Espectáculos

León Gieco y Gustavo Santaolalla reciben el Doctor Honoris Causa y celebran los 40 años de ‘De Ushuaia a La Quiaca’

En una ceremonia realizada el 16 de septiembre en la Sala Caras y Caretas de la Ciudad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de Tierra del Fuego Antártida e Islas del Atlántico Sur (UNTDF) y la Universidad Nacional de Jujuy (UNJu) otorgaron el título de Doctor Honoris Causa a León Gieco y Gustavo Santaolalla. La distinción reconoce una trayectoria artística de más de cinco décadas y, en particular, el impacto cultural del proyecto ‘De Ushuaia a La Quiaca’, que este año cumple 40 años desde la edición de su último volumen.

El acto reunió a autoridades universitarias, representantes del Consejo Interuniversitario Nacional y miembros históricos del equipo que participó en aquella experiencia. Entre los asistentes se encontraban la fotógrafa Alejandra Palacios, el ingeniero de grabación Gustavo Gauvry y el productor audiovisual Daniel García Moreno. También participó el intendente de La Quiaca, Dante Velázquez, quien declaró ciudadanos ilustres a ambos músicos.

La decisión de las universidades de otorgar la distinción de manera conjunta no fue casual. La vicerrectora de la UNJu, Liliana Bergesio, explicó que buscaron «poner en valor una obra que recorrió el país escuchando y registrando las expresiones culturales de distintas comunidades». Por su parte, el rector de la UNTDF, Mariano Hermida, remarcó que el proyecto permitió «visibilizar a artistas y territorios de todo el país, desde Tierra del Fuego hasta Jujuy».

Las medallas entregadas fueron confeccionadas con materiales representativos de ambas provincias: madera de lenga fueguina y cardón jujeño. Un gesto simbólico que alude al carácter federal de la obra homenajeada.

‘De Ushuaia a La Quiaca’ fue un proyecto musical y audiovisual que León Gieco y Gustavo Santaolalla impulsaron entre 1982 y 1985. Consistió en una serie de viajes por Argentina con el objetivo de registrar músicos y expresiones culturales de comunidades alejadas de los grandes centros urbanos. El resultado fueron tres volúmenes editados entre 1985 y 1986, más un documental y un libro. La obra se convirtió en un testimonio sonoro de la diversidad cultural del país y en un antecedente fundamental para posteriores proyectos de rescate y difusión de músicas regionales.

El contexto histórico en el que se desarrolló fue complejo. La transición democrática argentina tras la dictadura militar (1976-1983) estuvo marcada por la necesidad de reconstruir el tejido social y cultural. En ese marco, ‘De Ushuaia a La Quiaca’ representó una búsqueda de identidad desde las bases, lejos de los circuitos comerciales. Gieco y Santaolalla recorrieron miles de kilómetros, grabaron con equipos portátiles y convivieron con las comunidades, registrando desde coplas y bagualas hasta chamamés y ritmos andinos.

La obra no solo documentó músicas tradicionales, sino que también las integró en un diálogo con el rock nacional. Canciones como ‘Las ausencias’ o ‘Don Sixto Palavecino’ se convirtieron en clásicos que fusionan esos universos. El proyecto influyó en toda una generación de músicos y abrió camino para que otros artistas se acercaran a las raíces folclóricas con una mirada contemporánea.

Cuarenta años después, el legado sigue vigente. La ceremonia incluyó la proyección de un video con testimonios de protagonistas y mensajes grabados por referentes de la música popular como Isabel Parra y Peteco Carabajal. Durante los agradecimientos, León Gieco recordó que fue Santaolalla quien impulsó la idea de grabar en los lugares donde vivían los músicos, una decisión que definió la identidad de la obra. Santaolalla, por su parte, evocó el espíritu de aquellos viajes y sostuvo que ambos compartían «la necesidad de profundizar la búsqueda de una identidad cultural argentina».

El cierre musical estuvo a cargo de ambos artistas junto al violinista Javier Casalla. Interpretaron canciones vinculadas al proyecto y a sus trayectorias, como ‘Las ausencias’, ‘Don Sixto Palavecino’, ‘Pensar en nada’ y ‘Canto en la rama’. Ante una sala colmada, recibieron una ovación de pie. Además, adelantaron la posibilidad de presentar ‘De Ushuaia a La Quiaca’ en vivo el próximo año, una experiencia que, según señalaron, nunca realizaron de manera conjunta.

La distinción otorgada por las universidades nacionales tiene un significado que trasciende lo artístico. En un país con fuertes desigualdades regionales, el reconocimiento a una obra que recorrió y valorizó las culturas de los extremos del territorio apunta a fortalecer el sentido de pertenencia y la integración federal. También destaca el rol de los artistas como agentes de memoria y justicia social, en línea con los fundamentos expresados por las casas de estudio: «trayectoria artística, compromiso con los derechos humanos, la memoria y la justicia social, y aporte a la identidad y la diversidad cultural de América Latina».

El Doctor Honoris Causa es la máxima distinción que otorga una universidad. En este caso, no solo honra a dos músicos de proyección internacional, sino que también reivindica un proyecto colectivo que involucró a cientos de personas en todo el país. La presencia de miembros históricos del equipo y de autoridades de ambas provincias subraya ese carácter coral.

A 40 años de la edición de su último volumen, ‘De Ushuaia a La Quiaca’ sigue siendo un punto de referencia ineludible para pensar la música argentina y latinoamericana. La posibilidad de una presentación en vivo en 2027 abre una expectativa que trasciende lo nostálgico: se trata de volver a poner en circulación un mensaje de diversidad, respeto y encuentro en un contexto global que tiende a homogeneizar.

El homenaje en Buenos Aires se suma a otras actividades que se desarrollarán durante el año para conmemorar el aniversario. Las universidades de Tierra del Fuego y Jujuy anunciaron que prevén publicaciones y exposiciones vinculadas al archivo del proyecto. Mientras tanto, la música de Gieco y Santaolalla continúa sonando como un puente entre generaciones y geografías.

La ceremonia concluyó con aplausos, emoción y la promesa de una reunión sobre un escenario. Los músicos, visiblemente conmovidos, agradecieron a las universidades y al público. La historia de ‘De Ushuaia a La Quiaca’ es la de un viaje que quiso escuchar al otro. Cuarenta años después, ese gesto sigue siendo una lección de identidad y compromiso.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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