Este miércoles, 15 de julio de 2026, la comunidad deportiva española e internacional despidió a una de sus figuras más emblemáticas. José Legrá, el púgil hispano-cubano que conquistó dos veces el campeonato mundial de peso pluma y siete veces el europeo, falleció en Madrid a los 83 años, según confirmaron fuentes oficiales de la Real Federación Española de Boxeo (RFEB).
El deceso se produjo durante la madrugada, acompañado de sus familiares y allegados. Felipe Martínez, presidente de la RFEB, expresó a la agencia EFE: “Se nos va un grande”. El directivo destacó que Legrá “fue uno de los grandes estandartes de la época dorada del boxeo español, que hizo mucho por el boxeo”. Desde la institución se ofreció “toda la ayuda posible” a la familia en estos momentos de duelo.
Nacido en Cuba, Legrá adoptó la nacionalidad española y se convirtió en un ícono del ring. Su apodo, ‘el pequeño Cassius Clay’, hacía referencia a su estilo vistoso y carismático, similar al del legendario Muhammad Ali. Manel Berdonce, entrenador del equipo olímpico español durante doce años y estrecho colaborador del boxeador durante dos décadas, lo recordó con precisión: “En el boxeo hay buenos boxeadores, hay campeones, hay estrellas y hay leyendas. Pepe Legrá es una leyenda”.
El historial competitivo de Legrá es de una solvencia técnica notable. Logró el título mundial del peso pluma en dos ocasiones: la primera en 1968, ante el japonés Mitsunori Seki, y la segunda en 1972, frente al británico Evan Armstrong. Además, acumuló siete títulos europeos, convirtiéndose en uno de los boxeadores más laureados de la historia del continente. Su estilo —que combinaba velocidad, precisión y un juego de piernas excepcional— fue una de las marcas distintivas que lo elevaron al estatus de mito.
En 2003, el Estado español le concedió la medalla de plata de la Real Orden del Mérito Deportivo, un reconocimiento oficial a su trayectoria y a su contribución al engrandecimiento del boxeo nacional. A pesar de los años y de las dificultades de salud, Legrá mantuvo un carácter afable. Según testimonios de su entorno, el púgil pasó sus últimos años en una residencia, lidiando con un deterioro cognitivo. No obstante, Berdonce aseguró que Legrá era “un hombre muy feliz que vivió siempre con una sonrisa” y que “hasta el último momento nos ha querido dedicar esa eterna sonrisa”.
El impacto de su muerte trasciende el ámbito deportivo. Legrá simboliza una época en la que el boxeo español vivió un auge mediático y competitivo, con figuras como él a la cabeza. Su técnica y su personalidad carismática no solo atrajeron a aficionados, sino que inspiraron a generaciones de boxeadores en España y en Latinoamérica. La RFEB, a través de su presidente, subrayó que el legado de Legrá es “importante y grandioso” y que su forma de concebir el boxeo —rápida, ofensiva y espectacular— marcó un antes y un después.
En conclusión, José Legrá (1933-2026) deja una huella imborrable en el deporte de los puños. Su doble cetro mundial, su dominio europeo y su carácter amable lo convierten en una figura de referencia obligada para el boxeo hispano. Las condolencias oficiales y los homenajes que se esperan en los próximos días serán el reflejo de una trayectoria que supo combinar el talento pugilístico con una humanidad excepcional.
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