Cómo entender la economía circular aplicada a la infraestructura ferroviaria: el caso de Circularis, una empresa argentina que convierte residuos plásticos en elementos estructurales de alto rendimiento.
En Monte Cristo, a 25 kilómetros de la ciudad de Córdoba, una fábrica procesa plásticos de todo tipo para fabricar durmientes ferroviarios, crucetas para tendidos eléctricos y perfiles para la construcción. La compañía, fundada en 2013 por la familia Frola, se ha convertido en la única productora nacional de durmientes sintéticos. Su facturación anual alcanza los 25 millones de dólares y su modelo de negocio se apoya en la articulación público-privada con municipios, cooperativas, el INTI y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).
El proceso productivo comienza con la recolección y preclasificación de residuos plásticos. Circularis mantiene convenios con 60 cooperativas y 60 municipios que, tras recibir capacitación, separan los materiales en origen. «Segregar en origen es mucho más eficiente que hacerlo en la planta», señala Franco Frola, licenciado en Administración e hijo del fundador. Esa materia prima se divide en plásticos rígidos —como envases de lavandina o champú— y blandos —bolsas y envolturas—. Ambos se muelen y se mezclan según una formulación desarrollada junto a la Universidad Nacional de Córdoba, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y la CNEA.
El aporte de la CNEA resulta clave: mediante una máquina de aceleradores lineales, se irradia una pequeña porción del plástico reciclado. La radiación penetra el material y modifica sus cadenas poliméricas, lo que incrementa la resistencia mecánica y la durabilidad. El resultado son los durmientes sintéticos, bloques que pueden medir desde 2 hasta 45 metros de longitud, con un ancho de 24 centímetros y una altura de 20 centímetros, y un peso que oscila entre 70 y 150 kilos. Estas piezas superan en resistencia y vida útil a los durmientes de madera tradicionales.
La historia de Circularis se remonta a 2013, cuando Raúl Frola, ingeniero agrónomo, su esposa Mónica, abogada, y sus hijos Franco y Giuliano comenzaron a experimentar en el garaje de su casa. En aquel entonces, el concepto de economía circular era incipiente a nivel global. La idea de utilizar residuos plásticos como insumo industrial era considerada una rareza. Sin embargo, persistieron. En 2017, Raúl viajó a una feria internacional en Moscú y descubrió las posibilidades de usar plástico reciclado para durmientes ferroviarios. Fue su momento Eureka. A partir de entonces, buscaron capital y en 2021 dieron el salto: abrieron la fábrica en Monte Cristo y sumaron como socio director a Sergio Lavagna, ingeniero industrial e hijo del exministro de Economía Roberto Lavagna.
El contexto normativo también jugó a favor. Las regulaciones ambientales en Argentina y el mundo comenzaron a exigir a las industrias la disposición final de sus residuos, lo que impulsó la demanda de servicios de reciclaje. Circularis no solo produce durmientes y perfiles, sino que también ofrece servicios a otras compañías para la gestión de sus desechos. Así, la empresa se inserta en la cadena de valor de la economía circular, un modelo que busca minimizar la extracción de recursos vírgenes y maximizar la reutilización de materiales.
El impacto de esta actividad es múltiple. Por un lado, reduce la cantidad de plástico que termina en vertederos o ecosistemas naturales. Se estima que el plástico puede tardar hasta 1.000 años en descomponerse, y su acumulación en mares y suelos representa una amenaza creciente. Al reutilizarlo como materia prima para infraestructura, Circularis contribuye a mitigar esa contaminación. Por otro lado, genera empleo local y fortalece capacidades técnicas en la región, gracias a la colaboración con universidades y organismos científicos.
La articulación público-privada es uno de los pilares del proyecto. Los municipios y cooperativas aportan la logística de recolección y clasificación; el INTI y la UNC brindan conocimiento en materiales y procesos; la CNEA aporta tecnología de irradiación. Este entramado permite obtener un producto de alto valor agregado que compite con soluciones tradicionales. Los durmientes sintéticos, por ejemplo, no se pudren, no son atacados por insectos y tienen una vida útil superior a la madera, lo que reduce los costos de mantenimiento en las vías férreas.
En términos económicos, la facturación de US$ 25 millones anuales posiciona a Circularis como un actor relevante en el mercado de materiales para infraestructura. La empresa es la única en Argentina que fabrica durmientes sintéticos, lo que le otorga una ventaja competitiva. Además, la creciente demanda de soluciones sostenibles en el sector de la construcción y la energía abre nuevas oportunidades de negocio, como las crucetas para tendidos eléctricos, que deben ser resistentes a la intemperie y aislantes.
El modelo de Circularis también enfrenta desafíos. La recolección y clasificación de residuos plásticos requiere una logística compleja y una participación activa de la comunidad. La calidad de la materia prima puede variar, lo que exige controles rigurosos. La inversión en tecnología de irradiación es intensiva en capital, aunque la empresa ha logrado acceder a equipamiento de la CNEA. La competencia con materiales tradicionales, como la madera o el hormigón, sigue siendo fuerte en algunos segmentos.
