El próximo jueves, Netflix estrena en Argentina y el mundo ‘Mis muertos tristes’, una miniserie que adapta relatos de Mariana Enríquez y que promete instalar el horror cotidiano en la conversación global. La ficción, dirigida por el chileno Pablo Larraín, conocido por sus biopics de Jackie Kennedy y Diana de Gales, tiene a Mercedes Morán y Dolores Fonzi como protagonistas y ya generó expectativa tras su paso por el Festival de San Sebastián.
La trama sigue a Ema, una doctora jubilada de un hospital público que puede comunicarse con los muertos. No se trata de un don plácido: los espíritus la atormentan con sus quejas. Su hija Carolina, una fotógrafa y cineasta, comparte cierta conexión con el más allá. Ambas se instalan en el chalet de la abuela recién fallecida, en Villa Lugano, frente al complejo Piedrabuena, un epicentro de violencia y tiroteos en la zona sur de Buenos Aires.
El conflicto se dispara cuando la hermana de Ema, su cuñado y su sobrina Julie llegan desde Estados Unidos para tratar la obesidad y una supuesta psicosis de la joven. Lo que los padres no entienden es que Julie tiene sexo con los muertos y no lo oculta. La internan en el Moyano, se fuga, y la tensión entre lo familiar, lo social y lo sobrenatural se concentra en Ema, en lo que es una composición central de Mercedes Morán.
La miniserie adapta elementos de varios cuentos de Enríquez, entre ellos ‘Mis muertos tristes’, ‘Julie’ y ‘Un lugar soleado para gente sombría’. La propia autora participa como guionista, lo que garantiza una traducción fiel del universo literario que la consagró con ‘Nuestra parte de noche’. Larraín, por su parte, aporta su estilo visual de tensión psicológica y atmósferas opresivas.
El estreno en San Sebastián, en formato película y dentro de la competencia oficial, cosechó ovaciones. La crítica destacó las tramas paralelas: la conexión de Ema desde el pesar y la de Julie desde el goce. Pero también hay una trama policial que sacude a Piedrabuena: el asesinato de tres adolescentes que Carolina conocía desencadena sucesos inexplicables que rompen el equilibrio entre vivos y muertos.
‘Los asesinos son los transas del barrio’, dice un personaje, y la comunidad reacciona con justicia por mano propia. Hay golpizas casi al borde del linchamiento contra rateros de poca monta. Ema se enfrenta a los temores de los vecinos, azuzados por políticas de mano dura y discursos de odio. Mientras tanto, consuela a los muertos que se le cruzan y a su propia madre fallecida en el chalet.
La serie aborda así una multiplicidad de capas: el duelo, la violencia estructural, la marginalidad, los lazos familiares rotos y la relación con lo sobrenatural como metáfora de lo irresuelto. En ese sentido, ‘Mis muertos tristes’ se inscribe en una tradición argentina que combina realismo social con elementos fantásticos, desde Cortázar hasta Samanta Schweblin.
El elenco incluye a Alejandra Flechner como la hermana de Ema, Carlos Portaluppi como el cuñado y Carolina Álvarez como Julie. La química entre Morán y Fonzi es uno de los pilares del relato, que se sostiene en la incomodidad y el afecto mal comunicado.
La producción ejecutiva corrió por cuenta de Netflix y la productora chilena Fabula, con Larraín en la dirección. El rodaje se llevó a cabo en locaciones de Buenos Aires, incluyendo Recoleta y Villa Lugano, lo que refuerza el contraste social que atraviesa la historia.
En cuanto al contexto, la figura de Mariana Enríquez ha crecido exponencialmente en el mercado anglosajón. Sus libros se traducen a más de veinte idiomas y ‘Nuestra parte de noche’ ganó el Premio Herralde en 2019. La adaptación de sus cuentos por parte de una plataforma global y un director de prestigio consolida su lugar en la literatura de horror contemporánea.
Pablo Larraín, por su parte, venía de dirigir ‘El Conde’ (2023), una sátira sobre Pinochet como vampiro, y ‘Spencer’ (2021). Su incursión en el formato serie es un movimiento estratégico en un momento en que los autores de cine migran a las plataformas. La miniserie consta de seis episodios y se estrena globalmente el jueves.
El fenómeno ‘Mis muertos tristes’ también dialoga con un contexto argentino de creciente violencia urbana y debates sobre seguridad. La serie muestra el complejo Piedrabuena, un conjunto habitacional marcado por la conflictividad social, y lo usa como escenario donde los muertos tienen tanto peso como los vivos. No hay romanticismo: los muertos son tristes, quejosos, y su presencia no alivia sino que subraya las deudas del mundo material.
La crítica especializada ya anticipa que la miniserie será un éxito de audiencia y generará debates sobre la representación de la violencia, el papel de las mujeres en el género del horror y la adaptación de literatura argentina para audiencias globales. La combinación de un elenco de primer nivel, un director de renombre internacional y una autora de culto configura un producto que excede lo meramente televisivo.
En definitiva, ‘Mis muertos tristes’ llega a Netflix con una propuesta que mezcla lo macabro con lo social, lo íntimo con lo político. Mercedes Morán compone a una Ema atravesada por el deber y el agotamiento, mientras Dolores Fonzi aporta la cuota de rebeldía y arte. La dirección de Larraín promete una estética cuidada y una tensión sostenida. El estreno está fechado y la conversación ya comenzó.
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