Espectáculos

True crime argentino y thrillers internacionales: Luisana Lopilato, Barreda y Robert De Niro dominan la cartelera

La fascinación del público argentino por las historias basadas en crímenes reales ha encontrado un nuevo punto de inflexión. Durante la misma semana, dos producciones nacionales y un thriller internacional compiten por la atención de los espectadores. Por un lado, desembarcaron en la pantalla las películas sobre Ricardo Barreda y Marga Di Tullio, más conocida como Pepita la pistolera. Por el otro, la plataforma Netflix impulsa el estreno de ‘Susurran tu nombre’, un film con Robert De Niro que se posiciona entre lo más visto.

El dato más contundente proviene de las métricas digitales y la respuesta del público en salas. La cinta dedicada al odontólogo que cometió un múltiple homicidio contra su esposa, sus dos hijas y su suegra en 1992 generó un volumen de clicks considerable en la plataforma que la estrenó. A su vez, el filme sobre la trabajadora sexual marplatense que actuó en defensa propia ante un ataque de tres delincuentes agotó entradas en su jornada de estreno comercial en cines durante el jueves. La asistencia masiva confirma una tendencia sostenida: el true crime local tiene un público cautivo.

El interés no surge únicamente del morbo. En el caso de Barreda, el difusión mediática que acompañó al proceso judicial fue extensa. El imputado declaró en reiteradas ocasiones que las mujeres de su familia lo humillaban de manera sistemática, incluyendo el apodo de ‘Conchita’ para referirse a él. Esas declaraciones alimentaron una cobertura periodística que duró años. En el caso de Di Tullio, la historia es diferente. Su accionar se produjo en un contexto de defensa personal durante un intento de robo. El apodo de ‘Pepita la pistolera’ surgió de la prensa y quedó instalado en el imaginario popular. La película explora los matices de esa figura y su confrontación con los criminales.

Luis Machín interpreta a Barreda y Luisana Lopilato encarna a Di Tullio. La caracterización implicó un trabajo de transformación física para la actriz, a quien le colocaron extensiones capilares y modificaron su dentadura para aproximarse a la apariencia real de Pepita. No obstante, el parecido físico no es el elemento central de sus interpretaciones. La construcción del personaje descansa sobre la gestualidad y los comportamientos que pueden exhibir los actores en pantalla. Es la actuación, y no la morfología, lo que sostiene la credibilidad del relato.

La condición de que ambas películas traten sobre personas que fueron protagonistas de crónicas policiales reales multiplica el interés. Este componente de veracidad genera una diferencia sustancial respecto a otras ficciones. No es lo mismo inventar un criminal que abordar la historia de un sujeto que existió y cuyos actos están documentados. Esa dimensión atrae tanto a los espectadores que no vivieron el momento del suceso como a aquellos que recuerdan los pormenores de cada caso.

Mientras tanto, en el terreno internacional, ‘Susurran tu nombre’ avanza con fuerza en el catálogo de Netflix. El film, estrenado hace una semana en Argentina, se basa en una novela de Alex North, escritor británico. La aclaración es pertinente para no confundirlo con el compositor homónimo que fue candidato a 15 premios Oscar. La obra literaria es ficción, pero el origen de la idea es real. North comenzó a escribir el libro con la intención de indagar en la relación entre padres e hijos. Un episodio doméstico lo inspiró: su hijo de 4 años jugaba solo en la cocina y hablaba con alguien invisible. Al preguntarle qué estaba haciendo, el niño respondió: ‘Estoy jugando con el niño del suelo’. La frase sugería la presencia de otro pequeño escondido debajo del piso de la casa.

Esa escena inquietante se transformó en el germen narrativo de la novela que luego sería adaptada al cine. En la película, Robert De Niro no interpreta al asesino. El actor, conocido por su papel en ‘Cabo de miedo’ como un psicópata vengativo, aquí se pone en la piel de un detective retirado. El homicida, conocido como ‘El hombre de los susurros’, es encarnado por Michael Keaton. El personaje de De Niro tuvo un papel central en la captura y condena del criminal 15 años atrás. Adam Scott interpreta a Tom, el hijo del detective, con quien mantiene un distanciamiento prolongado. La relación entre ambos es tan frágil que Tom no sólo no conoce a su padre sino que decidió cambiar su apellido.

El punto de giro argumental se produce en el presente. Un niño desaparece en circunstancias similares a las atribuidas al asesino original. El secuestrado es Jake, el nieto del detective que Tom ocultaba a su padre. La trama plantea una pregunta inmediata: ¿existe un imitador de ‘El hombre de los susurros’? La película explora además si el secuestrador tiene conocimiento del parentesco entre Jake y el policía retirado. La estructura narrativa sostiene la incertidumbre con múltiples guiños al thriller clásico ‘El silencio de los inocentes’. La presencia de un villano encarcelado que guarda información se convierte en un recurso central para avanzar en la investigación.

La convergencia de estas producciones en el mismo período ofrece un panorama heterogéneo para el consumo audiovisual. La demanda de contenidos basados en hechos reales convive con la oferta de ficción policial inspirada en experiencias personales de sus creadores. Ambas fórmulas demuestran efectividad para atraer audiencias. La diferencia radica en el tratamiento y en el contrato implícito que el espectador establece previamente. En un caso, se espera fidelidad a los acontecimientos verificables. En el otro, se acepta la convención narrativa sin exigir correspondencia con la realidad.

La repercusión comercial de las películas argentinas evidencia una base social interesada en revisitar crímenes que marcaron la agenda noticiosa. No se trata únicamente de un fenómeno reciente. Las plataformas han capitalizado décadas de verdadero crimen nacional con series y documentales que presentan nuevos datos o abordan casos no resueltos. El cine de ficción toma ahora ese material para elaborar biopics que profundizan en la psicología de los protagonistas. La taquilla del jueves y el rendimiento en streaming sugieren que la demanda está lejos de agotarse.

Este contexto posiciona a las plataformas y a los estudios locales frente a una decisión estratégica. La inversión en producciones de true crime resulta rentable siempre que se mantenga un estándar de rigor en la investigación previa. Los errores fácticos pueden generar controversias legales o sociales. La responsabilidad de los realizadores, entonces, se duplica: deben entretener sin distorsionar los hechos documentados. Las decisiones de guión requieren balancear la licencia artística con el compromiso ético hacia las víctimas y sus familias.

El éxito simultáneo de estas dos películas argentinas y el thriller de De Niro confirma una demanda constante por historias que interroguen los bordes de la conducta criminal. El espectador actual consume ficciones que explican el horror sin eximirlo. Las motivaciones de los perpetradores, su contexto social y las fallas del sistema judicial conforman un campo de análisis recurrente en estos productos. Las plataformas y los cines argentinos encuentran así un terreno fértil para sostener un catálogo diverso y convocante.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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