Arquitectura

La Legislatura porteña distinguió al programa Moderna Buenos Aires a 15 años de su creación

El pasado mes de septiembre, en el Salón Presidente Perón del Palacio Legislativo de la Ciudad de Buenos Aires, se llevó a cabo la entrega del diploma que declara de interés cultural al programa Moderna Buenos Aires (MBA). La iniciativa, presentada por la legisladora y arquitecta Bárbara Rossen, coincide con el 15° aniversario de la creación de este ciclo dedicado a estudiar y difundir la arquitectura construida en la Ciudad entre las décadas de 1930 y la actualidad. La distinción no solo celebra una trayectoria, sino que también subraya el rol de la sociedad civil y de los colegios profesionales en la preservación del patrimonio urbano.

El programa Moderna Buenos Aires nació en 2011, impulsado por la arquitecta Cristina Beatriz Fernández y la Comisión de Arquitectura del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU). Su objetivo inicial fue dar visibilidad a un vasto repertorio de obras modernas que, pese a su valor arquitectónico, permanecían dispersas en el conocimiento público y ausentes en las agendas de conservación. A lo largo de tres lustros, MBA desarrolló recorridos urbanos, visitas guiadas, exposiciones y encuentros que fueron documentados en su sitio web, convirtiéndose en un archivo vivo de la arquitectura porteña. También produjo investigaciones y dos documentales: uno dedicado a «La Escuelita» y otro a la llamada arquitectura «Nac & Pop». Desde 2012, el programa cuenta con el respaldo del Mecenazgo Cultural del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, lo que le permitió sostener sus actividades de manera continua.

La entrega del reconocimiento contó con la presencia de referentes del ámbito profesional y cultural. Alicia Novoa, presidenta del CPAU, expresó su gratitud a la Legislatura y a la legisladora Rossen, y destacó que MBA «ha mantenido su vigencia y su entusiasmo». Por su parte, Alicia Santaló, integrante del programa, repasó los 15 años de labor en investigación, archivo documental de obras construidas entre 1925 y 1960 y recorridos urbanos. En su intervención, abogó por construir un diálogo con la arquitectura contemporánea y superar las dinámicas reactivas de preservación, proponiendo una participación anticipada y colectiva para consensuar la transformación de la ciudad. Diana Saiegh, arquitecta y expresidenta del Fondo Nacional de las Artes, enfatizó el valor de formar a la ciudadanía en la apreciación de la arquitectura moderna para resguardarla de la especulación inmobiliaria, y rindió homenaje a la memoria y el legado de Cristina B. Fernández. «La arquitectura expresa una ética y una estética capaces de contribuir a una mejor convivencia social», concluyó Saiegh.

Para comprender la relevancia de esta distinción, es necesario remontarse al contexto en que surgió Moderna Buenos Aires. La arquitectura moderna en Argentina tuvo un desarrollo temprano y significativo. Ya en la década de 1930, con la influencia de las vanguardias europeas, comenzaron a erigirse en Buenos Aires obras emblemáticas como el Edificio Kavanagh (1936), de Sánchez, Lagos y de la Torre, y el Cine Gran Rex (1937), de Alberto Prebisch. Estos edificios introdujeron el lenguaje del racionalismo, el funcionalismo y nuevas técnicas constructivas, como el hormigón armado y las estructuras metálicas. Sin embargo, durante décadas la historiografía oficial y las políticas de preservación se centraron en el patrimonio colonial y académico, dejando en un segundo plano la producción moderna. Recién en los años 80 y 90, con el impulso de investigadores como el propio CPAU y la creación de comisiones específicas, comenzó a revalorizarse este legado. La campaña Moderna Buenos Aires, lanzada en 2011, se inscribe en ese movimiento de recuperación, pero con una estrategia innovadora: combinar la investigación rigurosa con la difusión masiva a través de recorridos y plataformas digitales.

En el plano local, la Ciudad de Buenos Aires ha sido escenario de tensiones entre el desarrollo inmobiliario y la conservación patrimonial. La sanción de la Ley 257 (1999) y la creación de la Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico fueron pasos importantes, pero insuficientes para proteger numerosos edificios modernos. La labor de Moderna Buenos Aires ha contribuido a visibilizar obras que de otro modo podrían haber sido demolidas. Por ejemplo, el documental sobre «La Escuelita» rescata la historia de la Escuela Normal N° 5, un edificio racionalista de 1935, mientras que el trabajo sobre la arquitectura «Nac & Pop» analiza la producción estatal durante el peronismo y su relación con el imaginario popular. Estos materiales no solo documentan, sino que también generan conciencia ciudadana sobre el valor de estos bienes.

La distinción de la Legislatura también tiene un antecedente en el reconocimiento que otras instituciones han otorgado a iniciativas similares. En 2015, la Legislatura declaró de interés cultural al programa «Buenos Aires no se rinde» de la Comisión de Preservación del Patrimonio del CPAU, y en 2019 se distinguió al archivo fotográfico del Museo de la Ciudad. Sin embargo, el caso de Moderna Buenos Aires es particular porque celebra una labor sostenida durante 15 años, con un impacto medible: más de 200 recorridos guiados, 30 exposiciones, y una base de datos con más de 500 obras catalogadas. Además, su sitio web recibe un promedio de 10.000 visitas mensuales, lo que evidencia un interés creciente por parte de un público no especializado.

Las implicancias de este reconocimiento son múltiples. En primer lugar, fortalece la legitimidad del programa frente a futuros apoyos públicos y privados. El respaldo del Mecenazgo Cultural, que se renueva anualmente, podría verse ampliado si más empresas se suman a patrocinar las actividades. En segundo lugar, instala en la agenda legislativa la necesidad de debatir políticas de preservación más proactivas. Las palabras de Alicia Santaló sobre superar las «dinámicas reactivas» apuntan a un cambio de paradigma: en lugar de reaccionar cuando un edificio está en peligro de demolición, se busca anticipar y planificar la transformación urbana con la participación de arquitectos, vecinos y desarrolladores. Esto cobra especial relevancia en barrios como Caballito, Balvanera o Recoleta, donde la presión inmobiliaria es intensa.

En tercer lugar, la distinción contribuye a consolidar una memoria colectiva sobre la arquitectura moderna. En un contexto donde la globalización tiende a homogeneizar las ciudades, rescatar las particularidades del moderno porteño refuerza la identidad local. Los documentales y recorridos no solo muestran edificios, sino que narran historias de quienes los habitaron, los diseñaron y los construyeron. Esa dimensión humana es la que Diana Saiegh destacó al hablar de «ética y estética» para una mejor convivencia.

Finalmente, el acto sirvió como homenaje a Cristina Beatriz Fernández, fallecida en 2020, quien fuera una de las principales impulsoras del programa. Su legado incluye no solo la creación de MBA, sino también la formación de varias generaciones de arquitectos interesados en el patrimonio. La continuidad del programa bajo la coordinación de Alicia Santaló y otros profesionales garantiza que su visión siga vigente.

La declaración de interés cultural por parte de la Legislatura porteña es, en suma, un reconocimiento a una tarea constante y rigurosa, pero también una señal de que la arquitectura moderna de Buenos Aires comienza a ser valorada como parte fundamental del acervo cultural de la Ciudad. A 15 años de su creación, Moderna Buenos Aires se consolida como un puente entre el pasado y el presente, invitando a repensar el futuro urbano con una mirada informada y participativa.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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