Al Di Meola está en Bogotá. La gira avanza. El virtuoso guitarrista estadounidense, nacido en Nueva Jersey en 1954, atiende el zoom desde Colombia, en medio de una rutina que combina humedad, altitud y escenarios. Pregunta por el clima de Buenos Aires. Le llamó la atención que haga más frío que lo habitual para esta época del año. La charla arranca con el tiempo, pero rápidamente se desvía hacia territorios más densos: la salud, la música, la muerte y un proyecto que nunca fue.
Di Meola es una figura central en la historia de la guitarra eléctrica y acústica. Saltó a la fama a los 19 años cuando ingresó a Return To Forever, la banda de fusión jazz rock liderada por Chick Corea. Ahí compartió fila con Stanley Clarke y Lenny White. El impacto fue inmediato. Su técnica, su digitación y su velocidad lo colocaron en un pedestal que él mismo se encargó de demoler con el tiempo. Porque Di Meola no se quedó en el molde del guitarrista de fusión setentista. Grabó discos acústicos, exploró el flamenco, el tango, la música del mundo. Se volvió inclasificable. Y eso, dice, le costó fans.
El vínculo con la Argentina tiene un nombre: Astor Piazzolla. En 1990, el bandoneonista marplatense tenía planificado grabar un disco junto a Di Meola. La idea era un formato orquestal a dúo con un grupo de cámara. Piazzolla venía de postergar su ópera y quería cerrar ese capítulo. Pero en agosto de ese año, un accidente cerebrovascular lo golpeó en París. El proyecto quedó trunco. Piazzolla murió en 1992. Di Meola nunca pudo concretar esa colaboración. “Fue una lástima”, dice hoy, sin dramatismo, pero con la certeza de que algo importante quedó pendiente.
La salud. El 2023 fue un año bisagra. En medio de una gira por Europa, en Bucarest, Rumania, Di Meola sufrió un infarto. No fue en un hotel ni en un auto. Fue en pleno escenario, en medio de una canción. “Fue una experiencia fuera de lo común”, recuerda. “No comprendo por qué tuve un infarto porque no tengo lesiones en el corazón. Tuve dolor, sangre en mal estado, pero todo se solucionó con la colocación de unos stents y no me tuvieron que abrir el pecho”. El episodio obligó a posponer shows, incluidos los de Buenos Aires. Hoy, tres años después, Di Meola está recuperado y de gira. Pero la marca quedó. La fragilidad del cuerpo frente a la performance. La música como riesgo físico.
El show en La Trastienda, programado para el 12 y 13 de septiembre, tendrá una dinámica particular: dos guitarras y percusión. Di Meola explica que se enfocará en su “período medio”, esa franja de discos que grabó después de los álbumes que lo hicieron famoso y que, según él, muchos fans desconocen. “Incluso quienes se dicen fans de mi música solo recuerdan mis primeros álbumes. Pero luego grabé muchísima música muy distinta entre sí. Me meto en otras áreas en las que puedo ganar o perder fans”.
En Europa, dice, adoran su acercamiento a Piazzolla. Ese movimiento le abrió puertas. “Hay varios discos que tienen composiciones completamente intrincadas que nunca había tocado antes y entonces alterno esos temas con los más nuevos”. La electricidad versus la acústica. Di Meola toca ambas, pero en esta gira se inclina por la acústica. “Con la eléctrica el sustain es muy distinto al de la acústica. Hay fraseos que requieren otro tipo de ataque”.
El guitarrista también habló de Dino Saluzzi. Lo considera el mejor bandoneonista del mundo. Saluzzi, salteño, nacido en 1935, es una leyenda del tango contemporáneo. Di Meola lo conoce bien. Han tocado juntos. Han grabado. La admiración es mutua y persistente. “Dino es único. Su forma de frasear, su sonido, su manera de entender el silencio. No hay otro igual”.
El vínculo con el tango no es casual. Di Meola siempre coqueteó con la música rioplatense. Grabó “Di Meola Plays Piazzolla” en 1996, un disco que revisitó la obra del bandoneonista con una sensibilidad que muchos consideraron profunda. Pero el proyecto original, el de 1990, era otra cosa. Era un diálogo directo, en vida, entre dos gigantes. El accidente cerebrovascular de Piazzolla lo impidió. La historia de la música argentina perdió un capítulo posible. Di Meola lo sabe. No lo dice con amargura, pero lo sabe.
La gira actual lo lleva por varias ciudades de América Latina. Bogotá, Panamá, Buenos Aires. El clima cambia. La humedad queda atrás. El cuerpo responde. Di Meola tiene 71 años. Sigue tocando. Sigue componiendo. Sigue buscando. El infarto no lo detuvo. La muerte de Piazzolla tampoco. La música sigue siendo el centro. Y Buenos Aires, una vez más, será testigo de esa búsqueda incesante.
El regreso a La Trastienda tiene un valor simbólico. No es solo un show. Es la continuidad de una historia que empezó hace décadas, que se interrumpió por un ACV en París, que siguió por caminos separados, que hoy encuentra a Di Meola en un formato íntimo, con dos guitarras y percusión, revisitando composiciones que nunca tocó en vivo. El público argentino, dice, es especial. “En Europa adoran a Piazzolla, pero en Argentina lo entienden de otra manera. Es su casa”.
La salud, el tango, la guitarra. Tres ejes que atraviesan la vida de Al Di Meola. El virtuoso que pudo haber tocado con Piazzolla y no lo hizo. El hombre que sufrió un infarto en pleno escenario y volvió. El músico que considera a Dino Saluzzi el mejor bandoneonista del mundo. Todo eso estará sobre la mesa en septiembre, en Buenos Aires, cuando las cuerdas empiecen a sonar.
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