Arquitectura

Casa FOA 2026: arte y plantas nativas en la reconversión del Palacio Molina

La 42° edición de Casa FOA abrió sus puertas en el Palacio Molina, la antigua fábrica de Alpargatas ubicada en Av. Regimiento de Patricios 1053, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La muestra, que puede visitarse hasta el 1° de octubre, propone una reflexión sobre la reconversión edilicia y la preservación del patrimonio industrial, ejes que atraviesan cada uno de los espacios diseñados. En esta oportunidad, el paisajismo ocupa un lugar destacado aunque no abundante, con intervenciones que integran vegetación nativa, arte y diseño contemporáneo.

El concepto articulador de la muestra es la «alquimia temática», una idea que los organizadores definen como la transformación de materiales y espacios en algo nuevo. En los exteriores, esa alquimia se traduce en la combinación de especies vegetales, estructuras y objetos de diseño. El Espacio 8, denominado «Tramas del tiempo», del paisajista Tomás Nadares, es un ejemplo cabal: una trama que entrelaza arquitectura, vegetación, agua, arte y diseño contemporáneo. Los muebles de la marca Tidelli, con sus cuerdas características, refuerzan la metáfora del entrelazado: hilos que se cruzan, se conectan, delimitan y construyen algo nuevo.

La elección del color naranja como protagonista no fue casual. «La idea fue elegir un color fuerte que tenga impacto y que combine bien con el verde de la vegetación», explica Nadares. El naranja está presente en los canteros, los toldos y hasta en el color de las flores. Se eligieron plantas de especies como rayito de sol, lantana camara, asclepia curassavica, ojo de poeta y zinnia. También se combinaron con enredadera verde, sauce, sauce eléctrico y vetiver, entre otras. Esta paleta vegetal no solo embellece el espacio, sino que también cumple una función ecológica: muchas de estas especies son nativas o adaptadas a la región, lo que favorece la biodiversidad y reduce el consumo de agua.

En el Espacio 18, la diseñadora Guadalupe Diez buscó crear «un lugar mágico» lleno de rincones y secretos. «Pensé que era fundamental llegar y detenerse a contemplar el espacio con un balcón que recibe con piso deck. Al igual que la rampa invita a ser parte de este espacio», dice Diez. La idea fue recuperar muchas de las plantas existentes en el lugar, como totoras, musgos y gramíneas, que sumadas a macetas y otras especies dieron un toque sofisticado. Una vez que se desciende por la rampa se llega a una gran plataforma con barra y livings que invitan al relax. Las alfombras de exterior aportan elegancia y calidez. También se destacan estructuras doradas realizadas en acero inoxidable con un acabado especial que trepan por la pared.

El espacio propone además un lugar intermedio para quienes buscan un descanso más relajado. Desde una pasarela custodiada por tres sillones, todo el espacio iluminado se puede ver desde otro ángulo. Esta multiplicidad de perspectivas es coherente con la idea de recorrido y descubrimiento que plantea la muestra.

También en exteriores, el Espacio 29 presentado por Grupo Nisen es la expansión de una heladería compuesta por un deck con mesas al aire libre. El lugar se completa con la propuesta del paisajista Eduardo Stafforini, que armó un espacio con bambúes, especies aromáticas y frutales. En el recorrido incorpora esculturas de aves de los artistas Carlos Uruzola y Gerardo Pochettino, siguiendo la premisa de sumar arte como elemento clave.

La reconversión del Palacio Molina, una exfábrica de Alpargatas, se inscribe en una tendencia que viene cobrando fuerza en Buenos Aires desde hace al menos una década: la transformación de predios industriales en espacios culturales, comerciales y residenciales. Este fenómeno no es nuevo. Ya en los años 90, el barrio de Palermo vio surgir iniciativas similares con la reconversión de galpones ferroviarios y fábricas en lofts y centros de diseño. Sin embargo, la escala y la velocidad de estos proyectos se aceleraron en los últimos años, impulsadas por políticas de desarrollo urbano y por un mercado inmobiliario ávido de nuevas centralidades.

En el caso de Casa FOA, la elección de sedes vinculadas al patrimonio industrial no es azarosa. La muestra, que se realiza desde 1985, ha tenido sedes tan diversas como el Mercado de Abasto, la Usina del Arte, el Correo Central y la Villa Ocampo, entre muchas otras. En cada edición, el desafío es intervenir un edificio existente, poniendo en valor sus características arquitectónicas y generando un diálogo entre lo antiguo y lo nuevo. La edición 2026 no es la excepción: el Palacio Molina, con su estructura de ladrillo visto y grandes ventanales, ofrece un marco ideal para las propuestas de diseño contemporáneo.

El énfasis en las plantas nativas y en el arte como parte integral del paisaje responde a una demanda creciente de sostenibilidad y de identidad local. En los últimos años, el paisajismo en Argentina ha virado hacia el uso de especies autóctonas, no solo por su bajo mantenimiento y resistencia, sino también por su capacidad de atraer polinizadores y restaurar ecosistemas urbanos. La combinación de estas especies con obras de arte al aire libre busca generar una experiencia estética que trascienda lo meramente decorativo.

Las implicancias de esta tendencia son múltiples. Por un lado, la reconversión de edificios industriales contribuye a la preservación de la memoria urbana y a la revitalización de zonas que habían quedado postergadas. Por otro, plantea desafíos en términos de accesibilidad, gentrificación y sustentabilidad. La inclusión de vegetación nativa y de arte en espacios públicos y semipúblicos puede mejorar la calidad de vida de los vecinos, pero también puede encarecer el suelo y expulsar a los residentes históricos. En el caso del Palacio Molina, ubicado en el barrio de Barracas, este debate está presente: la zona ha experimentado un proceso de transformación en los últimos años, con la llegada de nuevos emprendimientos gastronómicos y culturales.

La muestra Casa FOA, en tanto evento de diseño, no es ajena a estas tensiones. Su propuesta de «alquimia temática» puede leerse como una metáfora de la transformación urbana: materiales viejos que se reciclan, espacios que se reinventan, funciones que se actualizan. La presencia del arte y de las plantas nativas añade una capa de significado: la naturaleza como elemento resiliente y el arte como expresión de creatividad humana.

En conclusión, la 42° edición de Casa FOA en el Palacio Molina ofrece un recorrido por espacios exteriores que combinan diseño, arte y vegetación nativa. Las propuestas de Tomás Nadares, Guadalupe Diez y Eduardo Stafforini, entre otros, reflejan una tendencia que viene consolidándose en la arquitectura del paisaje argentino: la integración de lo natural y lo cultural en entornos urbanos. La muestra, que se extiende hasta el 1° de octubre, invita a reflexionar sobre cómo las ciudades pueden reinventarse sin perder su identidad, y sobre el papel que el diseño y el arte pueden jugar en esa reinvención.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *