Las heladas registradas durante septiembre de 2026 en San Juan provocaron pérdidas de hasta el 60% en la producción de uvas de mesa y pasas, según estimaciones privadas. El fenómeno afectó gravemente la principal actividad agropecuaria de la provincia, en un contexto de crisis del sector vitivinícola por precios atrasados.
La Mesa Vitícola de San Juan informó que las heladas ocurrieron en las madrugadas del 7, 8, 13 y 14 de septiembre, con temperaturas bajo cero. Estos eventos impactaron principalmente en variedades de uva de mesa y aquellas destinadas a la producción de pasas. Las uvas para elaboración de vinos también sufrieron daños, aunque en menor proporción.
Datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) indican que en 2025 había 38.703 hectáreas de viñedos en producción en San Juan. De ese total, el 30% correspondía a uvas para consumo fresco o pasas. Estas plantaciones fueron las más afectadas, con pérdidas superiores al 60% en algunas variedades. Estas uvas representan un sostén económico para muchos viñateros ante el bajo precio pagado por las variedades aptas para vino. En el último año, la superficie dedicada a su producción creció en la provincia.
La Mesa Vitícola provincial estima que el área afectada por las heladas es tres veces mayor a la estimada oficialmente. El gobierno provincial calcula 7.000 hectáreas damnificadas, basándose en denuncias de productores. Sin embargo, Pablo Martín, presidente de la Mesa, declaró a Clarín Rural que «los productores medianos y grandes por lo general no denuncian porque las ayudas oficiales son para los de menor escala y suelen ser insignificantes».
Martín agregó: «Por eso nosotros consideramos que esa superficie puede llegar a triplicarse con pérdidas en algunas variedades que llegan al 60% y en otras entre un 20% y 30%. Por eso estimamos que hay por lo menos 20.000 hectáreas afectadas. Estamos hablando del 50% de la producción, de las cuales 12.000 a 13.000 hectáreas están gravemente afectadas».
El impacto de las heladas se produce en un contexto de crisis del sector vitivinícola, especialmente en la actividad primaria. Según Coninagro, el precio pagado a los productores por sus uvas está muy por debajo de los costos de producción, la inflación y el promedio histórico. Esta situación se arrastra desde hace tres años consecutivos, con precios estancados para las uvas destinadas a vino.
La combinación de heladas y precios deprimidos genera una situación crítica para los viñateros. La mayoría de los productores en San Juan son pequeños o medianos, lo que los hace más vulnerables a estos eventos climáticos y económicos. La falta de rentabilidad en las uvas para vino ha llevado a muchos a orientarse hacia uvas de mesa y pasas, que ahora sufren las mayores pérdidas.
Las heladas de septiembre no son un fenómeno aislado. San Juan, ubicada en la región de Cuyo, es propensa a eventos climáticos extremos. La provincia depende en gran medida de la viticultura, que representa una parte significativa de su economía y empleo. La producción de uva de mesa y pasas tiene un rol clave en la diversificación y en la generación de ingresos para los productores más pequeños.
El informe de la Mesa Vitícola advierte que las pérdidas podrían afectar la próxima campaña. La magnitud de los daños en las plantaciones, especialmente en variedades de mesa y pasas, podría reducir la oferta y afectar los ingresos de los productores durante al menos un ciclo productivo. Esto se suma a la crisis estructural del sector, que enfrenta problemas de competitividad y rentabilidad.
Las autoridades provinciales y nacionales no han anunciado medidas concretas para paliar la situación. Las ayudas oficiales, según los productores, son insuficientes y están dirigidas a los de menor escala. Los medianos y grandes productores, que representan una parte importante de la superficie afectada, quedan fuera de los programas de asistencia.
La Mesa Vitícola de San Juan solicita políticas diferenciadas y un mayor reconocimiento de la magnitud del daño. Consideran que las estimaciones oficiales subestiman la superficie afectada y que se necesitan respuestas integrales que aborden tanto la emergencia climática como la crisis de precios. La falta de un relevamiento exhaustivo de daños complica la implementación de soluciones efectivas.
En términos económicos, la viticultura en San Juan genera empleo directo e indirecto, y contribuye a las exportaciones. La uva de mesa y las pasas tienen mercados externos establecidos, especialmente en Brasil, Estados Unidos y la Unión Europea. Una caída del 60% en la producción de estas variedades podría reducir los volúmenes exportables y afectar la balanza comercial provincial.
El cambio climático es un factor que agrava la situación. Los eventos de heladas tardías en primavera, como las ocurridas en septiembre, se han vuelto más frecuentes e intensos en la región. Los productores carecen de herramientas efectivas para mitigar estos fenómenos, como sistemas de riego antiescarcha o mallas de protección, debido a su alto costo. La inversión en tecnología y adaptación es limitada en un contexto de márgenes ajustados.
La próxima campaña vitivinícola estará marcada por la incertidumbre. Los productores de uva de mesa y pasas enfrentarán pérdidas significativas, mientras que los de uva para vino seguirán lidiando con precios que no cubren costos. La falta de respuestas oficiales y la magnitud del daño climático configuran un panorama complejo para la principal actividad agropecuaria de San Juan.
Organizaciones del sector reclaman un plan de emergencia que incluya compensaciones económicas, créditos blandos y asistencia técnica. También piden que se actualicen los precios de referencia para las uvas y se promuevan políticas de agregado de valor en origen. Sin medidas urgentes, advierten, la crisis podría profundizarse y poner en riesgo la viabilidad de miles de explotaciones familiares.
En resumen, las heladas de septiembre de 2026 en San Juan causaron pérdidas de hasta el 60% en uvas de mesa y pasas, con estimaciones privadas de 20.000 hectáreas afectadas, triplicando las cifras oficiales. El evento agrava una crisis vitivinícola preexistente, caracterizada por precios atrasados y costos crecientes. Los pequeños y medianos productores son los más golpeados, y las perspectivas para la próxima campaña son inciertas sin políticas de apoyo efectivas.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
