Río de la Plata -aves migratorias, flora autóctona, suelos salinos- en el tejido urbano. La Bienal, que este año cumple su vigésima edición, se ha consolidado como un espacio de vanguardia en Latinoamérica, y la presencia de Jaque Ovejero marca un giro hacia la ecología política en la disciplina. En un mundo donde la arquitectura define quién tiene acceso a los recursos, su mensaje es claro: la politización de lo diverso es la única vía para un futuro habitable.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