Sin embargo, el contexto global favorece la expansión de la economía circular. La Unión Europea, por ejemplo, ha establecido metas ambiciosas de reciclaje y reducción de plásticos de un solo uso. En Argentina, la Ley de Presupuestos Mínimos de Gestión de Residuos Domiciliarios y otras normativas impulsan la separación en origen y la valorización de residuos. Circularis se beneficia de este marco y, a la vez, contribuye a su implementación.
La planta de Monte Cristo es un ejemplo de cómo la innovación puede surgir en la periferia. No se trata de un laboratorio de alta tecnología en una capital, sino de una fábrica que articula actores locales con organismos nacionales. El conocimiento se genera y se aplica en territorio, con impacto directo en la gestión de residuos y en la producción de infraestructura.
El proceso de fabricación de los durmientes sintéticos implica varias etapas. Primero, la recolección y preclasificación en municipios y cooperativas. Luego, el transporte a la planta. Allí, los plásticos se muelen y se mezclan en proporciones específicas. La formulación exacta es un secreto industrial desarrollado con la UNC y el INTI. Después, la mezcla se somete a irradiación con aceleradores lineales de la CNEA. Esta radiación, similar a la utilizada para esterilizar materiales médicos, induce reacciones químicas que fortalecen los enlaces entre las cadenas de polímeros. Finalmente, el material se moldea en bloques de grandes dimensiones mediante prensado o extrusión.
Los bloques resultantes se cortan y mecanizan según las especificaciones del cliente. Para durmientes ferroviarios, se perforan agujeros para los clavos o tornillos que fijarán los rieles. Para crucetas eléctricas, se les da forma y se les aplican tratamientos adicionales para resistir la intemperie. Para perfiles de construcción, se producen formas estándar como vigas o columnas.
La durabilidad de los durmientes sintéticos es una ventaja clave. A diferencia de la madera, no se pudren ni son vulnerables al ataque de termitas u otros insectos. Tampoco absorben agua, lo que evita la degradación por humedad. Su resistencia mecánica es comparable o superior a la de los durmientes de madera dura, y su peso es similar, lo que facilita su instalación. Además, al ser fabricados con plásticos reciclados, contribuyen a reducir la demanda de madera, preservando bosques.
En el caso de las crucetas para tendidos eléctricos, la resistencia a la intemperie y las propiedades aislantes del plástico son fundamentales. Las crucetas tradicionales de madera o cerámica pueden deteriorarse con el tiempo, mientras que las sintéticas ofrecen mayor durabilidad y menor mantenimiento. Esto es especialmente relevante en zonas rurales o de difícil acceso, donde reemplazar una cruceta implica costos logísticos significativos.
Los perfiles para la construcción, por su parte, se utilizan en aplicaciones donde se requiere resistencia a la corrosión y bajo peso. Pueden emplearse en estructuras temporales, cercos, mobiliario urbano o como reemplazo de perfiles metálicos en ambientes agresivos.
El impacto ambiental positivo de Circularis se puede cuantificar. Por cada tonelada de plástico reciclado que ingresa a la planta, se evita que esa misma cantidad termine en un relleno sanitario o en el ambiente. Además, se reduce la necesidad de producir plástico virgen a partir de petróleo, lo que disminuye las emisiones de gases de efecto invernadero. La irradiación con aceleradores lineales consume energía eléctrica, pero su huella de carbono es compensada por los beneficios del reciclaje.
Socialmente, la empresa genera empleo directo en la planta y empleo indirecto en la red de cooperativas y municipios. La capacitación en separación de residuos es una forma de educación ambiental que se multiplica en las comunidades. El modelo de negocio inclusivo, que integra a recolectores informales a través de cooperativas, es un ejemplo de cómo la economía circular puede ser también una herramienta de justicia social.
De cara al futuro, Circularis planea expandir su capacidad productiva y diversificar sus productos. La demanda de durmientes sintéticos podría crecer si se concretan planes de renovación ferroviaria en Argentina. El país tiene una red ferroviaria extensa que requiere mantenimiento y modernización. Los durmientes de madera están en declive por la deforestación y las restricciones ambientales, lo que abre una oportunidad para los sintéticos. Asimismo, la transición energética impulsa la construcción de nuevas líneas de transmisión eléctrica, donde las crucetas sintéticas pueden encontrar un nicho.
La empresa también podría licenciar su tecnología a otros países de la región. La formulación y el proceso de irradiación son propiedad intelectual desarrollada localmente, con apoyo de organismos públicos. Esto representa un activo valioso en un mercado global que busca soluciones sostenibles.
En resumen, Circularis demuestra que es posible transformar un problema ambiental —la acumulación de plásticos— en una oportunidad económica y social. Su modelo combina innovación tecnológica, articulación institucional y visión empresarial. Los durmientes sintéticos son un ejemplo concreto de cómo la economía circular puede materializarse en infraestructura durable. La empresa no solo recicla; también crea valor agregado y reduce la presión sobre los recursos naturales. En un contexto donde la sostenibilidad es cada vez más exigida, casos como el de Circularis marcan el camino hacia una industria más responsable y competitiva.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
